En este tiempo de confinamiento, aislamiento, recogimiento y meditación cuando el desapego social es imperante por la pandemia que en el mundo entero sufrimos, los integrantes de muchos hogares buscan con afán motivos para hacer que horas vuelen, días pasen raudos sin contar qué fecha es ni cuándo será lunes festivo. Todos los días aparecen iguales en el calendario, en la vida, en el quehacer de cada hora. Pero en el fondo del sentir las personas necesitan quizá una compañía casi especial, no solo de los amores y parientes a quienes se tienen cercanos, sino la de otro integrante de la familia al que brindarle cariño y caricias a sabiendas de que ese ser también necesita de protección. Ese otro ser que hace parte de la familia y que, a la larga, no se sabe quién cuida a quién o si ambos se cuidan.

Fiel, protector… Amoroso. ¡Perro!

     Me refiero específicamente a los perros, animales a los que, precisamente en esta etapa de confinamiento, las personas se apegan más a ellos, se brindan juntos la amistad y compañía. He sido testigo de que el afecto del perro es inigualable para con su amigo amo, seres llenos de nobleza que abruman, que sorprenden con su gran capacidad para querer y ser fieles. Parecieran seres humanos sintiéndose felices al demostrar con sus brincos, meneo de cola y gestos el saludo de buenos días o buenas noches que se recibe de ellos a su manera, son especiales para acurrucarse junto a la persona de quien sienten también su aprecio hacia ellos. Amo y perro, no se adivina quién cuida a quién. Sin duda, el amor del perro desde cualquier tamaño o raza es incomparable para el humano, son fieles hasta la médula, llenos de un cariño sorprendente, mucho más que los humanos. Fieles ejemplos de fidelidad, constancia y discreción, todo desde su corazón que, sin dudas, lo poseen.

     Pero no me refiero aquí a esos animales caseros mimados y apreciados por sus amos de los que tengo muchas y grandes anécdotas personales, sino a otros perros que han salido de la rutina diaria, que han traspasado fronteras tanto como muchos grandes personajes lo han hecho, ellos también supieron poner sus patas sobre miles de páginas y dejar huellas en la historia, no solo del mundo perruno sino de la patria misma, tal es el caso de perros especiales que a grandes rasgos comentaré en esta crónica.

     Existen muchas razas de perros con nacionalidades y características unas conocidas, otras no tanto, así como perros que se han dado a conocer desde diferentes ángulos en la literatura, la geografía, la historia, la religión en vida de santos; igual en la vida de aristócratas, de artistas que llegan a parecerse a sus amos en su temperamento. Existen los callejeros despreciados por la gente, a los que demuestran su malquerencia y falta de corazón con sus malos tratos, y otros que se han hecho grandes personajes como sus amos. Pareciera, en verdad, que con el tiempo los perros van copiando el carácter y temperamento de sus amos, el saber querer y hacerse querer.

Vladimir Putin, presidente ruso, juega con sus perros Buffi (dcha) y Yume en su residencia campestre de Novo-Ogariovo, a las afueras de Moscú, Rusia. Imagen de https://elpais.com

   Perros existen por todo el mundo, unos amados, otros despreciados y odiados. Por ejemplo, los de la famosa actriz de cine y televisión colombiana Amparo Grisales quien vive su vida personal rodeada de su amor por los perros, propios y callejeros; ella les brinda albergue, protección y alimento en sitios especiales. Sus lágrimas, risas y tiempo son dedicados a sus perros. Caso parecido al del presidente ruso Vladimir Putin, amante de los animales y en especial de perros, quien intercedió también por esos callejeros rusos para solicitar la aprobación a una ley que garantizara su protección. Otro perro, Willow, una de las mascotas corgi de la reina Isabel II quien ella a sus 91 años de edad lamentó profundamente la muerte de una de sus mascotas después de 15 años de leal compañía. Y derramó lágrimas por él. En fin, muchas celebridades regalan su callado y especial amor a sus perros, les dan tanta ternura que quizá no se la brindan o no la merecen quienes les rodean.

     Están otros muchos perros que se han hecho famosos por miles de aventuras infantiles inventadas por sus escritores, como Lassie en series de cine y televisión, Scooby Doo, Snoopy, Pluto, Firulay, Niebla y muchísimas otras mascotas a las que les colocaron corazón de niño a través de la pluma literaria.

