Sarita Montiel y Ernest Hemingway, en escena foto-montada.

Nota del editor: Con motivo de haberse celebrado el domingo 4 de octubre el día del poeta colombiano, el autor recupera este reportaje con el vate vallenato Luis Mizar Maestre —se desarrolló en julio de 2015, cuando el bardo estaba internado en la clínica Jorge Piñeros Corpas de Bogotá— y lo reproduce como un homenaje a su memoria. Son varias entregas.

(Viene de la Actualización 259 – https://www.elmuellecaribe.co/facultad-para-pensar/)

Comento que un ilustre personaje barranquillero muy vinculado con el Grupo Barranquilla desmitificaba la hombría de Hemingway mostrando con los dedos pulgar e índice la verdadera razón del suicidio —la uña del dedo gordo a la altura de la primera falange del señalador—. Repito la acción, también medio novelera y me río…

     —Que la tenía cortica —digo.

     “Siiiií… De él algunos biógrafos dicen que se labró una fama de mujeriego y de gran amante, pero quienes estuvieron más cerca decían que él buscaba la manera de que el mundo recibiera esa imagen de él, de macho cabrío, pero que él en el fondo no era así, no eran tan macho cabrío. Incluso, algunos testimonios al respecto salen de debajo de las sábanas: Sarita Montiel, en un libro en el cual se publican fotos bellísimas de ella mostrando su lencería, razón por la cual lo compré…”

Luis Enrique Mizar Maestre, extinto poeta.

     —Sarita Montiel… la mexicana —interrumpo al poeta con ese lapsus garrafal… Me doy cuenta de la embarrada al recordar que Sarita Montiel, paradigma indiscutible de mi adicción por el cigarrillo: ‘Fumando espero…’; la del labio inferior voluptuoso por naturaleza, la protagonista de ‘El último cuplé’, no era mexicana sino española… Masticando mi vergüenza y con una impotencia supina, no rectifico… Mizaaar tampoco corrige y así, creo, me demuestra la grandeza de su humildad… O, de pronto, una silente irreverencia suya… Y él sigue de corrido, como si nada, hablando sobre el libro del mito ibérico del cine, de esa diva que realmente se llamaba María Antonia Alejandra Vicenta Elpidia Isidora Abad Fernández y que murió a los 85 años, en marzo de 2013…

     “Lo tengo en mi casa de Valledupar, bastante deshojado, pero allí Sarita, que fue amante del poeta español León Felipe, habla de los numerosos amantes que tuvo y presenta a este como un excelente amante: polvos inolvidables, aunque ya era un viejito cuando ella lo trató; y habla de Hemingway como un tipo que no era tan resistente como ella se lo había imaginado, como se lo habían ‘vendido’, y parece que era más bien eyaculador precoz: la dejaba alegre y caliente. Henry Miller dice que el hombre después de hacer el amor es un hombre triste. Y tal parece que Hemingway entraba en esas tristezas milerianas tempranas, mientras ella seguía anhelante de buen sexo”.

Valledupar, más allá de lo musical

     —Valledupar se apresta —había de ser en el septiembre entrante (2015)— a celebrar una Cumbre Mundial de Periodista. ¿Qué sería lo bueno que debiera salir de allí?

     “La ocasión vale para decir que hace falta infraestructura, que hace falta un buen centro de convenciones con todas las de la ley para recibir esas delegaciones extranjeras numerosas. Valledupar adolece de esa carencia desde hace muchos años. Y en una cumbre de periodistas debería aprovecharse para tratar el tema de la cultura vallenata en todas sus facetas, no solamente en el campo musical sino, por ejemplo, en la gastronomía de esa región, que es abundante y variada. Debería también enfocarse hacia el dominio que han adquirido los jóvenes vallenatos sobre tecnología. Yo conocí a dos jovencitos salidos de la Universidad Popular del Cesar que entraban en contacto con los hacker famosos, el ecuatoriano Bajaña y Sepúlveda, y había uno que decía que ‘este Sepúlveda sabe tanto como yo’”…

     —¿O yo sé más que Sepúlveda?…

     “Algo así. Es un tipo versado en eso de tal manera que, una vez que, por casualidad, hizo una visita al Gaula, supieron de sus cualidades y lo llevaron a que les accionara un aparato tecnológico moderno de esos que ellos tenían ahí y que ninguno de los del Gaula había dado para activarlo. Él lo hizo. Y hasta le ofrecieron trabajo y un excelente sueldo, que lo de él iba a ser, nomás, chuzar, chuzar y chuzar, porque se dieron cuenta de que era un berraco chuzador…”

     —Berraco con be larga —le digo.

