En plena segunda guerra mundial en un barrio residencial de la ciudad polaca de Cracovia de la avenida Saska número 30 – 176, al frente del campo de trabajos forzados y de concentración para el exterminio nazi conocido tristemente con el nombre de Plaszów, un militar austriaco, menos sanguinario que los otros oficiales del III Reich, perteneciente al cuerpo de seguridad nazi, conocido con el  nombre de Amón Göth, se asomaba todas las mañanas en el balcón de su casa-atalaya para darle los “buenos días” a los prisioneros civiles judíos caídos en desgracia…

     Mismos que, trémulos de miedo, esperaban con total pasividad y resignación, el proyectil que explotara los sesos de su cabeza, disparado por la actitud enferma y criminal del sádico comandante de la SS hitleriana que, en dos años de terror sin cuartel, eliminó ocho mil sueños de vida inocente de los diez mil que estaban en su custodia camino a la muerte…

     Hechos sin precedentes que realizó sin el más mínimo recato de piedad por sus semejantes, siendo condenado por los mismos nazis que detectaron, con su contra inteligencia militar, actos de corrupción administrativa cometidos en los campos de concentración y trabajo forzado como la apropiación de propiedades judías que le pertenecían al Estado como botín de guerra según la legislación nazi, no proporcionar alimentos adecuados a los prisioneros bajo su cargo, así como violar las regulaciones de los campos de concentración con respecto al tratamiento y castigo de los presos y permitir, finalmente, el acceso no autorizado a los registros del personal del campamento por parte de los presos y oficiales no comisionados.

     Después de la guerra, una vez vencida la Alemania nazi, Amón Göth fue extraditado a Polonia, donde fue juzgado por el Tribunal Supremo Nacional 

de Polonia en Kraków —entre el 27 de agosto y el 5 de septiembre de 1946—, cuyo veredicto lo sentenció a la horca el 13 de septiembre de 1946 en la prisión de Montelupich en Cracovia, no lejos del sitio del campo de concentración y trabajos forzados de Plaszów. Sus restos fueron incinerados en los mismos hornos crematorios donde quemaba a sus víctimas inocentes. 

     Este hecho histórico de crueldad sin control, guardando las proporciones, me recuerda los miedos, las desesperanzas, las reclamaciones, las resignaciones y los ‘tutelazos’ fallidos de los ciudadanos soledenses que buscaban, en esencia, se respetasen sus derechos, en la búsqueda de una buena calidad de vida para su gente.

     Estas querellas y ansias de transformación urbana de la ciudad las desahogaban en ‘La vieja y nueva Plaza Plaszow de la ciudad —Museo Bolivariano y la Gran Central de Abastos del Caribe’—, sintiendo en carne propia los estertores de la muerte territorial del municipio, no desde la perspectiva bárbara y sangrienta del pasado reciente alemán, sino desde sus sueños a corto, mediano y largo plazo, incumplidos y triturados sin misericordia al mejor estilo del criminal Amon Göth, ya no desde el balcón de la muerte accionada por su rifle con mira telescópica y de largo alcance, atinando y pulverizando los sesos de los inocentes judíos, sino desde la perspectiva de la decisiones políticas oscuras de cada gobierno de elección popular, que sembraron y cultivaron con mucho ‘esfuerzo y amor’ intencionalmente, se diría, la momificación de la ciudad, diseñada en el Plan de Ordenamiento Territorial del municipio.

     Esta cotejación —o comparación— la expongo a una escala representativa en la forma cómo desarrollaban el crimen organizado los alemanes, con las variadas acciones represivas utilizadas contra el POT de Soledad de los ‘esvásticos’ dirigentes nuestros… En la primera forma, los alemanes arremetían en forma violenta contra la integridad de la persona y, en la segunda, los ‘esvásticos’ se amparaban en actuaciones administrativas de gobierno que, igual, configuran la muerte lenta de la ciudad y sus gentes. Hoy no son las ocho mil muertes ejecutadas en el pasado criminal de la Alemania de la cruz esvástica o gamada. Hoy son ‘fusilados’ —y expuestos a la hoguera del escarnio citadino—, los sueños iniciales de transformación de la ciudad de más de trecientos sesenta y un mil soledenses, sueños que fueron consensuados y recopilados en el POT del año 2002, el cual agoniza lentamente desde hacen diecisiete años.

