Quizá desde 1975, cuando Santa Marta cumplió su Tricesquicentenario (450 años), se me dio por pensar en lo que sería nuestra ciudad en su Pentacentenario, o sea, cuando cumpliera sus 500 años por alláaaaa… en la mitad de la segunda década del próximo siglo, el XXI, dentro de 50 años, en 2025. ¿Optimista? ¿Chifladura? ¿Incoherencia? ¡No sé! Pero la verdad, monda y lironda, es que aquella lejana fecha ya la tenemos ahí, a la vuelta de la esquina, corroborando aquella máxima bíblica que dice que los tiempos se acortarán.

     Con ello se presenta un hecho interesante y un acontecimiento que habíamos pasado por alto: los 500 años del departamento del Magdalena, el cual fue establecido, durante la época de los descubrimientos, como Provincia de Santa Marta. Entonces, en 2025 tendremos celebración por partida doble —los 500 años de Santa Marta y los 500 años del departamento del Magdalena—, acontecimientos que deben ser aprovechados al máximo para promoverle a nuestras rezagadas jurisdicciones, gestiones de toda índole que procuren su desarrollo.

     Siempre consideré que el Tricesquicentenario en 1975 debió aprovecharse mejor. No fue posible, solo nos conformamos con algunos actos protocolarios y ya, para lo cual se maquilló la ciudad. Este despilfarro como que afectó a este ser, que entristecido por la opacidad de su terruño y ávido por ver fructificar su tierra, se empecinó en meterse en la ficción realista del Pentacentenario, dentro de 50 años, acción que podría considerarse propia de un orate empedernido, pero no, fue producto de la pasión de un ecuánime alucinado que, por amor a su pueblo, sin dolientes y abandonado a su suerte, en la vera del camino, perdió conscientemente el juicio y en su sana alucinación y en sus ires y venires por el contexto de la existencia, comenzó a implantar fructíferas simientes que abonó muy estoicamente y regó con lágrimas de sus ojos, con la esperanza de recoger una exuberante cosecha en el 2025.

     Y es que, no aprovechar los 500 años para generarles significativas acciones a nuestras comarcas, sería muy lamentable. Todavía podemos hacer algo. Nos queda poco tiempo, pero el escenario está ahí —el próximo Congreso de la República 2022/2026—. No hay otro y será la única y última oportunidad para gestionarles a Santa Marta y el Magdalena, con motivo de sus efemérides, importantes obras que impulsen su progreso. Es ahora o ahora. No habrá más espacios. Por eso estamos en la tarea de reunir voluntades para que se dé una gran Cruzada Parlamentaria Pro–500 Años.

     Es poco lo que falta para el 2025. Estos momentos que Dios, el tiempo y la vida nos están dando, debemos aprovecharlo al máximo, no queda otra. Para ello se tendrá que elegir a ciudadanos conscientes y competentes, comprometidos con la causa de los 5 siglos, que lleguen al Parlamento a trabajar con objetivos claros, preconcebidos y precisos, para la concreción de acciones legislativas que permitan el involucramiento del Gobierno nacional a este acontecimiento histórico para el país y para lo cual, nuestras iniciativas pentacentenarias podrían servir de base para concretar un importante Plan de Trabajo Parlamentario de Cara al 2025. Algunas iniciativas —mis sueños por Santa Marta y el departamento del Magdalena—, entre otras:

     *Establecimiento de una Estampilla Nacional Pro 500 Años de Santa Marta.

     *Provisión de recursos por un billón de pesos por parte del Estado, por cada 100 años cumplidos, para obras en Santa Marta y el Departamento del Magdalena.

Son sueños que, ojalá, ni mueran primero…

   *Agenciar la solución definitiva de la problemática del agua en Santa Marta, fundamentado en los ríos de la vertiente norte de la Sierra Nevada.

     *Gestionar la ampliación de la pista del Aeropuerto Simón Bolívar para que reciba vuelos comerciales y vuelos charters internacionales. 

     *Consecución de los recursos para la compra de los bienes ubicados en la Ronda Hidráulica del río Manzanares, para la construcción de su Parque Longitudinal.

     *Tramitar un Parque Ecoturístico en la Ronda Hidráulica del Río Fundación en su parte urbana.

     *Creación de una Zona Especial para el Turismo Cultural y el Ecoturismo, en el área integrada por los municipios de Aracataca, Fundación, Algarrobo, Pivijay, El Retén, Zona Bananera, Ciénaga y Pueblo Viejo, y que todo este bloque de municipios, se establezcan como ‘El territorio del realismo mágico del país Macondo’.

     *Gestionar la pavimentación de las vías Algarrobo – Monterrubio – San Ángel – Ariguaní; San Ángel – Chivolo – Tenerife – Plato; San Ángel – Pivijay; entre otras, y proyectar la prolongación de la Vía de la Prosperidad para que llegue a más municipios del Departamento.

     *Procurar la creación de la Zona Bananera como Monumento Agrario Nacional.

     *Empujar la navegabilidad del Brazo de Mompox y el Río Magdalena —dragados—, para la recuperación económica de los municipios magdalenenses adyacentes a estas corrientes de agua, que jalonen el desarrollo agroindustrial y turístico.

     *Emprender la continuación del proyecto ferroviario que buscaba conectar a Santa Marta con el Río Magdalena y que solo pudo llegar hasta Fundación. 

     *Contribuir en la búsqueda de estrategias que ayuden a mejorar la calidad de la educación en el territorio magdalenense.

     *Suscitar hábitos ambientales que permitan revertir el calentamiento global.

     Como “sueños sin acciones, desilusiones”, entonces a batallar por ellos. No estamos dispuestos a quedarnos con los brazos cruzados viendo pasar ‘El tren del quinto centenario’, no me lo perdonaría, después de venir tratando el tema por años. Y si hay que emprender una travesía para llegar a la montaña lo haremos, para arrebatarle a la gran colina su fulgurante arcoíris, que nos permita iluminar la penumbra que agobia a Santa Marta y al Magdalena desde hace 5 siglos. Y que se dé entonces un importante y real Renacimiento en nuestras comarcas. Si toca hacerlo, ¡lo haremos!

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