El sagitario

Capítulo I

     ¿Quién es El sagitario? Solo Manuel Rodríguez puede definirlo en sus historias brillantes del Llano y la selva o sencillamente ‘El sagitario’.

     El Llano y la selva son las descomunales puertas hacia el cosmos, allí reina soledad, libertad, sombras y zonas vedadas por grupos armados, con aire sin fin, se inhalan los olores silvestres, plumas y sonidos de los cantos de aves son las serenatas diarias que alegran cada hora del vivir de esa gigante zona del planeta; es un continuo renacer entre la nube, las plantas, animales y el hombre e insectos de diferentes especies. Es el paraíso de los mil colores como las obras al óleo del maestro y periodista Ramiro Díaz Romero, lleno de tesoros frutales, ríos y caminos unos caminados y otros inexplorados, por primera vez recorrer, empedrados de rocas redondas unas grandes otras medianas, pequeñas, senderos y otros en tierra, donde es un edén que enamora por sus paisajes en lo alto de montañas, las luciérnagas celestes decoran la noche; la luna es plateada como si fuera la esfera más grande del universo. Allí se encuentran los más inmensos bosques sembrados por el dios americano hace millones de lustros, antes de llegar el invasor con su cultura y mala fe.

Capítulo II

     A las cuatro y treinta canta el gallo colorado, es hora de levantarse, Manuel Rodríguez se despierta, estira sus brazos para desemperezarse se baja del chinchorro, hace flexiones en el piso contando hasta 50 ejercitando su cuerpo y luego eleva oraciones al Creador para que el día sea bueno sin accidentes ni contratiempos; mira por el ventanal, observa el esplendoroso amanecer llanero y selvático, es admirar cómo se asoma muy lentamente el sol desde lo más profundo de la selva espesa con su rojizo brillo escarlata iluminando el Llano extenso apreciando el manto verde de la pradera. Por los cielos vuelan unas diez cororas rojas y algunos buitres dando giros alrededor de su carroña y miran como planean las infaltables garzas y el garzón por docenas. Al fondo se ve el cuadro primoroso del verdor de la llanura donde está el ganado pastando, venados sabaneros y el infaltable caballo, el perro y chigüiros como los que describe nuestra famosa artista y escultora llanera Rossy Valero.

     A lo lejos se elevan árboles buscando tocar el cielo, cuáles secuoyas; a la ventana llegan un par de canarios que con el pico golpean el vidrio saludando, luego pasan bandadas de loros con sus parloteos alegrando la nueva aurora.

Capítulo III          

     De pronto suena el frecuente pío, pío, pío de un pollito amarillo que todos los días amanece allí, abre la ventanilla y lo arroja al patio, es inexplicable, pero todos los días aparece un pollito amarillo que nace allí y amanece en esa habitación, por eso Manuel se pregunta:

     —¿Y con este ya van veintitrés? —Son veintitrés historias que lleva escritas por las noches. —cada pollito es el fruto de un cuento-…

     —Mañana nacerá otro, amarillo o azul…

     —Los azules son hazañas de realismo mágico donde vuelan caballos dragones y él es un héroe.

     Corre, se baña por quince minutos con agua fría, es debido a la hora fresca, luego agarra el cepillo para lavarse la boca, le echa crema dentífrica y brilla sus dientes de marfil que embellecen su sonrisa, como desodorante usa medio limón que restriega en los sobacos, se viste con pantalón azul y camiseta roja, se pone botas de caucho después de limpiarlas y su sombrero lo cepilla con una escobilla, es la prenda que nunca le falta junto al cinto izquierdo un cuchillo.

     Va a la cocina, la indígena Ela de tez oscura, es delgada de rasgos esculturales. En su tribu era una princesa esculpida por su Dios como las que ilustra en sus obras el genial artista plástico colombiano Javier Bedoya; le sirve, un tinto bien negro de los que allí llaman cerreros, él la saluda y le encanta el ébano de su piel brillante y tersa, ella es arisca. Con gesto simple le responde.

     Manuel va al cuarto de aperos se encuentra con otros compañeros, se saludan y desean tener un buen día, se hacen chistes del día anterior y salen a buscar el caballo que es el alma del llanero para ensillarlo con todos lo necesario y colocarle la jáquima a los dos lados dos cantinas para la leche y que no falten los lazos. El llanero es un artista moviendo y enlazando, es el ardid del diestro vaquero, marcha junto con su mejor amigo el perro un pastor alemán de nombre Negus entrenado para detectar minas antipersonales y culebras, además de ayudar con las labores ganaderas.

