El sociólogo y científico social norteamericano Immanuel Wallerstein, que propone impensar las ciencias sociales que cuestionen su legado decimonónico para conciliar lo estático y lo dinámico.

     El sociólogo y científico social Immanuel Wallerstein (https://www.youtube.com/watch?v=ko5Iv1BEztQ), nacido el 28 de septiembre de 1930 en New York, Estados Unidos, y fallecido el 31 de agosto de 2019, planteaba desde la perspectiva de las ciencias sociales qué «Impensar» —léase, corregir radicalmente y destacar muchos de los supuestos que aún fundamentan las perspectivas dominantes en la actualidad— «las transformaciones en tiempo y espacio, la geografía y la cronología no deberían considerarse como influencias externas que actúan en la transformación social, sino como aspectos claves para lo que en realidad es dicha transformación, es decir poner en cuestión el legado decimonónico».

     “Las ciudades no pueden seguir pensándose desde los principios de la Escuela de Chicago (https://www.youtube.com/watch?v=gUOqKnrZv1I) y desde la escuela del funcionalismo en la perspectiva de la arquitectura (https://www.youtube.com/watch?v=H8qykV1XZv0). Impensar la ciudad significa buscar una categoría que nos permita ver la complejidad de la misma, porque no nos han enseñado a contextualizar la ciudad sino a ver lo inmediato, por eso no hacemos la liga compleja de la realidad que define un territorio, por eso las ciudades se convierten en míticas, al buscar ese punto de referencia ya establecido al que se pretende llegar, el cual no es el producto del análisis histórico y social que se vive en el momento. Las ciudades, por ejemplo, todas quieren ser ciudades globales, copiando contextos ‘exitosos’ de experiencias fuera de nuestro texto social urbano, acabando con ello, nuestra historia consolidada”.

Arquitecto Luis Sánchez Bonnet, quien sugiere implementar la hipótesis formulada por Immanuel Wallerstein desde la perspectiva de la arquitectura, para contextualizar la ciudad y cuestionar lo mediato que transgrede las categorías que afirman la identidad de sus arraigos.

     Así sentaba su tesis de construcción de ciudad en forma trivial, el arquitecto Luís Sánchez Bonnet (https://www.youtube.com/watch?v=ldpj856p9GY), exprofesor de la Universidad del Atlántico a sus alumnos en la década del 80.

     El contexto de nuestra realidad en Soledad nos muestra tres ciudades en un solo territorio, una imaginada, la otra real y la tercera la del capital inmobiliario. La primera pensada desde la perspectiva del Plan de Ordenamiento Territorial vigente, la segunda, la construida desde la necesidad social, y la tercera, la formal, contenida en planes parciales de viviendas que se enmarcan en los postulados del POT vigente. En otras palabras, no construimos la ciudad pensada y diseñada en el POT, sino la ciudad de la necesidad social en términos de abrigo, que se configura desde la pobreza y la indignidad humana.

     Cuando las ‘categorías conceptuales’ que han pensado y construido nuestra ciudad se han agotado, es necesario impensarla como la plantea en su máxima arquitectural el maestro Luís Sánchez Bonett. La ciudad pensada desde la perspectiva del POT vigente, no la encontramos desarrollada desde lo estructural en nuestro territorio, por ello no encontramos la viabilidad planteada de su propuesta visionaria para el derecho de vivir la ciudad en términos de equidad en la forma de consumirla por parte de sus habitantes. De su sostenibilidad proyectada, no conocemos mejora en su parte ambiental para preservar sus cuerpos de agua y la calidad del aire para nuestra salud pública.

     Por último, la productividad de su economía, que es su tercer elemento visional, no ha evitado el incremento del desempleo, la informalidad en la ciudad y el desplazamiento de su fuerza productiva a nuestro vecino el distrito de Barranquilla.

     La capital del Atlántico ha copiado un modelo global de ciudad (https://www.youtube.com/watch?v=l4WwAok2N7M), por eso se observa que lo desarrollado hasta el momento es similar en lo construido en ciudades como Buenos Aires, en Argentina, y su gran malecón de Puerto Madero; (https://www.youtube.com/watch?v=sm4jxTWBHVw), en Guayaquil, Ecuador, con el malecón 2000; (https://www.youtube.com/watch?v=gzN1pa1Jj_M) así como en otras ciudades costeras del Caribe y el Pacífico americano, que han desarrollado este tipo de propuesta urbana global —desarrollada inicialmente por la ciudad de Bilbao en España (https://www.youtube.com/watch?v=08hVLqJSxEk) en la recuperación de su riada y sus sector industrial metalúrgico que empezó a entrar en crisis económica en los años 90— que nos propone un inicio de la ciudad bajo la óptica del capital financiero y lo significativo de la rentabilidad del suelo, borrando de plano nuestra huella por la urbe citadina.

     Este modelo de ciudad aparentemente ‘exitoso’ es el que se ha pretendido implementar en nuestro territorio, planteando el malecón del rio para Soledad sin validar categorías que identifiquen nuestra realidad.

     ¿Será necesario este proyecto de ciudad señalado para solucionar los problemas sociales, ambientales y económicos que presenta nuestra ciudad en los términos de empleo, salud, educación, productividad y movilidad?

     Soledad debe diseñar y construir su propio estilo de ciudad basada en su propia historia y cultura, partiendo de su complejidad y realidades sociales, económicas, políticas, ambientales que la configuran como tal, para no correr el riesgo de que nuestro cambio estructural de ciudad sea la continuidad de los proyectos globalizados sin que se encuentre nuestra esencia de sociedad que ha sobrevivido a las vicisitudes de la desesperanza.

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