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     El sol no salió ese día, la luz marcaba el final del día, aunque el reloj no. La inspiración perduró entre las nubes y se coló entre los rayos del sol. La identidad también perduró; la esencia y el ser se desmenuzan en los momentos más íntimos. Encontrarse a sí mismo, en el silencio, en la soledad, en el ser auténtico. Volver al origen, volver al inicio, al despertar. Reflejar la esencia a través de las paredes, a través de las capas, de la piel, del ambiente. Dejar que la melodía se mueva, experimente, salga del escondite. Reflexionar, dejar que la inspiración fluya, escuchar la mente, la voz interna. Dejar a un lado el reflejo vidrioso y superficial en la mente de los demás. Repetir, escuchar de nuevo la voz, las letras, la música, el silencio de la soledad. Para lograr el reflejo original, el honesto, el puro, sin interrupciones, sin la capa superior. Son procesos, son momentos; experimentar, dejar fluir la sustancia, el pensamiento. Sin cuestionarlo, sin palabras demás. Dejar la sustancia cruda, base, honesta. Dejar.

     Entenderlo como un proceso, dejar que la materia se transforme en lo que necesite ser, no cambiará no se eliminará solo se reformará. Vivir el pensamiento, entender la voz interna y al mismo tiempo no entenderla. Permitir que el silencio nos moldee, nos reforme.

     En proceso, en silencio, dejar pensar, dejar.