     “… Sí: le ofrecieron todo ese asunto al tipo, pero él más bien se llenó de temor, y la mamá y la familia también. Y allí en Valledupar, la situación misma del entorno que se da porque ellos mismos delatan, el “fuiste tú”. No hay confidencialidad. Por ahí está mi amigo arreglando papeles para irse a los Estados Unidos con todo lo que sabe de tecnología”.

Psalmos, ‘La maga’, Bitácora

     —Mizaar: ‘Psalmos apócrifos’, ‘Tardes tristes con testigo’, ‘Expresiones o motivos para el descalabro’, ‘Partituras en sepia para La maga’, ‘Bitácora del atisbador’, ‘Letanías del convaleciente’ y ‘Briznas de la nada umbría’… De todo esto, desde la perspectiva misma del autor, ¿qué es lo mejor?

     “Como han sido distintas las circunstancias en que se han escrito estos libros… Por ejemplo: aquellos instantes en que se escribió ‘Psalmos apócrifos’ yo los amo mucho porque —¡José Orellano!—, eran los tiempos esos recién salidos de eso que se llama la adolescencia: yo los escribí cuando tenía 22 años y todavía en el país había vestigios de hippies, de rockeritos… Todavía se hacían tertulias…”

     —Y  hasta  el  nadaísmo… ‘nadando’ por ahí…

     “Tertulias en los colegios de bachillerato, había por ahí los espectáculos que daba el nadaísmo… En las tertulias se experimentaba con la marihuana… Apenas estaba entrando la cocaína en moda… Y uno experimentaba eso en grupo, de manera social… Se consideraba como traicionero del grupo el que iba y compraba una vaina pa’mamasela él solo…”

     —‘El toque social’ —digo—. Lindo título para aquellos ‘compartires’…

     “‘El toque social’, sí, un poquito por aquí, otro por allá. Uno solo no se atrevía, en grupo sí, se sentía como libre uno pa’patiná humo, como digo yo; pa’uno empujá nubes por la nariz. Así, entonces, uno declamaba, leía uno párrafos de poesía, leía uno a Walt Whitman, a los mismos nadaistas…”

     —Arango (Gonzalo) y compañía…

     “Arango y compañía… Entonces ese libro surgió en esos momentos en que, pasadas esas etapas, había muchos vestigios de irreverencia. Incluso, en la esencia de la poesía mía esa es una constante: la irreverencia… Después vendría un libro que yo quiero mucho y es el dedicado a la amiga mía: ‘Partituras en sepia para La maga’, en el cual yo, mediante unos juegos estilo Julio Cortázar, hago una especie de homenaje a mi amiga La maga”.

     —Pero salido de Rayuela, maga que no es la de Cortazar…

     “Sí, sí, sí: lo mío es otro asunto: yo describo situaciones que solo a esa maga pueden haberle ocurrido. Y aclaro: a La maga mía, no a la de Cortázar. En la de Cortázar funciona la imaginación del escritor, él forma el personaje… En la mía, el personaje está formado: yo me lo encuentro, lo miro de lejos, veo una acción y me digo: ‘Aquí está el poema’. Veía la situación en la que caía el personaje, a veces a la distancia, y me repetía: ‘Aquí está el poema’”…

     —Como cuántos años en esas…

     “Como cuatro años”.

     —Van dos libros… ¿Y el resto de la obra?

     “Hay otro libro que se llama ‘Bitácora del atisbador’. Lo abordo siendo ya consciente de que un poeta no es más que una especie de testigo, que abre una ventanita, se asoma, mira lo que está aconteciendo en la calle: recibe el soplo del viento ahí a través de la ventanita, recibe los pocos rayos del sol que puede permitirle la ventanita, recibe el contoneo de una mujer nalgona que pasa por la acera y…”

     —¡Atisba! —grito.

     “Atisba”, reafirma Mizaaar. “Atisba las lágrimas de un niño, la risa de un niño… Un niño en corcoveo tratando de atrapar una bola, lanzándose a la manera de Higuita… Todas esas imágenes… Y yo que ya tengo claro que lo que hace el escribano es anotarlas y transmitirlas…”

El poeta con el el bajo lírico valduparense Ernesto Fabio Angulo Quintero, cuando este aun era un niño… Ernesto Fabio —hijo de ‘La maga’— hoy tiene 26, agradece las orientaciones tanto académicas como personales que le dio el vate y, residenciado en Bogotá, fortalece su carrera artístico-musical.

