Miradas opuestas frente a cambio climático

Soledad, octubre 16 de 2021.

     La activista medioambiental sueca Greta Thunberg tenía once meses de vida cuando en Milán, Italia, se celebró la novena Conferencia de las Partes – COP9 – de la Convención Marco sobre Cambio Climático de las Naciones Unidas, cuya decisión en la convención de las partes estableció las ‘Modalidades y procedimientos para los proyectos de actividades de forestación y reforestación bajo el Mecanismo de Desarrollo Limpio – MDL – en el primer periodo de compromisos del protocolo de Kioto’.

     La activista negacionista del cambio climático la alemana Naomi Seibt, cumplía dos meses de vida cuando en Moscú —Federación Rusa— se celebró la sexta reunión de la Conferencia de las Partes, COP6, cuya decisión asambleísta fue adoptar una serie de nuevas directrices sobre el artículo 6 del Convenio Marco para el Control del Tabaco, CMCT, de la Organización Mundial de la Salud, OMS, medidas relacionadas con los precios e impuestos para reducir la demanda de tabaco, nuevas opciones y recomendaciones de política sobre alternativas económicamente viables al cultivo de tabaco. La COP dio orientación sobre productos de tabaco sin humo, sistemas electrónicos de administración de nicotina y sistemas similares sin nicotina y productos de tabaco para pipas de agua. 

     Anteriores al nacimiento de ellas, ya se habían efectuado las COP1, COP2, COP3, COP4 y COP5 que nacen de la Convención Marco de las Naciones Unidas para el Cambio Climático, CMNUCC, que se estableció en mayo de 1992 en la segunda Cumbre de la Tierra celebrada en la ciudad de Río de Janeiro, Brasil. Esta Convención Marco entró en firme en marzo de 1994, con la premisa de reforzar la conciencia pública a escala mundial sobre los problemas relativos al cambio climático, aquí es cuando se crean las COPs en 1995, como el órgano supremo de la Convención y Asociación de todos los países que la conforman. Anualmente participan en ella profesionales expertos en medio ambiente, jefes de estado, ministros, organizaciones no gubernamentales y en algunas reuniones, cuando se lo permiten o son invitados, la sociedad civil y el sector privado.

     Hasta el día de hoy, se han celebrado 25 COP. Esta última debió haberse desarrollado entre Chile y Madrid, pero, por problemas de orden público, Chile desistió —varias fueron las protestas ciudadanas contra el gobierno en ejercicio del presidente Sebastián Piñeras— y la ciudad de Madrid asumió sola su programación en un tiempo récord, llevándola a un final y satisfactorio cumplimiento en sus actividades.

     El primero de abril de 2020, lastimosamente la ONU anuncia al mundo que la Conferencia de las Partes a celebrarse en la ciudad de Glasgow, Escocia, quedaba suspendida por la pandemia de la Covid 19 y se reprograma la para los días comprendidos entre el 31 de octubre y el 12 diciembre de la presente anualidad.

     Laso conferencias de las Partes han propuestos un mar de buenos propósitos y, como siempre, nos han quedado debiendo. En varias de esas intenciones debatidas, más son sus incumplimientos que las realidades ejecutadas, de cuantas se proyectaron. Este horizonte de buenas acciones sumó muchos propósitos como:

