Pensaba hacer mi última columna del 2020 para El Muelle Caribe sobre un tema serio y profundo en clave filosófica, pero ‘La loca’ —la brisa— que por estos tiempos refresca al Caribe no me deja hacerlo, me acaricia el rostro cual mujer coqueta, me causa esa sensación de placer que corre por el cuerpo haciéndome respirar, soñar, ser más y, en últimas, evocar experiencias pasadas con paso alegre y en tono de fiesta.

     Esa brisa bandida y mundana no pide permiso para desnudar a las muchachas “que ocultan tras la falda la ilusión de una borrasca”, ni para meterse, con sus aromas perdidos de épocas felices, por puertas y ventanas. Esa brisa que provoca la evocación de experiencias vividas ahora es culpable de lo que escribo con píldoras de humor.

     En ese sentido y entendido —con el perdón de ustedes amables lectores—, desde mi casa en Santa Marta me permito evocar las experiencias de vida escolar como profesor durante 25 años en colegios distritales de Bogotá, en especial aquellos momentos cómicos, con estudiantes insoportables que no querían saber nada de un futuro poco prometedor y se dedicaban a las incompetencias ciudadanas, es decir, a joderle la vida a estudiantes y profesores.

Escenas lo más de lo normal en Santa Martas cuando aparece ‘La loca’ que, sin pedir permiso, desnuda a las muchachas…

     Las siete situaciones que evoco en tal sentido, las viví en especial al lado de mi amigo y profesor Mauricio Ordoñez, con quien compartíamos “las desgracias de la convivencia escolar” con gracia de humor musical.

     1.- Cuando en las reuniones entre profesores sobre los famosos proyectos transversales que no tienen dolientes, pero sí chivos expiatorios para señalar, o en momentos de escoger los delegados para ocupar los cargos de dirección propios del gobierno escolar, con el mencionado amigo nos mirábamos de reojo y nos hacíamos los desentendidos. Una vez terminada la reunión nos íbamos a un salón y entonábamos la canción llanera “Yo he mantenido limpiecita mi conciencia, que lo haga otro yo me siento bien así”.

     2.- Una vez sonaba el timbre para salir a formar en el patio para una izada de bandera o para dar una información de última hora a todo el alumnado, nos íbamos un ratico a reposar en las sillas del sala de profesores y entonábamos la canción “que yo me siento aquí debajo de la bonga, porque la bonga se hizo pa’descansá, con ese airecito que sopla aquí en la bonga, porque la bonga se hizo pa’descansá y como se menea la mata de la bonga, porque la bonga se hizo pa;descans’a”.

     3.- Cuando teníamos que soportar una situación reiterada de incompetencia ciudadana por parte de algún alumno, que tocaba soportar. Tomando un aire de tolerancia salíamos a comentar la situación con la canción “yo quiero pegar un grito y no me dejan, yo quiero pegar un grito vagabundo”.

     4.- Si un estudiante se copiaba en uno de los muchos exámenes y se dejaba pillar por descarado, en el momento de anularle la prueba, le entonábamos la canción “yo te vi, yo te vi, tú no me viste, me dolió, me dolió lo que me hiciste”.

     5.- En el momento en que un estudiante pedía cacao por la materia perdida le decíamos: “Lo que pasó pasó, entre tú y yo”. BIS.

     6.- Cuando le hacíamos una anotación en el observador a un alumno más mamón que pulga donde sabemos, le decíamos: “Monta mi caballito, y tú que pensabas que no bailaba el negrito, móntalo, móntalo y tú veras qué rico”.

     7.- Muchas veces, cuando llegaba al colegio un profesor relajao y vago, nos le presentábamos en el estilo propio de los trabajadores de los muelles marítimos que se mamaban gallo diciendo: “Permíteme estrechar tus desencallecidas manos como producto de tu inactividad laboral”.

     Hasta aquí llegan mis píldoras de humor, porque está ‘loca’ me está invitando a levitar por el Caribe para buscar los aromas perdidos.