Torpedos y mazazos contra el
patrimonio arquitectónico soledeño

Soledad, octubre 9 de 2021.

Casa de la familia Ferrer Ucrós, demolida en el 2006, acción de arrasamiento urbano, detonante para el nacimiento de los decretos municipales 0336 de 2006 y 524 de 2016 para proteger a los otros elementos arquitectónicos que se encontraban a merced de la “mona y barra”.

    Una mañana de abril del 2006, bajo el sol implacable que agitaba las células del diario acontecer citadino, en ‘la esquina caliente’ de la vitalidad de la ciudad de Soledad conocida como American Bar —donde todo confluye para el encuentro, el diálogo y el comercio—, se escuchaban los golpes atronadores y demoledores de las ‘monas de hierro’ de los obreros de albañilería contra los muros de la vivienda de la familia Ferrer Ucrós, vivienda con  características eclécticas en arquitectura, pero que caía a pedazos ante la arremetida violenta a la cual era sometida para dar paso a una fundación con nombre de mujer entronada en su mundo, que nos borró de un tajo una historia urbana de más de 100 años.

     En esa misma mañana de abril, en la esquina opuesta de la acera, tratando de evitar tan horroroso acto demoledor, se encontraba una diminuta mujer en su aspecto físico, pero con un monumental valor sensible por lo histórico de la ciudad —ella era Vivian Saad, fotógrafa barranquillera — y quien vociferaba, de rodillas y sin control en sus palabras:  «¡Oye, detente, carajo!, ¿Qué haces, por Dios? ¡No seas tan desgraciado! ¡Mal nacido…! ¡Dile a tu patrón que no sea tan hp…! ¡Qué lisonjero arquitecto propuso esto…! ¡Oye, estúpido, que te detengas, te he dicho…! ¡Policías, por favor, paren ese horror…!» Frases qué, como la novela de la norteamericana Margaret Mitchell, se las llevó el viento…

     Como estas y otras frases de mayor calibre que sorprendieron a la taciturna multitud que veía el acto demoledor como algo normal dentro de la ciudad y sus fases de desarrollo urbano y comercial, pero que no concebían ese acto de rebeldía de la fotógrafa indignada, como una defensa a la memoria urbana de su ciudad y, en cambio, solo se les escuchaba decir, en murmullo compartido y en forma irrespetuosa, “¿Bueno,  y a esa vieja loca que le pasa?” “¿Qué arrechera le habrá picado?” “¡Eche, cuidando lo que no es suyo…!” “¡Como que se la fumo verde!” ¡Pa’jodela, vicho alegre”…! “¡Uhhh, está loca…!”.

El antes y el después de la sede de la Casa Liberal, vivienda de arquitectura popular con rasgos coloniales y republicanos, demolida con consentimiento de una de las curadurías de Soledad, a pesar de estar protegida por el Decreto 0336 de 2001 con toda la presunción de legalidad.

     A raíz de este hecho demoledor de memoria urbana, nació el decreto municipal número 0336 de noviembre de 2006 —es la vivienda de arquitectura ecléctica de la familia Ferrer Ucrós, el detonante para poner fin a este desenfreno por demoler nuestro patrimonio cultural desde la perspectiva arquitectural— que hace énfasis, en los artículos del 145 al 148 del Estatuto Urbano de la ciudad adoptado según Acuerdo Municipal número 004 de 2001— y que, entre otras cosas, protege solo a seis elementos arquitectónicos  identificados como: la casa de Bolívar, la iglesia parroquial, las ruinas de la casa de la familia Domínguez, la biblioteca Melchor Caro, la sala Teatro Olimpia y la Casa Cural y que define, dentro de los parámetros de ley, las zonas e inmuebles de conservación arquitectónica y urbanística, las categorías de intervención y las competencias de la secretaría de Planeación municipal.

     Quince años después, este decreto municipal ha sido vulnerado 16 veces por una o por ambas curadurías urbanas que funcionan en la ciudad. Las víctimas horrendas de los ‘monazos de hierro’, impactados por la fuerza descomunal de la sinrazón, han sido la sede de la Casa Liberal soledeña, la Casa del músico y cantante Fernando Barceló, el viejo bar – estadero ‘El bufón’, las heladerías Santa Helena y la Central, la Casa familiar de los Ucrós Tirado, pionera de las bebidas de aguas a base de arroz y maíz, y otras viviendas no menos importantes con muchos rasgos arquitectónicos coloniales, republicanos, clásicos, art – deco, eclécticos, etc.

Sede la panadería la ‘Central’, demolida por acto administrativo de una de las curadurías de Soledad, y la casa del músico y cantante Fernando Barceló, la cual quedo abandonada y expuesta al vandalismo, tras el asesinato de su propietario. Más tarde se vino al suelo. En la primera se construyó un centro comercial y, en la segunda, una edificación de dos pisos, ambas protegidas por los decretos municipales 524 de 2016 y 0336 de 2006.