     Desafortunadamente, estos sueños de cambio no llegaron a puerto seguro en esa mar violenta que le tocó navegar para construir sus propósitos proyectados en el documento rector del ordenamiento de la ciudad en toda su vigencia, por la indiferencia de la dirigencia de gobierno local y la pasividad ciudadana. Hoy, nuestros sueños de calidad de vida agonizan por asfixia provocada y prolongada y píerden vigencia sus contenidos estructurales, que fueron proyectados hasta el año 2009 como bien lo señalaba la Ley 388 del año 1997.

     Muy a pesar de mantener estos dolorosos síntomas de eclampsia, nuestro POT sigue orientando, así sea en letra muerta, el norte de la ciudad, cuyo contenido no llega al veinte por ciento de su ejecución en lo concerniente a sus políticas, programas, objetivos y proyectos en el terreno urbano y rural de la municipalidad —según el diagnóstico realizado por la Secretaría de Planeación municipal— por la insensibilidad de los nuevos ‘Amon Göth soledeños nuestros’, que fueron inconscientes y pétreos con sus contenidos de desarrollo territorial que posee el POT de Soledad, siendo bastante irresponsables con sus ‘millennials’, que crecieron sin darse cuenta de que sus derechos como ciudadanos en la ciudad que los forma y alberga, son violentados sistemáticamente y sin escrúpulos: hoy, por medio de herederos que en el presente prolongan el poder, nuevos alfiles del nepotismo que son aun más desalmados y soberbios en sus actuaciones públicas, nada responsables con la ciudad de la tortura crónica, ahondando aún más el dolor de la agonía de un territorio que se resiste a morir a pesar de sus dolores de abortos continuos.

     Soledad ha tenido tres intentos por redefinir o ajustar los contenidos estructurales del POT inicial que, entre otras cosas, también fue de tortuosa elaboración obligada que define la Ley 388 del año 1997. Tardó cinco años en formularlo, como la mayoría de las ciudades colombianas, negligencias administrativas de cada ciudad que fue interrumpida gracias al ultimátun que dio el Gobierno nacional para concretar las acciones pertinente que dieran como resultado final la creación del producto esperado, so pena de prohibir las licencias de construcción otorgadas por las curadurías urbanas de cada ciudad, sanción disciplinaria si no cumplían con lo exigido en la Ley de Ordenamiento Territorial aprobada.

     La ciudad, como muchas otras, fue sancionada al suspendérsele las funciones de las curadurías urbanas creadas en ese momento, lo que significó para el municipio demandas  por omisión en la Ley por parte del curador urbano, pérdida de recursos económicos en el cobro de impuestos de construcción, crecimiento de la construcción ilegal en la huella urbana de la ciudad por parte de privados, aumento del déficit de la vivienda para la población más vulnerable al no tener acceso a los programas de viviendas desde el plano nacional, el incremento desmedido de las invasiones patrocinadas muchas de ellas —según los habitantes de las mismas— por los caciques o gamonales politiqueros del momento, pérdidas en el recaudo de los instrumentos de planificación, gestión y financiación como la plusvalía, la valorización, los planes parciales, las unidades de actuación urbanísticas, las compensaciones, las transferencias de derecho, los reajustes de tierra, la integración inmobiliaria, la cooperación entre participantes, la enajenación voluntaria, la enajenación forzosa, la expropiación judicial, la expropiación administrativa, la declaratoria de desarrollo prioritario, el derecho preferencial y el banco inmobiliario. 

     Sí Amón Göth, como funcionario de guerra, fue diligente en sus tareas de horror y sangre encargadas por los nazis, los ‘esvásticos’ nuestros —léase alcaldes— fueron omisivos en sus labores administrativas de gobierno, pero, igual, sus resultados fueron de muerte para la ciudad y su gente.

     En el año 2011, ante el vencimiento de la vigencia del POT en el año 2009 como instrumento rector de desarrollo de la ciudad, surge un intento para la actualización de tareas incumplidas en ese tratado urbano elaborado en el 2002, entregando esa labor al Consorcio Intervial, que direccionaba el plan PAIS diseñado por la administración de gobierno, por un valor de $60.000.000 millones de pesos, el cual desarrolló un ajuste al documento en cuestión, que fue desconocido por la siguiente administración de gobierno del año 2012, que desconfiaba del documento entregado, razón por la cual encarga la tarea de su revisión, nuevamente, al gremio de profesionales de la Sociedad Colombiana de Arquitectos Regional Atlántico, con un rubro de concurrencia entre las partes de $400.000.000 de millones de pesos (el 80% lo asume el municipio y el 20% la SCA – RA) que de igual forma sufre las mismas consecuencias que el anterior proyecto de ajuste, por la administración siguiente de gobierno que, de un tajo y sin paredón, ‘fusila’ nuevamente el sueño de más de 640.000 habitantes que tenía Soledad para esa época, con ahítos de cambio en la estructura urbano–rural de la ciudad, arguyendo el incumplimiento de la Ley 1807 del año 2014, que hace alusión a la gestión del riesgo en los planes de ordenamiento territorial.