  • Elaborar los catálogos de necesidades particulares de cada país para enfrentar el cambio climático, además de acordar reunirse cada año los países firmantes para mantener el control sobre el calentamiento global y la necesidad de reducir las emisiones de gases contaminantes que afectan a la tierra, fueron las decisiones asumidas en la COP1 que se realizó en Berlín, Alemania.
  • La limitación de emisiones de gases de efecto invernadero, GEI, por parte de los países industrializados con reducciones precisas para los años 2005, 2010 y 2020 fueron los compromisos definidos en la COP2 de Ginebra, Suiza.
  • Se establecen los objetivos vinculantes para control de las emisiones de GEI en la COP3 de Kioto, Japón.
  • Se realizan nueve conferencias de las Partes desde 1998 hasta 2006 en Buenos Aires, Argentina, COP4 y COP11, y Boon, Alemania, COP5. La Haya, Holanda, y Boon realizan la COP6. Marrakech, en Marruecos, realiza la COP7. Nueva Deli, en la India, la COP8. Milán, Italia, la COP9. Montreal, Canadá, la COP11. Y Nairobi, en Kenia, realiza la COP12. En todas estas COPs, se ultiman detalles para sustituir el protocolo de Kioto con miras al 2008, concluyendo que los signos del calentamiento global son incuestionables.
  • En la COP13 de Bali, Indonesia, se establece el programa de tecnologías ecológicas racionales para países en desarrollo.
  • en la COP14 de Poznán, Polonia, se implementa la plataforma política para construir compromisos jurídicos vinculantes contra las acciones del cambio climático.
  • En la COP15 Copenhague, Dinamarca, se crea el fondo verde para el clima.
  • En la COP16 de Cancún, México, se define una hoja de ruta para un tratado mundial, como lo exigía la Unión Europea, que comprometería a los grandes contaminadores que no suscribieron el Protocolo de Kioto —como China, Estados Unidos e India— a cumplir dicho tratado
  • En la COP17 de Durban, Suráfrica, y en la COP18 de Doha, Qatar, se prorrogaba hasta 2020 el Protocolo de Kioto.
  • En la COP19 de Varsovia, Polonia, se concretó una hoja de ruta hacia un pacto global y vinculante en 2015 para la reducción de los GEI.
  • Durante la COP20 en Lima, Perú, se definió que el objetivo era reducir las emisiones entre un 40 por ciento y un 70 por ciento para el 2050 y a cero para finales de siglo.
  • En la COP21 nace el Acuerdo de París, en Francia, el cual contempla la limitación del aumento de la temperatura mundial a 2 grados centígrados, mediante la disminución de emisiones de GEI, provocadas por combustibles fósiles como el petróleo, gas y carbón, los cuales, al quemarse, liberan dióxido de carbono, CO2, hacia la atmósfera.
  • En la COP22, celebrada en Marrakech, Marruecos, se adoptó un rol de trabajo para aplicar el Acuerdo de París y se aprobó una hoja de ruta que conduciría a las normas que guiarán al esencial acuerdo.
  • Para la COP23 en las islas de Fiji y en Bonn, Alemania, se definió mantener el impulso del Acuerdo de París, con la agravante decisión asumida por los Estados Unidos de retirarse del Acuerdo de París.
  • En la COP24 de la ciudad polaca de Katowice, el documento en discusión fue el Panel Intergubernamental del Cambio Climático, IPCC, que no aceptaron países como los Estados Unidos, Rusia, Arabia Saudí y Kuwait.
  • Finalmente, la COP25 celebrada en Madrid, España, ante la declinación de Chile como sede alterna, el eje de la conferencia fueron los desacuerdos en puntos neurálgicos como las ambiciones de los países emisores de CO2, los mercados de carbono y el uso del suelo y los océanos, pero el documento final pide aumentar la ‘ambición climática’ en 2020 y cumplir el Acuerdo de París para evitar que el aumento de la temperatura supere los 1,5 grados centígrados en este siglo.
Los jóvenes ambientalistas que mediante sus acciones y mensajes desde diversas orillas sugieren un mundo mucho mejor y posible: la sueca Greta Thunberg, la alemana Naomi Seibt y el pequeño gigante y defensor de la naturaleza y su medio ambiente, el colombiano Francisco Vera.

     No todo ha sido color de rosa en estas conferencias de las partes. Si bien se han debatido en todas sus plenarias los problemas que mantienen al planeta en vilo ante la posibilidad de su desaparición del universo como consecuencia del calentamiento global y el cambio climático, sus decisiones y recomendaciones obedecen más a los grandes intereses manifiestos de los países que marcan la ruta o agenda a seguir para su mejor vivir en forma particular —algunas veces en alianza estratégicas con otros países del hemisferio—  para proteger sus propósitos que los resguardan como potencias económicas y militares. La humanidad inerme lo entiende así, y por eso se escuchan algunas voces y miradas que son una gota de agua ante una mar violenta que la observe y la reprime.

     La historia de las transformaciones en los países del mundo da cuenta de que estos cambios en la ciudad se originan por la voluntad conjunta en la forma de actuar decisiva de la sociedad, que se revelan por un estado de situaciones sociales adversas que los mueven a enfrentarlas. En términos filosóficos ya lo fundamentó el gran Mao Tse Tung en su libro ‘Las cinco tesis filosóficas’ que partió la historia de su país feudal, China, en dos —pese a sus excesos en sus actuaciones políticas para lograrlo—, definida en sus premisas cargadas de mucha ciencia, conocida como ley universal de ‘La unidad y lucha de los contrarios’, derivadas de la filosofía griega mediante el pensamiento de Heráclito y el materialismo dialéctico del marxismo.

