Veinte años son muy pocos para Villalobos.  Veinte años corriendo detrás de una compactadora de basura por las calles de Barranquilla, veinte años que lo han convertido en un hombre inmune, fuerte, de rostro fruncido y corazón noble.

     En veinte años de servicio ha corrido mucho detrás de los camiones de basura, kilómetros que, sumados en veinte años, le darían la vuelta por lo menos a Suramérica. Y con las toneladas de desechos recogidas por Villalobos hasta se podría construir una isla.

     En la fiesta de fin de año, Villalobos se sentó cómodamente donde siempre se había sentado desde que ingresó a la empresa de aseo. Siempre en su lugar. Ya fuera en las fiestas o reuniones, era un sitio adjudicado por sus años de servicio. Nadie era capaz de ocupar ese lugar.

     En la emoción de la fiesta ya había consumido tres botellas de Ron con sus más antiguos compañeros. Sorprendido quedó Villalobos cuando el director de recursos humanos lo llamó por el altoparlante.

     —Villalobos, suba a tarima, queremos escuchar sus palabras.

     Con un mal gesto en su rostro, como quien dice “¡Echee!… ¿Y por qué yo?”, Villalobos subió al entarimado.

     «Dígame jefe… ¿Que novedad hay en la ruta?», preguntó Villalobos. Y el público soltó una carcajada estrepitosa

     —No señor, no piense en ruta. Deseamos que nos cuente sobre sus experiencias con el producto que manejamos —dijo el hombre de recursos humanos.

     Villalobos respondió: «Jummm… ¿Producto? ¿Cuál producto? ¡Es basura, jefe, basura es lo que recogemos!

     El público, esta vez, aplaudió frenéticamente.

     Villalobos continuó…

     «La basura es vida, señores. Por la basura, mis hijos son bachilleres, tecnólogos, y también tengo una ingeniera. La basura huele mal, pero de ella se vive. Y, además, vive mucha gente, viven el reciclador, los chatarreros, el cartonero, el que recoge botellas, hasta los hambrientos viven de lo que botan los usuarios. En la basura, señores, ve uno hasta las desigualdades: el de bajos recursos no produce tanta basura, como el de altos recursos. Vea, hasta en los olores hay diferencias. La basura estrato 1 huele feo y es pesada, la de estrato 5 o 6 es liviana y desabrida en olor. La gente estrato 5 o 6 no bota casi nada. Yo he sido de buenas, compañeros. La basura es mi vida, en ella he rescatado muchas enseñanzas.

     «En la basura he aprendido que a veces tantos esfuerzos son vanos. Hace poco, al tirar la bolsa en la compactadora tras la recogida, se abrió y cayeron varios trofeos de diferentes deportes… ¡Cuánto esfuerzo y disciplina para lograr  esos trofeos y terminar de esa manera en una caneca ¡hombe!

     «En la basura se ve el comportamiento de la mujer recatada. Esta ordena su basura y sus paños íntimos van en doble bolsa sellada… A la descuidada no le importa si sus kotex caen a la calle y se los lleva un perro. En la basura se ve de todo. El puerco y el aseado; pantaloncillos pichoneados de hombres valientes… En la basura, hasta el amor es desechado, las cartas, los ositos de peluches, las rosas rojas van a parar a la basura. Se ve la presa de carne que despreció el ahíto, el hueso pelado que ‘rulló’ —raspó con los dientes— el hambriento.

    «Ya no les digo más, compañeros, porque ¡quiero beber…! No vaya a ser que, por estar hablando basura, me quede sin ron allí en mi puesto. Dentro de veinte años les cuentos más sobre la basura».

     Alguien gritó entre la multitud congregada: “Dentro de veinte años, ¡ya estarás hecho basura, viejo Villalobos!”.