     Manuel se va a su potrero, separa los terneros de las madres con canciones, los arrea a un corral donde los deja encerrados para ordeñar con libertad. Después, con voz dulce y gruesa con cantos de ordeño llama a las vacas por su nombre y ellas acuden tranquilamente. Les menean las patas traseras y les canta canciones para tranquilizarlas y así les salga más leche. Sentado en una butaca pequeña con un balde recibe los chorros que exprime de cada teta; es una experiencia increíble, pero real ver para creer, ellas escuchan les gusta el canto y la música. Lo especial es que su trato es de un psicólogo que sabe la música para cantarle a cada vaca a Blanca de Queso o la Oreja Mocha; a unas les gusta el joropo sin embargo tienen sus preferidos como El Chino de los Mandados de Walter Silva, otras como El Ánima de Santa Helena, de Héctor Paul Vanegas (Q.E.P.D.); es que la música en estas tierras es verso, tonada y poesía, quien no ha vivido el chino de los mandados, los que fuimos pobres vivimos y disfrutamos esos instantes bellos he inolvidables de la vida.

     —A la vaca Noche Oscura le agradan las Recias de Reynaldo Armas

     En otro hato Jacinto con un radio les hace escuchar música y también le funciona según comenta él.

Capítulo IV

     Manuel tiene su caballo de paso fino colombiano para los domingos salir a pasear por el pueblo de Paz de Ariporo, las bestias son geniales, bailan escuchando joropos, se escuchan sus pasos admirados por turistas que terminan frente a una copa y botella de aguardiente el licor llanero que es hasta medicinal.

     Así, una por una, se dejan ordeñar con los cantos del llano.

     Ferlay Olmos hoy la famosa poeta y licenciada le enseñó a Manuel sus secretos heredados de sus ancestros, los cantos de trabajo del Llano, los que Manuel comparte con sus compañeros Cacho de Cabestro para comunicarse, Canto de Vela, El ordeño, Mamá Merceditas, Cacho de beber agua, silbidos, Japeos, La Ganadería, La llegada al fundo.

     A las 9:00 de la mañana llegan a la casona con la leche lista para entregar al camión lechero. Ela, ya está arreglada, sin maquillaje aun de esta manera se ve y más espléndida que la misma patrona, les tiene servido los desayunos y…¡háganle compañeros que lo que viene es trabajo!, están las máquinas listas para recoger arroz en esa finca con ochocientas hectáreas con dos de las grandes combinadas con tolvas para llenar tracto mulas que llevarán los granos virgen a los molinos donde el fruto es procesado secado y llevado a plantas de tratamiento para sacar el producto final.

     La niña Rosita de siete años, en ella es bello advertir el oro de sus cabellos y el marfil de su piel, desayuna con la hija de la administradora casi de su misma edad; ella con primorosa piel de caramelo y ojos azabaches, se van bien vestidas con ropas de seda a jugar en el campo; a la media hora regresan llenas de lodo de pies a cabeza, se metieron en el arrozal y allí el barro es lo que más reina en esos cultivos y habitualmente uno resbala allí.

    Todos, las miran y sueltan carcajadas es normal que esto les ocurre cuando entran en la zona de los cultivos arroceros. La administradora, ya acostumbrada, les da un baño con el chorro de una manguera quitándoles el lodazal y las cambia de ropa de nuevo. Les advierte:

¡Nada de volver allí hoy!

Capítulo V

     Una tarde el caballo de Toñita, la única hija y doncella del dueño del hato La Esmeralda se desbocó al notar una culebra cuatro narices, Manuel montó un caballo árabe y a la media hora le salvó la vida al frenar a la bestia asustada. Desde ese día se enamoraron los dos jóvenes de esa región magnánima.

     Don Manuel, a los pocos años formalizó la relación con la señorita preciosa como tal princesa al año después de unos amores chapados a la antigua contrajeron nupcias; su pastel de cuatro pisos, la novia entró a la catedral con un vestido blanco como las nubes y una cola tan larga que ocupó todo el pasaje de la bóveda de la iglesia y fue noticia en El Casanare, “se casó el Llanero de las mil y una historias en las tierras de la vorágine”.

     Ese día en el llano sonó el cacho dando la noticia de boda en todo Casanare.

     Cerca se escuchaba el murmullo del río que es caudaloso y el canto de toninas que son delfines de agua dulce y la gente afirma que cantan igual a las mujeres, dicen que son sirenas y de noche salen a la orilla a enamorar hombres y al otro día aparecen ahogados por tener relaciones de amor en el fondo del río.

     Los años pasaron y mil y una historias recuerda Manuel, llegó a más de los sesenta años, termina viviendo en la ciudad de Yopal con su esposa en una casa vistosa.

     Manuel comentaba que el llano y la selva son la soledad entre humano y naturaleza y los animales que son la compañía, el mejor amigo siempre un perro y el caballo para las labores en los hatos. El llano y selva son sudores, sangre, valor, fuerza, coraje, alegría, canto y baile para engrandecer el gran campo. A España le debemos la fortuna de traer los caballos y el ganado, en 1548 llega por medio del señor Cristóbal Rodríguez habitante de El Tocuyo en Venezuela, formando un nuevo trabajo la ganadería y el llanero sorprendente.

Continuará