Fernando Castañeda García con Serpa Reyes.

Viene de https://www.elmuellecaribe.co/conversa-en-y-alrededor-de-sitio-de-libres/

     Terminado el corto festejo de risas por lo acertado de sus respuestas, el maestro Castañeda continúo diciéndome que las edificaciones del marco de la Plaza que él conoció eran de techo de palma y muros de bahareque y una que otra construida en calicanto, además de la referenciadas por la historia de la ciudad en páginas de revistas y periódicos.

     «Esas viviendas a las que me refiero fueron una de la familia del señor Fermín Vargas, una casa de palma, que quedaba donde se instaló después la tienda ‘La campana’, la cual fue demolida por el proyecto de recuperación de la Plaza Central… Seguidamente estaba la casa de don Juan Salas, quien vivía al lado de la sucursal de la Cámara de Comercio de Barranquilla, igualmente demolida por el proyecto en comento; el señor Salas se caracterizaba por ser un rezandero y fiel creyente  de la Iglesia y sus liturgias sacrosantas; al morir, debió dejar muchos documentos que tenían íntima relación con el recinto cristiano, ya que era un escriba ad honorem que poseía la espiritualidad soledeña; al respecto, habría que consultar con sus familiares sobre esos documentos que nunca han visto la luz del sol ni la claridad de la luna.

    «Recuerdo que ya estaba el colegio de bachillerato de Soledad, diagonal a la casa de Juan Salas, y también estaba, a la derecha de la iglesia, la casa de la familia Castellanos. Al costado sur del templo, se encontraba la casa de Alberto Barceló —de quien recuerdo que le decían ‘El africano’—; era una casona grande, la cual fue demolida para darle paso a las casas de las familias Mosquera y Donado. En el costado occidental de la iglesia, se encontraban las casas que hoy en día siguen ahí, de igual forma la de la familia Jinete, que era un caserón de palma y bahareque donde funcionó por mucho tiempo una escuela de primaria; fue demolida y en su lugar está el inmueble conocido como ‘La casona’, perteneciente a la familia Arraut, de la descendencia del finado médico Luis Arraut, seguidamente se encuentra la casa de la familia Bolívar Barros; una vivienda moderna y grande para la época. Al frente de ella, las instalaciones del colegio Benedetti al igual que la casa de la familia Domínguez y la de la familia Ucrós Barrios. Al frente de esta la casa de los Ucrós estaba la vivienda de la familia Cervera —donde hoy funciona el salón de eventos y restaurante gourmet Haig club— que, al igual que la familia Salas, era un clan muy religioso. En ella vivía el que tocaba las campanas de la Iglesia, el señor Edgardo Pianeta. Al lado de esta vivienda existió una casa de tipo colonial similar a la de don Pedro Juan Visbal —hoy museo Bolivariano de Soledad—, no la conocí, pero si logré ver una de sus paredes ancha como de aproximadamente sesenta centímetros. Mi señora madre, que en paz descanse, y el señor Félix Barceló lograron darme muchos detalles con relación a ella, al igual que la otra casa colonial demolida que estaba sobre la calle 13 entre carreras 20 y 21, diagonal al Museo Bolivariano, y una más que se encontraba con similar fachada colonial por los alrededores del actual mercado público.

De la primera invasión y la primera protesta social

Soledad gráfica… Escenas de un antes… ‘La casona’, que fuera residencia del fallecido médico Luis Arraut, en la plaza Central… En el mismo sector, señalada con la flecha, la mera esquina de la casa de paja de Fermín Vargas, frente al caserón de los Domínguez, en buen estado… Seguidamente, la Casa Cural… Después, la fachada de los teatros Colón y Olimpia, puntos de encuentro en otrora… Abajo, la casa de la familia Tirado, declarada de utilidad pública, comprada a sus propietarios y demolida para dar paso al proyecto de ampliación de la plaza central, plan ‘Líder’… Para cerrar, una calle actual de la urbanización ‘Soledad 2000’, cuyas casas fueron vendidas, en 1980, sobre la base de un supuesto foro para el desarrollo del municipio, mentira del capital inmobiliario…