     Pareciera que hubiese un interés de por medio por parte de los ‘esvásticos’ de turno, para matar los documento trabajados y sus aspiraciones de ordenar el territorio. En virtud de lo anterior y ante la exigencia de cumplimiento del protocolo mundial firmado por Colombia en el año 2016 de la agenda 2030, nuestro país establece unas metas de cumplimiento en documento Conpes 3918 del 15 de marzo de 2018. Uno de esos compromisos tiene que ver con el cumplimiento de su objetivo de desarrollo sostenible número once, qué hace alusión a las ciudades y comunidades sostenibles, por lo cual la Dirección Nacional de Planeación crea dentro de sus metas de gobierno la actualización de los diferentes POTs de las ciudades colombianas, argumentando que el 93% de los POTs de primera generación en el país se encuentran desactualizados y vencidas sus vigencias, justificación que deriva el programa gubernamental direccionado por el DNP conocido como POT/POD modernos, programa nacional que sirve de sustento para firmar un nuevo convenio del Municipio con la nación y así ajustar nuevamente los contenidos del POT 2002, con el nuevo actor ‘esvástico’ gubernamental de turno del año 2016, convenio de concurrencia entre la Nación y el Municipio, por un rubro de $2.024.883 millones de pesos, donde el 30% aplicaba para el Municipio y el 70% para la Nación.

     Esta ‘guachafita’ administrativa local y nacional de recursos económicos de concurrencia en la elaboración de tan anhelado POT le ha costado a la ciudad la ‘módica’ suma de $2.484.833 millones de pesos y, aun así, no tenemos un POT aprobado hasta el momento que nos direccione ese norte perdido, que no hemos podido encontrar por la no continuidad en la política de ordenamiento territorial de los egoístas y egocéntricos ‘esvásticos’ de turno.                                       

La historia de los crímenes de lesa humanidad de las civilizaciones nos enseña siempre que, en algún momento, estas son atendidas por la sensatez humana de algún individuo de buena voluntad y amor profundo por la humanidad. En el pasado emergió la figura de Oscar Schindler, empresario y espía alemán, protegiendo y salvando milagrosamente la vida de mil doscientos prisioneros judíos en sus fábricas como trabajadores alemanes, convirtiéndose así en el estandarte protector y benefactor de la raza Judía, que estaba condenada a desaparecer injustamente sobre la faz de la tierra por la voluntad racista del gran führer alemán Adolf Hitler. Pero ellos emergieron como el ave fénix, orondos y lirondos, gracias a la intervención de los aliados de la guerra contra la Alemania nazi. Pero vaya paradoja: sus descendientes hoy son el gran azote de martirio de la ocupación que llevan a cabo al pueblo palestino que, igual que ellos, se resisten a morir.

     Valdría la pena preguntar entonces, sin ningún parapeto y a contra cara: ¿Por Soledad quién surgirá para transformar y proteger un establecimiento público que ha sido cooptado totalmente por los insensibles del poder, siendo estos más violentos con la ciudad que Amon Göth con sus víctimas de recreo matinal?

     ¿Como detenemos a los ‘francotiradores’ del engaño que han paralizado bruscamente el corazón de la ciudad desde sus balcones administrativos, ‘disparando’ al blanco con el rifle de largo alcance de Amón Göth?

     Sólo nos quedará, en forma utópica, ante la poca efectividad de nuestros entes de control, denunciarlos ante la Corte Penal Internacional y/o la Comisión Interamericana de Derechos Humanos por la crueldad atroz que siguen ejerciendo a un sueño conjunto llamado POT, construido con mucho amor por más de setecientas mil almas que son igual de inocentes y nobles que los judíos en la forma de ser cercenadas y violentadas sin contemplación alguna, ya no en los campos de concentración de Plaszów en Polonia, sino en un escenario de caos y supervivencia conocido como Soledad de Colombia Adorada…

Óscar Serpa Reyes: www.oscarcamiloserpareyes.blogspot.com, www.wix.com/arquitecturaycolor/3, @serpareyes