Laika, perra orbital…

     También aparece en la historia la tratada como valiente, pero indiferente Laika, perra espacial soviética que se convirtió en el primer ser vivo terrestre en orbitar la Tierra. Lo hizo a bordo de la nave soviética Sputnik 2, el 3 de noviembre de 1957; un mes después del satélite Sputnik 1 murió estando en órbita. Fue Laika la pionera enviada a morir en el espacio hace 63 años, tras superar duras pruebas a las que fue sometida. Así quedó consignado su nombre y sus cuatro patas en la historia. Fue uno de los animales que hizo parte de varios experimentos en el espacio, como víctimas que también fueron otros perros, monos y conejos. Hoy, en esta época quizá ya esos experimentos con animales no se podrían realizar por aquello del respeto a los animales y su derecho a la vida.

     Pero existió otro perro muy digno de ser parte de la historia patria de Colombia, de nombre Nevado, fiel acompañante del Libertador Simón Bolívar, esta figura clave para la independencia de todo el continente sudamericano. Y fue con él por varios recorridos históricos de países libertados por donde lo acompañó Nevado, su perro de raza mucuchíes, ese valiente que después murió en batalla atravesado por lanzas enemigas, quizá defendiendo a su amo.

Luis Alejandro Consuegra Ariza, 14 años de edad.

   Al respecto, debo confesar mi ignorancia de que Bolívar tuviese un perro y lo amara. Esta interesante historia la conocí de voz de un jovencito de nombre Luis Alejandro Consuegra Ariza, con apenas 14 años de edad, hijo del arquitecto Ignacio Consuegra Bolívar, directivo de la Universidad Simón Bolívar. Este adolescente asistió con su padre a una de las sesiones culturales realizadas por la Sociedad Académica Bolivariana del Atlántico realizada en el Museo Bibliográfico Bolivariano donde se trataron temas sobre el Libertador Simón Bolívar. Ya casi al cierre de la actividad, a solicitud de la presentadora se dio micrófono abierto para que quien lo deseara tratase un último tema para cerrar el acto; y fue este joven quien pidió el micrófono para ilustrarnos acerca de la historia de un animal color negro, con orejas, lomo y cola blanco que era fiel compañero del prócer de la Independencia, su perro llamado “Nevado” que lo tuvo desde cuando fue Brigadier.

Monumento a Nevado, perro de Simón Bolívar, y su cuidador, el indio Tinjacá.

     Se trataba de la vida del perro cuyo amo era Simón Bolívar, quien tenía dos animales a los que amaba y cuidaba, su famoso Palomo blanco, caballo inseparable, y Nevado, también su inseparable perro durante ocho años, ambos acompañantes de batalladas ganadas, de cansancio, de largas polvaredas levantadas sobre llanuras, de caminos empedrados unos, desérticos otros, hasta llegar donde esperaban las batallas, esas cruentas que los tres ganaron a diestra y siniestra e hicieron que así se libertaran cinco naciones del continente americano. Nevado tenía un especial cuidador, el indio Tinjacá, y su primer amo fue el campesino venezolano Vicente Pino, quien se lo obsequió en Mérida, Venezuela, en 1813, “después de la Batalla de Niquitao (páramo, municipio de Boconó del estado Trujillo, Venezuela), durante su triunfal campaña admirable, desde Nueva Granada (hoy Colombia) hasta Caracas en 1813”, según lo cuenta la historia. Tanto Nevado como su cuidador tenían apodos; al primero lo llamaban ‘Simoncito’, y al indio Tinjacá, ‘el edecán del perro’; los dos acompañaron a El Libertador en varias batallas, como en otras no podían estar presentes según la situación se diera.

     Según cuenta la periodista María Clara Gracia al informador Las DosOrillas (2019), “tras la batalla de Boyacá, Nevado acompañó al Libertador en su entrada triunfal a la capital del país. Viajaba en un canasto hecho especialmente para él. Participó en muchas batallas en las que -cuentan- atacaba con ferocidad. Dicen que el Libertador tambaleaba cuando Nevado le ponía sus patas en el pecho para saludarlo. Bueno, tampoco era que Bolívar fuera muy alto. Su estatura siempre ha sido comparada con la de Napoleón. En todo caso, grandes los dos”. Se dice que Bolívar se comunicaba con su perro a través de silbidos que le había enseñado el indio Tinjacá, su anterior amo. Así fue como Nevado acompañó al Libertador en su entrada triunfal a la capital de Venezuela, Caracas.

     Para cerrar esta crónica, me queda el agradecimiento guardado hacia un joven ya con vena bolivariana por causa y efecto, no por casualidad, Luis Alejandro Consuegra Ariza, a quien admiré por su relato brindado con firmeza y conocimiento, y a quien debo haber tenido más interés en profundizar en esa interesante historia sobre Nevado, el perro del Libertador Simón Bolívar, Nevado, ser de cuatro patas que fue valiente en campaña enarbolando también sus espadas, feroces colmillos para defender a su amo. Así son los perros, seres con especial nobleza que amarlos a corazón humano y noble obliga.