     «Para el año 1965 se da la primera invasión de tierras en Soledad, liderada por el exdiputado de la Anapo José Juan Pablo Orozco en las tierras de la familia Madero–Madero, toma de hecho que crea el populoso barrio conocido como ‘El ferrocarril’, pero al mismo tiempo se dan las invasiones de los barrios ‘Las tablitas’ y ‘El nacional’.  Para este mismo año, 25 de septiembre, se da la protesta social conocida como ‘La toma del municipio por el mal servicio público del agua’, ya que esta no llegaba al casco urbano, pero sí al aeropuerto —el antiguo—, a pesar de que estaba a más de un kilómetro de distancia. Por esta razón la gente se amotina, liderada por los señores José Encarnación Miranda —padre de los conocidos hermanos Miranda—, José Orozco, José Luis Zambrano, Pedro Visbal —descendiente de Pedro Juan Visbal—, dueño de la casa donde pernoctó antes de morir en la bahía más hermosa de América, el agitador y luchador social de mucho talante el Libertador Simón Bolívar. Ellos y otros grupos, de cuyos integrantes no recuerdo sus nombres, organizaron la toma de la ciudad, construyendo barricadas con las bancas del teatro Olimpia a la altura del cementerio central y de lo que hoy se conoce como la urbanización ‘Los mangos’, en donde talaron una ceiba centenaria para obstruir la comunicación en la calle 18 o Avenida Santander con Barranquilla. Al lugar de los hechos se presentó el gobernador del Atlántico de ese entonces, José Lacoraza Varela, quien fue llevado por los gestores de la toma a la sede de la alcaldía, donde el funcionario se compromete a proveer el servicio del agua potable permanente por medio de la empresa departamental Acuatlansa.

     «En una ciudad de aproximadamente 30.000 habitantes en la década del 60, que carecía de muchos espacios públicos como los define la Ley, recuerdo yo que los únicos sitios abiertos para el encuentro y la diversión, además de la Plaza Central conocida por todos los de mi generación, fueron los cines Olimpia y Colón, los cuales, de carácter privado, se reservaban el derecho de admisión. Las pocas vías pavimentadas o asfaltadas eran la calle 30 y la 18 o Avenida Santander y la carrera 19 que llegaba hasta la Plaza Central, sirviendo esta última como pista de diversión a nuestras pilatunas de conductores en potencia, montándonos sobre carrito de balineras fabricados y adornados por nosotros mismos, en un viaje sin frenos ni semáforos que culminaba en la Plaza Central y elevaba para el escape nuestra adrenalina de juventud. También de chapuzón a arroyos, ciénagas y caños y practicábamos, dichosos, la caza silvestre y la zoofilia; fueron, sin duda, actividades recreativas muy beneficiosas para nuestro desarrollo humano, brindadas la naturaleza.

     El articulista había de escuchar entonces una disertación que franca y descarnada del maestro Castañeda sobre el tema de la zoofilia, esta actitud sin cortapisas que la gente, sus coterráneos moralistas, tilda de “irreverencia o imprudencia”, lo que, en el fondo, creo yo, no es otra cosa sino una simplicidad narrativa del cronista y artista plástico invitado a este conversatorio.

     «Discúlpame y te aclaro lo de la zoofilia juvenil como práctica degustativa y amañadora, que no debe escandalizarnos. Siempre se ha creído o nos han hecho creer desde el interior del país» —y lo dice con socarrona sonrisa—, que esta relación de amor ocasional con el mamífero es una práctica netamente costeña porque la aceptamos y acometemos sin hipocresías… ¡Cuán equivocado están nuestros connotados vecinos de los andes colombianos! Esta actividad, se cree, es antiquísima y no es propia de la región Caribe. Aunque tú no lo creas, es de práctica universal. Recientemente, Alemania e Inglaterra la prohibieron en sus territorios como acto de desfogue natural y han decidido multar al infractor que pillen en esas acciones sudorosas, diría yo —en el bello arte de poseer el animal— con una módica suma de veinte euros

     Una vez expresada su información sobre la infracción que atenta contra el animal, Castañeda García se queda pensando brevemente y me dice riendo: «¡Qué tal sí Soledad hubiese cobrado esa infracción en su momento! Hoy fuera sido la ciudad más rica de Colombia con esos recursos captados».

