Víctor Hugo Vidal, la poeta caleña residente en Bogotá Rosa Mariela Barreto Jiménez y José Orellano, en la Feria del Libro de Bogotá en 2019.

Nota del director: Respeto —y aprecio— la decisión de Víctor Hugo de destinar su espacio a esta nota sobre mí… Un gesto que me conmueve y se reproduce, echando al traste la falsa modestia (JON).

 Por Víctor Hugo Vidal Barrios

                   Con mucho afecto y aprecio como regalo de cumpleaños, hoy 7 de noviembre de 2020, dedico mi espacio a mi hermano, al inmortal José Orellano Niebles. El hombre de paso corto y pisada gigante.

     Cuando conocí personalmente a José Orellano Niebles en El balconcito, punto de referencia y parada obligada del que vaya para Ciénaga, Magdalena, sentí la misma introspección que vivió algún día Jorge Luis Borges por Francia: “Ya estabas aquí antes de entrar, y cuando salgas no sabrás que te quedas”.

     Y efectivamente, José es un personaje que antes de conocerlo y tratarlo, uno lo imagina así: el bacán de luenga cabellera con apariencia de Piero, pinceladas en plata, unos lentes a lo John Lennon, vestimenta colorida, alegre y una voz pausada, ronca y tranquila como narrador de novelas de radio.

Los poetas Osvaldo Cantillo y Astrid Sofía Pedraza De la Hoz, el ilustrador Alberto Sierra Quintero, el autor de la nota Víctor Hugo Vidal Barrios y el protagonista de la misma José Orellano, en una cabaña-refresquería, a orillas del muelle de Puerto Colombia.

     Lo conocía por las redes sociales, presentado por la amiga común, escritora y pintora Emilce Navarro Correa, pero ya durante mucho tiempo leía sus apuntes y crónicas del Heraldo de Barranquilla, periódico en el que militó por unos 25 años, e hizo carrera, desde sus pininos como reportero, hasta llegar a convertirse en Jefe de redacción, con un ojo clínico para adornar las noticias relevantes que hacían de ese medio informativo escrito, el más apetecido por los habitantes del Caribe colombiano. En El Heraldo llegó a coordinar y diseñar cuatro revistas —variedades, farándula, deportes e información cultural— en su época de trabajador activo, pero como todo costeño que se respete el etanol como acompañante social, los principales artistas de la época, en especial los vallenatos genuinos, a quienes conocía y tenía a su alcance y todo ese derroche de rumba y despeluque, fueron disminuyendo su dominio sobre tales publicaciones.

     En José encuentra uno a un amigo sincero, altruista, colaborador y fiel hasta más no poder, a mí en particular me ha acompañado en las publicaciones de mis libros de cuentos macondianos, como corrector de estilo —a mí no me cobra un solo peso— y además ha ejercido hasta de presentador en la mismísima Feria del libro en Bogotá, dándome ánimo y presencia fraternal, que sirven de mucho.

     En su momento me invitó a formar parte de su Muelle Caribe, elocuente y multifacético Magazín Caribe, de lujo, en honor al vetusto Muelle de Puerto Colombia. Entonces comprendí el inmenso amor que tiene José Orellano por esta imponente construcción hoy abatida por muchas causas, por ello busqué la importancia simbólica actual del referido Muelle, entendiendo entonces su papel para Barranquilla, la Región y el país a finales del siglo XIX y a principios del siglo XX.

     El muelle fue construido en 1.888, concebido como parte final del terminal marítimo de Barranquilla ubicado en Puerto Colombia. ​Su diseño y construcción estuvieron a cargo del ingeniero cubano Francisco Javier Cisneros. Fue considerado una de las más notables construcciones del siglo XIX en Colombia debido a su importancia como principal puerto marítimo y por el hecho de ser en su momento el segundo muelle más largo del mundo.

     Así también este Muelle Caribe de José Orellano surge como un medio práctico, donde muchos amantes de la escritura, la cultura y las artes, publicamos nuestros escritos, nuestras manifestaciones espirituales, para demostrar que, a pesar de lo arrasador del medio ambiente, forjamos con el alma columnas escritas, poesías, obras de arte, para permanecer vivos, resistiéndonos a los fuertes oleajes y arrasadores vientos de la ignorancia. En El Muelle Caribe José sigue demostrando su habilidad y un imán para percibir la chiva y convertirla en titular de impacto.

     Sé lo orgullosa que está Soledad, Atlántico, su tierra, por su ilustre hijo, que lo muestra con satisfacción, como a la butifarra, embutido de origen catalán que es una de las insignias culinarias de la Costa Caribe, las canciones de Alci y Checo Acosta y el legado musical del difunto Pacho Galán.

     En esa bella tierra, de mis primos Orozco Barrios, al leer y aceptar la proclamación de su hijo como patrimonio vivo de su cultura y letras, muchos en coro dirán: «Ese es nuestro paisano, sencillo y noble por siempre». Pongámonos de pie y entonemos el himno de su tierra:

Mercedes Lamadrid, Edgar Rey Sinning, Víctor Hugo y Orellano, la niña Angie Sofía Nasra Alipio, y las poetas Rosa María Barreto y Nidia Garrido. Detrás de esta, Angélica Nasra Correa, esposa de Vidal Barrios. Escenario: la Feria del Libro de Bogotá en 2019.

“Soledad de Colombia adorada

hoy un himno entonamos por ti

porque diste una grata morada

a Bolívar en triste jornada

cuando estaba muy cerca su fin.

Por eso es tu Escudo inmensa llanura

donde una columna muy blanca se ve

y en ella con letras de oro nos dice

que en nuestra defensa tu fuiste muy fiel.”

     José tus amigos reconocemos tu grandeza de corazón y tu amabilidad y fraternidad para el mundo.

     Desde Macondo un sincero abrazo de cumpleaños:

     Atte.: Víctor Hugo Vidal Barrios.

Cíénaga-Magdalena, 7 de noviembre de 2020