Las contradicciones de un ministro

     Hace unos días se conoció el decreto que expidió el Gobierno nacional, con las firmas de 11 ministros y el presidente Iván Duque, por medio del cual se le da luz verde a la reactivación de la aspersión con glifosato para combatir sembradíos de coca.

     En 2015, el hoy ministro de Salud Fernando Ruiz advertía sobre los daños que produce el herbicida. Seis años después, firma dicho decreto diciendo, afirmando y promoviendo todo lo contario, que es muy buena su aplicación…

     En cualquier ser humano resulta normal, y no errático, cambiar de opinión frente a una realidad, pero cuando se trata de un funcionario público la variación con la que se mira un tema se reviste de peso político, pues se escudriña y analiza desde qué orilla lo dijo. Y eso es lo que hoy le están cobrando al ministro Ruiz: la postura que tenía referente al glifosato en 2015, cuando era viceministro del ramo del gobierno Santos, y la que tiene ahora, cuando ha firmado el decreto que le da luz verde a la aspersión a los cultivos de coca.

De 2015, vice, a 2021, titular: posiciones diferentes frente al uso del glifosato.

   Hace seis años, en un programa con el jubilado periodista Darío Arismendy, Fernando Ruiz planteó las dudas alrededor del uso del herbicida y, como médico que es, señaló las consecuencias que traería para la salud de las personas si se ven expuestas a este producto. Sus palabras exactas fueron: Desde el punto de vista de salud, el improbable que aquí existe es el daño a largo plazo, el principal cáncer que se atribuye al glifosato es el linfoma de Hodgkin, que es un tipo de cáncer en el órgano linfático que puede desarrollarse 15 o 20 años después de la exposición.

     Esto, por supuesto, lo catalogó como un problema, porque en el futuro, señaló, lo más probable es que se presentarían demandas contra el Estado por usar un producto que ha sido clasificado por la autoridad sanitaria internacional como probablemente cancerígeno. Los argumentos en contra no solo los formuló desde su postura como médico, sino viendo la relación costo beneficio. En ese entonces, se entiende que representaba la postura de un gobierno de Santos con relación al glifosato. Durante ese mandato se suspendió la aspersión, en tanto no se asegurara que el producto no afectaría la salud de las personas y el medio ambiente.

     Por el contario el gobierno Duque, que en campaña prometió no utilizar el glifosato, desde su entrada al poder ha manifestado querer abrir la puerta sobre el uso del herbicida, como una herramienta más para la lucha frontal contra el narcotráfico. Desde que Fernando Ruiz llegó a ocupar la dirección del despacho de salud, sabía de antemano de la postura del Gobierno que representaría, pues han sido numerosas las intervenciones, no solo del presidente, sino de los ministros de Defensa y de Justicia, sobre la necesidad de volver a utilizar el glifosato.

     Tras la llegada de Ruiz a la cartera de salud en febrero de 2020, la atención de la opinión pública y el país se concentró por entero en la pandemia y el ministro de Salud se convirtió en el principal responsable para gestionarla y, más aún, como médico con estudios en posgrado de Salud Pública. Aunque su trabajo ha sido criticado y cuestionado por la oposición y otros sectores, en relación con las demoras para cerrar acuerdos con laboratorios para las vacunas, la llegada de estas y las promesas incumplidas del plan de vacunación, la polémica a la fecha gira sobre el funcionario porque firmó un decreto para dar luz verde al uso del glifosato cuando, seis años atrás, sostenía que no había motivos para erradicar los cultivos de coca con esta metodología. Uno se pregunta: ¿Cuándo tuvo razón? ¿Antes o ahora? ¡Por Dios…!

     Con su postura contradictoria surgen varias preguntas: ¿Por qué el Gobierno expide un decreto sin que se haya resuelto el impedimento presentado por el ministro de Salud? ¿Por qué el ministro firmó el decreto, con el que se le da aval desde su cartera, sabiendo que hay un impedimento en curso por tramitarse? ¿Por qué sus compañeros de gabinete, incluido el presidente, permitieron que el ministro firmara algo por lo que, más adelante, puede ser recusado? Por más de que el ministro haya asegurado en la W que el decreto no significa que ya se retomara dicha actividad y que falta que sea aprobado por otras instancias, hay un riesgo para él y su permanencia en el cargo por el hecho de firmar algo con el que presenta un conflicto de interés o una eventual nulidad del acto administrativo, en caso de que le acepten su impedimento. Ahí queda pintado un ministro y sus contradicciones…