Alcaldesa de ciudad

El exalumno —lo fue en segundo de bachillerato— del director, abogado y economista Jose Alfredo Meza Casadiego recrea un texto lleno de ironía con toques de humor sobre la alcaldesa de alguna ciudad del mundo.

Ciudad de alcaldesa: gotas
de lluvia e inmensa oscuridad

Por José Alfredo Meza Casadiego

Había una vez una alcaldesa de cualquier territorio del mapa mundo, promocionando, a los cuatro vientos, la ciudad que dirigía como capital del comercio de su país, aun mas, visionando ser la capital de los negocios universales.

Pregonaba a sus gobernados que estaban pasando cosas extraordinarias en su jurisdicción. Así andaba día tras día con apariencia de asesora publicitaria arrinconando la personalidad de gobernante. Su estrategia la hacía ver exitosa, invitando a inversionistas extranjeros y nacionales, encandilándoles con el paraíso de buenos servicios de agua, luz, vías, comunicaciones, que ofrecía la ciudad. Técnica que se le vino abajo por un suceso, este sí, extraordinario.

Cualquier día de cualquier año los organismos meteorológicos de su país anunciaban la llegada de un fenómeno climático de escasez de lluvia; esto, confirmado a diario ponía nostálgicos a sus regentados añorando el tema musical “Aguacero de Mayo”.

En el horizonte diario, no había amagos de lluvia por ningún lado, sin embargo, la naturaleza, rompiéndosele el corazón, se apiadó de los conciudadanos de la alcaldesa haciéndoles el milagro de una brizna de lluvia, lo cual desencadenó un acontecimiento descomunal: Se fue la luz en toda la población.

Surgieron teorías y discusiones populares remplazadas unas tras otras para explicar el apagón. Fue la llovizna, eso no fue; un saboteo, tampoco; una avería en los sistemas eléctricos, menos. Entonces, si no fue la llovizna, ni un saboteo, ni una falla en los sistemas que producen luz, ¿entonces que fue? Nunca se supo.

Mientras tanto, los ciudadanos, aturdidos con todas las explicaciones, continuaron sin energía eléctrica, sin agua por falta de ella en el acueducto; hordas de delincuentes andaban de fiesta con su aliada la oscuridad, haciendo de las suyas. Hubo hasta un muerto, heridos a tutiplén, llantas quemadas que impedían el transporte de los ciudadanos, gases lacrimógenos se esparcían por el aire del sitio donde se hallaban los afectados, y…

—Zumbaban bolitas como de color verde que pegaban duro en el cuerpo disparadas por la policía —según una participante de la protesta.

La alcaldesa, su conciencia reposada, respiraba tranquila en su despacho, satisfecha de su gestión. Su ciudad, que es la misma ciudad de sus regentados, es la capital del comercio nacional y más adelante capital del comercio mundial.

Ella, nunca supo que se fue la luz.