Penumbras en agenda 2030:

la actitud irresponsable de las

grandes potencias económicas (II)

 Soledad, febrero 11 de 2021.

    Hasta el año 2018 antes de aparecer la pandemia, según los informes obtenidos de las oficinas de seguimiento de los ODS, 789 millones de personas seguían sin electricidad y el 17 por ciento de la población mundial consumía energías renovables. A la llegada de la pandemia, una de cada cuatro personas, en algunos países en desarrollo, carece de electricidad y las corrientes financieras a países en desarrollo en apoyo de las energías renovables han aumentado en 21 mil 400 millones de pesos pero solo el 12 por ciento va a los planes mundiales de alimentación, PMA.

     Por la desaceleración del crecimiento económico global que pasó del 2 por ciento al 1,5 por ciento del producto interno bruto, PIB, para promover el crecimiento económico sostenido, inclusivo y sostenible, el empleo pleno y productivo y el trabajo decente para todos, ya era una preocupación a tener en cuenta antes de la aparición virus letal. Una vez llega este a las ciudades, pone en peligro de perder el trabajo a 1.600 millones de personas de la economía informal, mientras el turismo mundial enfrenta desafíos sin precedentes al bajar el índice de visitas de 1.140 millones a 850 millones de turistas.

Infografías de los avances desde el sexto hasta el noveno Objetivos de Desarrollo Sostenible, en la agenda 2030.

     El desplome del sector manufacturero mundial por causa de las tensiones  comerciales y el aumento de los aranceles ya era un mal que incomodaba a dicha actividad, por tanto se requería para que, se sobreviviera a esta crisis, la financiación por parte del sector financiero a las industrias de pequeñas escala, ya que solo el 35 por ciento de ellas tenía acceso a un crédito en los países en desarrollo, pero esta crisis se profundiza más con la llegada del Covid-19: la industria de la aviación sufre el declive más profundo de su historia —el número de pasajeros disminuye en un 51 por ciento de enero a mayo del año 2020— y menos de una, entre cinco personas, usa la internet en los países de menor accesibilidad y afecta enormemente el objetivo que promueve la industria, la innovación y la infraestructura.

     La reducción de la desigualdad entre países y en el interior de ellos, avanzaba antes de la pandemia en 38 de 84 señalados como uno de los objetivos. La aplicación del coeficiente GINI —el cual mide la desigualdad de ingresos y oscila entre 0 y 1,0: cero indica que los ingresos están distribuidos de manera equitativa entre todas las personas y 1,0 precisa que una persona representa todos los ingresos—, indicaba que había disminución en sus ingresos, pero una vez llegada la pandemia el peligro se ensañó contra la población más vulnerable, la más afectada, por lo cual se teme el incremento de la desigualdad del coeficiente GINI.

     En ciudades y comunidades sostenibles, en desarrollo del décimo primer objetivo de la agenda 2030 se logró identificar, antes del virus, que la población que habita los barrios marginales del mundo aumentó un 24 por ciento en 2018, que la mitad de la población urbana en el mundo tiene un acceso conveniente al transporte público —de 5000 metros a 1000 metros de distancia— y al espacio público —de 400 metros de distancia—. De igual forma, el aire contaminado respirado en las ciudades causó la muerte prematura, en 2016, de 4.200 millones de personas en el mundo. Una vez expande el Covid-19 en las ciudades, se establece que ellas tienen más del 90 por ciento de los casos en su perímetro.

     Antes de la pandemia mortal que nos abraza, el ODS que tiene que ver con la producción y consumos responsables, registra que las ciudades no dejaron de consumir los recursos naturales de manera insostenible. La huella de consumo material sobrepasó los 85 mil millones de toneladas métricas en 2017. Los desechos electrónicos aumentaron en un 38 por ciento, pero menos del 20 por ciento es reciclado. Los subsidios a los combustibles fósiles van a contribuir a una nueva crisis, más letal que la presente, la cual será conocida como el cambio climático.

     Y lo más preocupante: en la cadena de suministro de alimentos se está desperdiciando el 13,8 por ciento de ellos. Este ODS ha sido de los más complicados en el cumplimiento de sus metas dentro de las dos agendas que las naciones han tratado de implementar.

Del 10 al 13… Muchos objetivos se fueron al traste debido a la pandemia del Covid-19.

     En acciones frente al cambio climático, que es el décimo tercero de los ODS, ninguna autoridad mundial ha podido emplazar hacia su cumplimiento a las grandes potencias contaminantes. La comunidad internacional rehúye y pone oídos sordos ante las exhortaciones o conminaciones a respetar el compromiso necesario para revertir la crisis climática que se nos avecina, una actitud irresponsable de las potencias económicas, la cual podría aumentar la temperatura en 3,2 grados centígrados para el año 2100 y, con ella, provocar la desaparición de la especie humana. Ya 2019 fue catalogado como el segundo año más cálido de nuestra historia reciente. Preocupa, por igual, que de los 193 estados soberanos de 197 reconocidos por la ONU, solo 85 cuenten con estrategias nacionales de reducción de desastres alineados con el marco Sendái, el Marco de Sendái para la Reducción del Riesgo de Desastres 2015-2030 que se adoptó en la tercera Conferencia Mundial de las Naciones Unidas celebrada en Sendái, Japón, el 18 de marzo de 2015.

     Los recursos allegados para implementar las acciones por el clima y revertir el cambio climático han sido inferiores a las allegadas a la extracción de combustibles fósiles. En 2016 se destinaron para las acciones por el clima recursos por el orden de los 681.000 millones de dólares, mientras que para financiar la extracción de combustibles fósiles el monto fue de 781.000 millones de dólares, cien mil millones de dólares más a favor de a todo lo que nos destruye. Una vez entró en escena la pandemia del coronavirus, esta —¡quién lo creyera!— podría resaltar menos de 6 por ciento de gases de efecto invernadero aun sin alcanzar el 7,6 por ciento anual de reducción requerido para limitar el calentamiento global a 1,5 grados centígrados.

     Si en el anterior ODS se presentan complicaciones serias y delicadas para la tierra en general, la vida submarina es un infierno, un inmenso foso de contaminación por desechos sólidos mortales para las especies del mundo acuático, muy a pesar de que el área clave global de biodiversidad marina cubierta por zonas protegidas, aumentó del 30,5 por ciento en 2000 al 46 por ciento en el 2019, fruto de la aplicación de las dos agendas suscritas por la humanidad en el seno de las Naciones Unidas. Fruto de este accionar y de otras intervenciones al respecto, 97 países firmaron el acuerdo sobre medidas del estado rector del puerto, primer acuerdo internacional vinculante sobre la pesca ilegal y no reglamentada.

     Antes de la pandemia, la acidificación de los océanos se convirtió en una amenaza profunda para el medio marino y los servicios derivados del sistema, que son generador de vida y alimento. Si no se toman las acciones responsables necesarias para detener esa amenaza, y si la acidificación sufre un incremento entre un 100 y un 150 cincuenta por ciento, lo más probable es que la mitad de la vida marina sea afectada para el año 2100.

www.oscarcamiloserpareyes.blogspot.com – @serpareyes

Finalizará en la próxima Actualización.