Un psalmo al celular y algo más

     —Y vamos con el celular… Tú se lo dijiste en marzo pasado a Melisa Carpentier… Pero yo quiero escuchar ahora tu idea de incorporar ese aparato en un psalmo

     “Se trata de poetizar el reclamo a Dios, en un momento dado, por esa ausencia o carencia de minutos y el celular en la mano con deseos, uno, de decirle cosas a la novia, o al novio, al tinieblo, qué se yo, y se encuentra uno sin tal posibilidad por quedarse sin minutos…”.

Mizar 1961, el Mizar de ‘Bitácora del atisbador’

     —No es un secreto que la admiración por Mizaaar en Valledupar es inmensa, incluso allá en las Sabanas de Bolívar se le aprecia mucho al hombre. Pregunto: ¿Así como existe admiración por Mizaaar existe admiración por la poesía, como un todo? ¿Hay interés por ella de verdad-verdad?

     “Yo creo que sí hay un sector del público, incluso de forma tradicional, en Atlántico, en Bolívar, en Magdalena, en el Cesar, un sector minoritario que siempre ha admirado a Luis Carlos López, ‘El tuerto’, en Cartagena; a Rasch Isla de Barranquilla, a Donaldo Bossa, a Héctor Rojas Erazo, a Amira De la Rosa, a Meira Del Mar: ese sector siempre ha encontrado esos laud, y se puede metaforizar —recuerdo que Meira tiene un libro que tiene algo que ver con el laud, ese instrumento que usan los hebreos para acompañar sus cantos a Dios—; siempre ha habido, incluso en Riohacha con todo lo áspera que es, inquietudes, una minoría que lee poemas y los escucha y los comprende. Y es que, desde todas las épocas, en todos los países, la poesía ha sido de minorías, ¡siempre! En unas estadísticas que estuve viendo alguna vez, quizás el cinco por ciento de los argentinos había leído una que otra página de Jorge Luis Borges, porque era para las minorías y… a los que les daba flojera pensar se excusaban diciendo que «este es un escritor para escritores, él escribe es para que lo lean los otros escritores… Como yo no soy escritor no lo leo»”…

Cometer acciones poéticas

     —Para el poeta Mizar, ¿qué es la poesía en su plena esencia?

     “Además de un estado emocional, la poesía es un estado de reflexión y un estado filosófico, en los que puede caer cualquier individuo en un momento dado, con unas condiciones favorables…”

El también poeta Hernando Socarrás visitó a Mizar en la clínica Jorge Piñeros Corpas en Bogotá… Recientemente, Socarrás decidió viajar a la Eternidad para seguir compartiendo con su colega vallenato.

     —Inclusive sin que sea un poeta…

     “Sí, sin que sea poeta… En unas condiciones favorables o desfavorables, en unos instantes tú, sin estar cultivando los versos, puedes caer y encontrarte cometiendo acciones poéticas”.

     —Por ejemplo…

     “Tú te puedes conmover con que alguien le haya pegado a un caballo y salir tú a proteger o consolar ese caballo. Que es un momento de locura, puede que lo sea, pero es un momento poético. Te puedes encontrar con que un olor a heliotropo o un olor a ese jazmín que se siente solo en las noches…”.

     —En especial en el sur de La Guajira.

     “En ciertas poblaciones… Sientes tú ese olor y sientes que te invade y sientes que te dan ganas de hablar con ese olor y hacerle alguna confesión. Y podrás recordar y evocar y pensar ‘si aquí estuviera aquella morena que conocí aquella tarde allá en el Paseo Bolívar. Este olor se lo dedicaría a ella todo, la colmaría con ese olor’. En ese instante estás viviendo un instante poético: la naturaleza te ha llevado a ese momento poético”.

     —¿Lo sensiblero es poético en algún momento?

     “Sí, puede ser… Sí… ¡Puede ser! Decía el poeta Fernando Pessoa que toda carta de amor es ridícula, que ciertas manifestaciones amorosas pueden ser ridículas. Hay que ver los estados de ridiculez en que caía El Quijote de La Mancha cuando le manifestaba su amor a Dulcinea del Toboso”.

     —El mismo Romeo ante Julieta…

     “Sí, el mismo Romeo. Otelo, que llega hasta la desfachatez de ahorcar a su amada por celos”.

     —Y es un acto poético.

     “Es un acto poético”

     —Hermosamente magnificado por Shakespeare, ¿cierto?

     “Así es”.

     —En todo este entorno, a estas alturas de todo lo que hemos hablado, todo lo que ha transcurrido de su vida, ¿qué piensa Luis Enrique Mizar Maestre de Mizaaar?… El Mizaaar de La maga, el Mizaaar de Ledys, el Mizaaar de Ineris, el Mizaaar de Orellano, el Mizaaar de La colibrí… Continuará en próxima actualización

Inicialmente publicado en julio de 2015