Esta crónica fue publicada en primera instancia en el mes de noviembre del año 1987 en la revista ‘Pugilismo’. Se rescata hoy como un homenaje a la estripe de los Rojas Morales, una familia eminentemente pugilística, netamente barranquillera, y quienes aparte de dar varios campeones nacionales, también proporcionaron al primer púgil colombiano en ganar una medalla olímpica, Clemente Rojas, y al campeón mundial de los pesos moscas Sugar Baby Rojas. El Coliseo de Barraquilla lleva su nombre, en homenaje a su trayectoria…

     «Yo me llamo Martín Rojas y nací hace 55 años en el pueblo bolivarense de Arjona. Soy el único padre colombiano que ha entregado con devoción y orgullo el sudor, la sangre y la inflamación de los pómulos de todos sus hijos por un poco de gloria para Colombia.

     «A nadie, sino al padre y la madre, les puede doler más que le maltraten a su propio hijo. Y cada golpe que a uno de mis vástagos le dan, yo lo recibo aquí, en lo más profundo de mi pecho, como un tajo doloroso de la vida. Y lo recibo por partida doble, porque yo también fui boxeador y conozco en carne propia los sufrimientos y los dolores de un pugilista.

     «Entonces imagínense, señoras y señores, cuántos golpes habré recibido yo, que soy el padre de Clemente, medallista de bronce en los Juegos Olímpicos de Munich; de Martín, ex-campeón nacional welter Jr.; de Idabeth, ex-campeón nacional pluma y buscando actualmente ser ranqueado mundial; de Candelaria, una de las pocas mujeres boxeadoras de este país; de Guillermo, quien también fue boxeador aficionado, y de Sugar Baby Rojas, actual campeón mundial supermosca y el único púgil en el mundo que desde que nació ya sabía, por el nombre que le puse, que no iba a ser ingeniero, ni médico, ni albañil, sino boxeador, y algún día campeón mundial, como en realidad lo es.

Desde los siglos el boxeo me llama

Martín Rojas, tronco de una familia de grandes boxeadores, los Rojas: campeones nacionales, bronce olímpico, titulo mundial… Hace 33 años Martín le contó su historia a Jorge Alfonso Sierra Quintero, quien la ha trasmitido en primera persona, modo protagonista.

     «Pero déjenme decirles cómo comenzó esta historia, que es también la historia del boxeo mismo. Desde 1945 comencé a oír hablar de Rocky Marciano, Joe Louis, de toda esa gente, y por algo que aún no alcanzo a comprender, yo también quise ser boxeador.

     «Algún familiar mío simpatizaba con este deporte, pero mi padre no, entonces yo decidí irme para Cartagena a seguirle el cordel a mi destino y a buscar a alguien que me guiara. Entré a trabajar en una panadería y un día, ya por 1949, pasé por el Gimnasio de ‘Manga’, donde estaba ‘Chico de hierro’ y, entonces, me topé en la realidad con ese sueño que me atormentaba por dentro: boxeadores que entraban y salían, sudorosos, oliendo a linimento y a toallas mojadas, a cuero renegrido, y yo allí, alelado, extasiado con ese deporte que no sé de dónde me llamaba.

     «Así duré como 20 o 30 días, hasta que me acerqué a un señor y le dije que cómo hacía para practicar boxeo. Me contestó que la inscripción valía 10 pesos y tenía que llevar una pantaloneta, un par de zapatos tenis, una toalla y una botella con agua de limón, y semanalmente debía darle 10 centavos a ‘Chico de hierro’.

     «Tenía yo 17 años. Allí en Cartagena hice 4 peleas aficionadas. Gané 3 y perdí 1. De esa época, la pelea que más recuerdo fue contra Salvador Góngora, uno de los mejores boxeadores que tenía Cartagena. Yo nunca representé a Bolívar porque, teniendo 19 años, ya tenía obligaciones y la situación apretaba y me tuve que venir para Barranquilla a buscar mejor suerte. Aquí hice como 80 peleas, gané la mayoría y perdí otras tantas; fue una época difícil porque pasaba necesidades y no conocía a nadie de por acá.

A Mario Miranda, campeón, también lo moldeó Martín Rojas.

El surco empieza a recibir mis semillas

     «Después me casé con Juana Morales y así continuó esta historia de dolor y alegrías para Colombia, porque casi desde entonces me convertí en entrenador. El primer hijo que llegó fue Clemente. ¿Saben desde cuándo comenzó a practicar boxeo? Desde los 4 años. Por ahí existe una foto de Clemente a esa edad intercambiando golpes con Emiliano Villa, quien más o menos es de la misma época. Y casi todos mis hijos han comenzado a practicar boxeo desde esa edad, porque, déjenme decirles, a mí nunca me ha parecido el boxeo un deporte rudo.

     «Lo que lo hace rudo son las mañas de los boxeadores y entrenadores deshonestos. Pero el boxeo, siendo una disciplina deportiva, debería llevarse a las escuelas, a los colegios, a las universidades, para acabar con el mito de lo peligroso de este deporte. Si logramos que los que practican boxeo tengan una cierta formación disciplinaria, ganaríamos muchísimo para este deporte.

