En este momento de crisis de salud mundial donde la vida pende de un hilo todos los días, parece que la frase alusiva es esa que tanto se pregona en medios sociales: “Es tiempo de reinventarnos”: en la rutina, en el trabajo, en la familia, en las horas de desayunos, almuerzos, cenas y horarios para dormir por las noches. Quizá hasta en el amor… La crisis actual obliga a ello.

Luis Vicente García y Charles Darwin.

     Tal como lo señala Luis Vicente García en su enseñanza sobre estrategias de liderazgo Mindfulness y Liderazgo donde titula una de sus presentaciones ‘Es tiempo de reinventarnos’, expresa que “en algún momento —o quizás en muchas ocasiones— tenemos sentimientos diversos un tanto encontrados. En ciertos instantes nos sentimos como si estuviéramos estancados; en otros como si no supiéramos hacia dónde vamos, mientras que en ocasiones nos sentimos realmente inspirados, esos en lo que pareciera que todo nos estuviera saliendo bien”.

     Por otro lado, el famoso escritor e investigador Charles Darwin expresa que “no es la especie más fuerte la que sobrevive, ni la más inteligente, sino la que mejor responde al cambio”. Esa misma idea podemos aplicarla a personas, a empresas, pues aquellas que respondan, sobre todo hoy día, mejor al cambio, lograrán adaptarse a nuevas condiciones y si lo deciden así, llegarán a un punto y momento en el cual reinventarse no será una opción sino una necesidad.

Ya no es el tiempo aquel de enseñar con tiza ni sobre el pizarrón…

     Pero si a reflexionar vamos sobre el “reinventarnos” sobre momentos sucedidos dentro del hogar, la amistad, la empresa, la sociedad, la educación, nos daremos cuenta de que todo el tiempo estamos reinventándonos. La misma ruta de vida nos marca nuevos caminos que seguimos con la expectativa de lo que se encontrará más adelante. Siempre nos estamos reinventando por aprendizaje natural. Vale una buena comparación expresar que el ser humano se puede asemejar a una empresa, porque eso somos, una empresa rodante con estrategias de liderazgo e innovación permanentes, dos caras de una misma moneda. Porque si lo que se busca como persona es tener índices de calidad, productividad y excelencia, tendríamos también que aplicar la gestión del cambio, del reinventar, de la reingeniería como se hace en toda empresa. 

     En este campo hablamos todo el tiempo de “reingeniería de procesos” como herramienta gerencial para la innovación y mejora de la calidad en las organizaciones, tal como están contemplados en los cuadernos de administración. Entonces, en la enseñanza y aprendizaje, podemos pensar que todo es una reingeniería, todo es innovación, todo es un perenne reinventar, con mayor énfasis en este punto en que la vida nos puso en el pedestal a escoger: “o te echas al agua, nadas y eres un campeón si sabes nadar”, o “te echas al agua sin saber nadar con la seguridad de que te vas a ahogar”. Solo existen dos opciones.

     Al escribir sobre la importante, necesaria y obligante palabra ‘reinventarnos’ comparándola en el campo empresarial, al aplicarla hoy día 15 de mayo cuando se debe homenajear al maestro en su día, a estos héroes de la patria unos con medallas visibles y otros con honores invisibles, también es necesario reinventarnos, renovarnos, reingenierizar esos procesos de enseñanza y aprendizaje. Es decir, se reinventa el maestro, se reinventa el estudiante, En este caso, tanto el uno como el otro deben aprender por cada lado: el maestro, a internarse en nuevas tecnologías que debe conocer y manejar al máximo para llegar a sus estudiantes. Y al estudiante, objeto del aprendizaje qu seguirá siendo continuo, permanente, diario, pero a través de una nueva herramienta, de nuevo proceso de conocimiento como es el manejo de la tecnología del computador, del tiempo independiente, de la obligatoriedad en el estudio, de su responsabilidad y hasta de su mayor atención e interés por aprender que debe aportarse a sí mismo pues desde su pantalla el maestro está enseñando a cada estudiante, así como detrás de una pantalla el estudiante aporta su concentración e interés, bien sea estudiante de primaria, bachillerato, pregrado o posgrado.

   Ya no es el tiempo aquel de enseñar ni con tiza ni con pizarrón, ni con tableros acrílicos donde se escribe con marcadores borrables de diversos colores; ni con regla ni largos punteros que el profesor extendía sobre estos para señalar; ya no son escritorios de madera o sillas plásticas donde el alumno a veces se sentaba en mala forma y de inmediato recibía un llamado de atención. Ya todo se ha reinventado, se ha gestionado su cambio.

     Ahora es la pantalla de una computadora que se debe limpiar, cuidar y mantener en sitio protegido y seguro porque es su herramienta de estudio, es su libreta, sus libros de textos, su bolígrafo, todo en uno. Pero nunca serviría de nada el frío computador si del otro lado no hay una figura humana que continúa mirando al estudiante con ojos de aprecio, tratando de infundirle conocimientos; de nada serviría una fría pantalla de computadora si no existiera alguien que con calor humano estuviera transmitiendo  su sapiencia, enseñando áreas básicas de estudio y, sobre todo, la entrega que tiene el maestro unida a la paciencia que nunca podrán cambiarle al enseñar ya no con tiza ni con pizarrón, con tablero acrílico o marcadores borrables de cualquier color.

     Por eso los maestros (se entiende profesor y profesora) continuarán enseñando por encima de todas las herramientas que también para ellos se asemejan nuevas en muchos programas antes desconocidos. Siempre están reinventándose, innovando, estudiando también en otras horas, programando trabajos de noche y también de día. A toda hora el maestro será maestro, así no tenga frente a sí ni la tiza ni el pizarrón sino una fría pantalla de computador.