El mundo que dejamos los adultos

     Como todos sabemos, los principales científicos del cambio climático del mundo confirmaron que los seres humanos estamos provocando cambios irreversibles en nuestro planeta, y que las condiciones meteorológicas extremas serán cada vez más graves. El secretario general de las Naciones Unidas dijo que esta noticia es “una señal de alarma para la humanidad”. Y lo es, pero los jóvenes llevan años haciendo sonar esta alarma, solo que los adultos no quisimos escucharlos

     Recordemos el 20 de agosto de 2018: una niña organizó una protesta solitaria frente al parlamento sueco, en la que esperaba quedarse tres semanas. Ya se cumplieron tres años de esa huelga de Greta Thunberg, quién ha señalado recientemente que “los políticos y los líderes mundiales, frente al tema del cambio climático, se vuelven puro bla, bla, bla”. Ha dicho que “nuestras esperanzas y sueños se ahogan en sus palabras y promesas vacías. Claro que necesitamos el diálogo constructivo, pero ellos ya llevan 30 años de bla, bla, bla y ¿a dónde nos han llevado?” Y la líder ambientalista sueca de apenas 18 años, remató diciendo: “Eso es todo lo que oímos de nuestros líderes. Palabras, palabras que suenan genial, pero que hasta ahora no han llevado a ninguna acción”. Su protesta no terminará si en noviembre los líderes no toman las decisiones acertadas, urgentes y necesarias contra la crisis.

     Para los niños y los jóvenes, el cambio climático es la mayor amenaza para nuestro presente y futuro. Han dicho, con justa razón, que ellos tendrán que limpiar el desastre ocasionado por los adultos, porque son los que más sufrirán. Los niños son más vulnerables que los adultos a los peligrosos fenómenos meteorológicos, las enfermedades y otros daños ocasionados por el cambio climático, razón por la cual un nuevo análisis que la Unicef dio a conocer este mes es tan importante. El Índice de Riesgo Climático de la Infancia, ofrece el primer panorama exhaustivo sobre dónde y cómo afecta esta crisis a los niños. Ese informe de la Unicef clasifica a los países en función de la exposición de los niños a las crisis climáticas y medioambientales, así como de su vulnerabilidad subyacente a esas crisis.

     El informe concluye que casi todos los niños del planeta están expuestos al menos a un peligro climático o medioambiental en este momento. La asombrosa cifra de 850 millones —alrededor de una tercera parte de todos los niños en el mundo—, están expuestos a cuatro o más peligros climáticos o medioambientales, como olas de calor, ciclones, huracanes, contaminación del aire, inundaciones o escasez de agua. Mil millones de niños —casi la mitad de los niños del mundo— viven en países en “riesgo extremadamente alto”, informan los investigadores de la Unicef.

     Este es el mundo que hemos dejado los adultos. Pero hay una luz de esperanza y es que aun estamos a tiempo de cambiar nuestro futuro climático. En todo el mundo, el movimiento de jóvenes activistas sigue creciendo. El objetivo fundamental de los adultos de cualquier sociedad es proteger a sus jóvenes, y hacer todo lo posible para dejarles un mundo mejor y sin crisis. La actual generación de adultos, y las anteriores, estamos fracasando a escala mundial, pero podemos cambiar el rumbo.

     El Índice de Riesgo Climático de la Infancia revela una inquietante desigualdad mundial en lo que respecta a los peores efectos del cambio climático. Treinta y tres países, entre los que se encuentran la República Centroafricana, Chad, Nigeria y Guinea, se consideran de muy alto riesgo para la infancia, pero, en conjunto, esos países solo emiten el nueve por ciento de las emisiones mundiales de dióxido de carbono. Los diez países con mayores emisiones, entre los que se encuentran China, Estados Unidos, Rusia y Japón, representan en conjunto casi el 70 por ciento de las emisiones mundiales. Y los niños de esos países con mayores emisiones corren menos riesgos: solo uno de estos países, India, está clasificado como de riesgo extremadamente alto en el informe de la Unicef.

     Muchos de los países en mayor riesgo son naciones más pobres del sur global, y es allí donde la gente se verá más afectada, a pesar de ser los que menos contribuyen al problema. No permitiremos que los países industrializados eludan su responsabilidad por el sufrimiento de los niños en otras partes del mundo, es lo que vienen gritando los niños y jóvenes del planeta. Los gobiernos, la industria y el resto de la comunidad internacional, deben trabajar juntos para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero, tal como 195 naciones se comprometieron a hacerlo en el Acuerdo de París, en 2015, acuerdo que se debe revisar y acortar las metas

     Faltan pocos días para la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el cambio climático, en Glasgow, Escocia. Este es el momento histórico para tomar las grandes decisiones en favor del planeta. Estamos en una crisis de los derechos de los niños. Los niños y jóvenes han dicho que no permitirán que el mundo ignore la situación, por eso, todos: niños, jóvenes y adultos, debemos participar masivamente en las jornadas de movilización de todos los viernes en el mundo, para recordarles a los líderes mundiales que llegó la hora y exigirles que es ahora o nunca, que en noviembre próximo se deben tomar las decisiones urgentes para detener esta crisis que amenaza acabar con el planeta y con todos nosotros… ¡Que ojalá y así sea!