     «En Cuba, por ejemplo, a donde yo he ido a hacer cursos de boxeo, el gobierno forma a sus boxeadores disciplinadamente, los orienta y estimula. Allí pude yo comprobar que sus boxeadores no es que sean mejores que los nuestros, sino que la diferencia está en lo que les he explicado, porque nuestros púgiles son peleadores que se hacen en las calles, así, ‘a la topa tolondra’, sin una guía formativa, científica y adecuada. Si uno como entrenador, por ejemplo, pudiera comenzar a orientar a un boxeador desde sus inicios, le crearía su estilo de acuerdo con sus características físicas como boxeadores, como el ‘Barba’ Jiménez, Mario Miranda etc. A Mario lo cogí como de 7 u 8 años, ya estaba formado, se lo cambié un día a Carlos Cantillo por un boxeador ‘malo’.

     «Dentro de mis hijos, ustedes ven que no todos tienen el mismo estilo. Idabeth, por ejemplo, es ponchador nato, en cambio el Baby es pura esgrima boxística. Y los entrenadores de boxeo a veces olvidan, planificando mal una pelea, perjudicando al boxeador que es quien pierde.

     «¿Recuerdan la famosa pelea de mi hijo Idabeth contra el difunto Amador?  En nueve asaltos mi hijo iba perdiendo de calle. Lo tenían todo reventado, todo hinchado, y Lázaro Fruto y Salomé Herrera, quienes lo habían subido, iban a ‘tirar la toalla’. Yo les dije que no, que se bajaran y me dejaran a mí orientar el último asalto. Me dijeron: “¡Mírelo como está!, ¡se lo van a matar!”, y yo les contesté lo que ya les dije a ustedes.  «Ese es un hijo mío, yo fui quien lo hizo y si lo matan, a nadie más le puede doler tanto como a mí. Lo que pasa es que ustedes han planificado mal la pelea. Así que bájense y yo sigo y, además, respondo». Me dijeron: “Está bien señor Rojas. Usted responde”. Me subí y mientras le reventaba la nariz a Idabeth para sacarle la sangre y que pudiera ver, porque tenía ambos pómulos completamente hinchados, le dije lo que tenía que hacer en ese último round. Y ustedes ya conocen el final. Menos de dos minutos después, habíamos noqueado a Amador.

La fe como clave de ml vida

     «En esa anécdota hay mucho de mi técnica, pero también mucho de la fe que siempre yo he llevado por la vida. Cuando era boxeador tenía fe en que era bueno, que casi siempre ganaría, y ganaba, y cuando comenzaron a llegar mis hijos y comenzaron a practicar boxeo, me empezó a invadir el sueño de que alguno de ellos llegaría a ser Campeón Mundial.

     «No lo niego, por algún momento esa fe me abandonó. Fue por la época en que Baby regresó de Estados Unidos y se mostró disminuido por discrepancias con los Zabala. Le aconsejé que continuara y que tuviera paciencia, que ya le llegaría su chance mundial y entonces sí ganaría mucho dinero, antes no, porque todo se iba en inversión. Y ahí están los resultados. Y yo digo que todo lo que ‘Baby’ consiga de ahora en adelante es ganancia.

     «Él, el Baby, ha llevado una vida mejor que la de toda su familia. Se ha rozado con mejores gentes, ha viajado a mejores lugares, y por eso su forma de ser y su vida es y será mejor a la de todos nosotros, para alegría y orgullo mío como padre, de su madre y de todos sus hermanos.

Esta es la verdad sobre el nombre del Baby

     «Usted me pregunta ahora de dónde saqué yo ese nombre para mi hijo. Escriba. Lo saqué de un boxeador americano, elegante él, que vestía impecablemente con zapatos de hebillas, y se llamaba Davey Moore, y el Sugar por Robinson. Grandes boxeadores ambos. Entonces, aunque me hubiera gustado ponerle todo el nombre del boxeador americano, no me rimaba, y por eso lo dejé Sugar Baby Rojas, nombre sonoro y de campeón del futuro.

Ya el surco me dio frutos, pero…

     «¿Qué volvamos a hablar de mí? Está bien. Yo fui entrenador de la Liga de Boxeo del Atlántico hasta que un día, Helmut Bellingrot, quien era el director de Coldeportes seccional, me preguntó de qué corriente política era yo. Le dije que de ninguna, que yo era progresista, y a los pocos días me declararon insubsistente. Y fíjense que me echaron con un problema en la columna que cogí en el gimnasio entrenando boxeadores y que todavía hoy me molesta, pues ni siquiera puedo usar zapatos diariamente.

     «Aun así, a mí me gustaría volver a ser entrenador de Coldeportes, sin que para esto tengan que botar a García Beltrán, ni a nadie, porque todos los entrenadores de aquí de Barranquilla son mis hermanos, son mis hijos. Yo soy el padre de los entrenadores de boxeo de esta ciudad. Pregunten y verán. A pesar de todo, yo soy un hombre feliz. Mi sueño se ha hecho realidad. Tengo un hijo campeón mundial, otro ranqueado que sigue insistiendo, y si Dios me da vida, de pronto este pequeñito que ustedes ven ahí haciendo sombra, y que es de mi segunda cosecha, puedo verlo coronarse.

     «¿Hablar de los retadores del Baby? Bueno, lo único que yo sé es que el Baby es un campeón mundial con mucha clase y mucha fe. Es el Campeón Mundial. Perder, por ahora lo veo muy difícil.  Yo siempre he sido hombre de mucha fe. Al comienzo les decía que soy el único padre colombiano que ha entregado la sangre de todos sus hijos por un poco de gloria para este país. Aun así, no aspiro a títulos ni medallas que jamás me han dado. Lo único que quisiera ahora es no ser un desempleado más de Colombia, sino seguir en el boxeo, que es mi vida y la de todos mis hijos, orientar a otros jóvenes en este viril deporte, y continuar sembrando semillas para los frutos futuros del boxeo colombiano».