     El decreto en mención tiene a su haber la protección de tres elementos arquitectónicos que están dentro del nivel de protección integral —dos de la Nación y uno municipal— 39 dentro del nivel tipológico —todos  municipales— y 23 de conservación especial —uno departamental y 22 del nivel municipales—.

     En noviembre de 2016, el decreto municipal 524 reglamenta y no hace más que redundar en la protección que ya había asumido el decreto 0336 en el tratamiento de conservación histórica y arquitectónica de inmuebles patrimoniales en lo concerniente a las viviendas del marco central de la plaza en el plano nacional, departamental y local. El decreto 524 solo incorpora, además de las viviendas ya señaladas, el área de influencia de los bienes de interés cultural y la reglamentación sobre el espacio público, reafirma la protección de 18 inmuebles de interés municipal del decreto 0336 e incorpora dos más a los 65 elementos arquitectónicos protegidos por este último, o sea, el municipio tiene un listado de 67 inmuebles municipales para proteger en los niveles de intervención I y II.

     Toda esta legal parafernalia establecida en los decretos municipales señalados, no ha evitado los zarpazos destructores e irresponsables acometidos por particulares y entes gubernamentales —apoyados por una de las curadurías urbanas y el municipio mismo, al emitir actos administrativos con visos de legalidad que autorizan dicha acción— para demoler nuestro legado patrimonial municipal. El municipio y su ente de apoyo en el control urbano, Edumas EP, han fallado en su cuidado para preservarlos durante su competencia asignada por los acuerdos municipales 004 de 2002 y 062 de diciembre de 2006. Hoy esa competencia de control urbano le ha sido traslada a la Policía Nacional por la ley 1801 del 29 de julio de 2016, pero el remedio ha resultado peor que la enfermedad: la policía desconoce cuál es en sí el patrimonio nacional, departamental y municipal, por eso su indiferencia hacía los mismos.

Casa vernácula con cubierta de palma, muros de barro y estructura de bahareque, demolida con visto bueno de una de las curadurías, reemplazada por el adefesio arquitectónico que se construyó después de la demolición… ¡150 años de historia arrasado de un solo tajo!

   La creación de esta Ley 1801 de 2016 —Código Nacional de Policía y convivencia, en su Título XII, Capítulo I— no exime de las responsabilidades de la auditoria o seguimiento que el municipio debe hacer como ente territorial autónomo al control urbano ejercido por la Policía Nacional en su territorio. Son más responsables el municipio y sus apoyos institucionales, entre ellos el Edumas EP y la propia secretaría de Cultura, por el colapso y la demolición total de su infraestructura patrimonial en sus diversos niveles de intervención que la policía misma, que además de ser ineficiente en la seguridad de sus ciudadanos y todo lo que representa la ciudad en el plano de la convivencia social, es una institución pública sometida unilateralmente a la defensa de los grandes intereses monopólicos —financieros y comerciales— que desangran económica y socialmente a sus ciudadanos que son asumidos como de tercera, cuando ellos quienes sostienen como institución pública a dicha entidad para salvaguardar la tan ansiada convivencia.

La Panadería Santa Helena, protegida y demolida por acto administrativo de una de las curadurías, con autorización de la Secretaría de Planeación, que la desafecto sin ninguna justificación técnica que validara dicho acto. A la derecha, el estadero el Bufón, hoy en día funciona una gasolinera.

     A manera de colofón, recordemos las guerras mundiales acaecidas hasta el momento, los conflictos bélicos aislados entre naciones aquende y allende de nuestras fronteras y las acciones brutales del estado Islámico contra las ciudades históricas y con mayores referentes de desarrollo cultural en el mundo como Alepo y Mosul en un reciente pasado, acciones de hecho que han producido las mayores víctimas de los conflictos bélicos conocidos hasta ahora y los mayores desastres que puedan sufrir los legados patrimoniales de la humanidad, que se derrumban sin que el mundo se conmueva y actúe para detener tan atroz barbarie en vida y legado.

     Guardemos las proporciones, pero digamos que lo que ocurre en Soledad, en consideraciones nimias, que es peor, no escapa tampoco a la acción ‘violenta’ propiciada por sus dirigentes y ciudadanos del común, a lo más preciado de su memoria urbana, sus testigos culturales inmuebles, que van cayendo como unas fichas de dominó, una tras de otra, por el empuje no controlado de la fobia urbana de los malhechores de siempre contra la historia de la ciudad,  producto de la rentabilidad del suelo y otras cosillas de tipo económico, que nos negará en un futuro no muy lejano, el diálogo generacional eslabonado, necesario para poder entender e impensar la ciudad de una forma diferente y solidaria, que permita el disfrute y el consumo continuo de su desarrollo sostenible y su presencia física que nos da nuestra identidad por in saecula saeculorum

Anexos: dos videos… Copie los enlaces, actívelos y complemente su información sobre lo narrado.

https://www.youtube.com/watch?v=1pgyM2MokPc

https://www.youtube.com/watch?v=N0IWO1hvxmw