     Las activistas ambientalistas Greta Thunberg y Naomi Seibt son antípodas de esa lucha de contrarios que, más tarde que temprano, generará la transformación vital para preservar nuestro planeta. La primera promueve la lucha pacífica de la movilización social en todas las ciudades del mundo con su ‘Viernes para el futuro’, que es un movimiento internacional principalmente estudiantil que se manifiesta para reclamar acciones concretas contra el calentamiento global y el cambio climático; inicialmente este movimiento estudiantil lo generó ella a nivel local frente al parlamento sueco. Después de varias movilizaciones y discursos frenteros ante las autoridades suecas en defensa de las acciones encaminadas a detener el cambio climático, se vuelve viral su actuación y congrega a su haber otros movimientos ecologistas en el mundo, que replican su accionar en sus contextos sociales y políticos, generados por ese movimiento estudiantil mundial que se moviliza contra viento y marea por lograr su cometido ambiental. Inclusive, Colombia tiene su representante nacional con el niño bogotano Francisco Vera —que a pesar de su corta edad y pacifica actuación por lo ambiental, ya fue amenazado por las fuerzas oscuras y violentas que desangran al país— que es una voz tierna que se acoraza como un caracol, ante la lluvia de agujas y alfileres que es nuestra tierra en temas sociales y ambientales con un alto grado de calamidad pública

     Greta Thunberg ha sido muy enfática y férrea en su actuación como ambientalista en defensa de la vida y de la humanidad para su continuidad en la tierra. La hemos escuchado decir, en voz alta y con una valentía que asombra, que “…Estamos ante un desastre de sufrimientos acallados para enormes cantidades de personas. Y ahora no es el momento de hablar cortésmente o centrarse en lo que podemos o no podemos decir. Ahora es el momento de hablar con claridad (…) ahora es tiempo de desobediencia civil. Es hora de rebelarse…”

     En reciente actuación pública, el primero de octubre de 2021, su alocución fue más dura y contundente en una pre-cumbre juvenil ambientalista que se realizó en Milán, Italia, como preparatoria por parte de los jóvenes del mundo, hacia la próxima COP26, conferencia que está programada para el mes de diciembre de 2021 en Glasgow, Escocia. Sin ningún tapujo en la lengua, y con un valor inconmensurable, manifestó ante los asistentes a la misma que “…El cambio vendrá de las calles, de nosotros, no de las conferencias. La esperanza no viene del bla, bla, bla de los políticos, no viene de la falta de acción y de las promesas vacías. La esperanza somos nosotros, la esperanza es cuando la gente se une para un objetivo común. Tenemos todo el derecho a estar enfadados, a salir a la calle y pedir el cambio que no solo es posible, sino que también se necesita con urgencia…”.

     La activista “escéptica o realista del cambio climático” —como bien se presenta ella— la alemana Naomi Seibt, es una joven que rechaza las conclusiones de ciertos científicos sobre el asunto climático y ambiental conocido hasta ahora. Ella estima que los humanos no destruimos el planeta con nuestros procederes en la producción que se genera para el consumo material sin límites de nuestros insumos y manifiesta que este “fenómeno natural de crisis climática” siempre ha existido en nuestro procesos de desarrollo social y ambiental, e incluso ha denunciado el “alarmismo climático” que, según ella, pregonan los chillidos frenéticos de los seguidores de la ambientalista Greta Thunberg, argumentando que estas predicciones de consecuencias nefastas y fatales que ocasionará el cambio climático son exageradas en el fondo.

Captura de https://www.un.org/es/climatechange

     Como dijimos anteriormente, en lo expresado por la ley universal de la contradicción, en las cinco tesis filosóficas del gran chino de marras y por Greta y Naomi, en nuestra unidad de convivencia natural conocida como el planeta Tierra,  representan esa lucha de los contrarios en su manera de mirar la crisis ambiental, de la cosa en sí que dará, en un futuro no muy lejano —eso creo desde mi modo de apreciar los acontecimientos causantes de la crisis global— una nueva forma de entendernos, acompañarnos y amarnos, quizás para vivir en ese mundo feliz y distópico creado por el escritor británico Aldous Huxley. De no lograrse, estaremos condenados no a cien años de soledad, pero sí a nuestra más segura y dolorosa desaparición de la órbita en el universo.

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