     «La mayoría de ‘canchas de fútbol que yo conocí en Soledad eran peladeros, lotes de particulares. Sus dueños otorgaban el permiso para poder jugar en ellas, pero había que mantenerlas limpias y bien protegidas ante la posibilidad de un intento de ocupación ilegal por nuestra presencia. Esas canchas se llamaban ‘España’, ‘Cabrera’, ‘Monte arriba’, ‘Alianza’, ‘Oriental’, ‘El marañon’ y ‘Unión Juventud’. También había canchas de fútbol y beisbol en el barrio Hipódromo, pertenecientes al municipio, y otras cuyos nombres no recuerdo ahora. Las primeras canchas señaladas se ubicaban sobre terrenos de propiedad privada y hoy en día han desaparecido ante el avance del proceso de urbanización que ha sufrido la ciudad. Otras de las prácticas más asiduas de esa juventud lejana, fue la caza de animales silvestres y peces de agua dulce —en el caño y el brazuelo— para nuestra alimentación. También practicábamos la natación al estilo silvestre, en los cauces de las microcuencas de los arroyos, humedales y caños de nuestro municipio. Esos eran nuestros deportes preferidos, que, a título personal, practicamos fuertemente sin ningún temor a encontrarnos accidentalmente con la parca, la cual siempre estaba dispuesta a llegar en el menor descuido de cada pilatuna juvenil que desarrollábamos para nuestra sana diversión.

El ‘foro’ que vendió a Soledad 2000

El artista plástico Castañeda García con el ingeniero sahagunense radicado en Soledad Antoliano López, durante una de las tomas intelectuales, cada año, del cementerio central de este municipio para conmemorar la fecha del fallecimiento, 28 de diciembre de 1928, del poeta de la tierra Gabriel Escorcia Gravini, el de ‘La gran miseria humana’…

     «La primera urbanización construida que cumplía con los términos exigidos en la Ley de entonces en nuestro territorio, fue la del barrio ‘El cortijo’, un conglomerado de casas similares y grandes, de vías anchas y amplios retiros que contenían el andén y las zonas de preservación ambiental, más los servicios públicos necesarios. La segunda la urbanización fue la del barrio ‘El hipódromo’, que tuvo tres etapas. Fue promovida por ICT cuando su gerente era la hija del general Rojas Pinillas, María Eugenia, quien junto con el entonces presidente Carlos Lleras Restrepo, visitó Soledad para entregar la primera etapa —la cual se construyó 1969—.  Se les tributó un recibimiento multitudinario, producto de las invitaciones enviadas a los rectores de colegios públicos y privados para que llevaran sus estudiantes al evento y la asistencia de quienes se acercaron a conocer al presidente y de los familiares de los beneficiarios de las casas entregadas. Seguidamente aparece la urbanización el Centenario, la cual tiene la calle más ancha que se conozca en la ciudad. Estas dos urbanizaciones referenciadas son las ultimas en contener los espacios más generosos que le entregaba el urbanizador al beneficiario.

     «Después de haber renunciado como periodista de ‘Diario del Caribe’, me fui para Sahagún a desempeñarme como docente en el área de Estética. Recuerdo que vine a pasar unas vacaciones en 1980 y entrando por la carrera 19, conocida como la Avenida 13 de junio, vi un pasacalle colgado en el centro de la vía promoviendo un foro sobre la Soledad del año 2000. Me llamó poderosamente la atención el titular del pasacalle, tanto que me propuse averiguar cuál era el contenido del foro, con el ánimo de preparar una ponencia de opinión para el respectivo debate en caso de participar. Una vez llegué a mi casa para saludar a los míos y pernoctar entre ellos, al día siguiente salía para la sede de ‘Diario del Caribe’, que era el patrocinador comercial del supuesto foro. Estando allí, me recibió muy amablemente su director el doctor Francisco Posada De la Peña, a quien le pregunté sobre los requisitos que se exigían para participar en el certamen. Cuál no sería mí sorpresa, cuando, al responderme, me advirtió de paso y sin inmutarse, que, por favor, le guardara un secreto hasta que se diera a conocer la verdad “Ve, Fernando”, me dijo sincerándose conmigo, “eso no es ningún foro, es un simple gancho comercial para interesar a los potenciales compradores de la nueva urbanización, con acueducto privado, que tendrá Soledad antes del 2000”.

     «¡Nojoda…! ¿Te das cuenta tu?  No he visto mayor felonía en el sector del capital inmobiliario, cruel y carretillero, que esa coartada para pescar incautos necesitados de viviendas…».

     Al momento de expresarme su descontento por el falso foro anunciado, la tarde que había sido benévola en escucharnos atenta, entregaba su luz calurosa a la noche fresca que asomaba su figura, y una pertinaz lluvia con sus gotas frías, interrumpía intempestivamente la charla que se había prolongado sin darnos cuenta, escuchándose de repente, el llamado y la advertencia de su compañera Patricia, ¡Oye qué…! ¿se van a dejar mojar?