Sonido Musical Instrument Digital Interface, MIDI: canción ‘Río de colores’

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Fernando Mora Rodríguez – 3138710837 navarquia@gmail.com

     Había una vez un río serio y solitario. No recordaba cuándo, sin duda hacía mucho tiempo, había decidido que no quería aguantar nada ni nadie, y echó de sus aguas a peces, plantas y cualquier otro animal que encontró. Y su vida pasó triste y solitaria durante muchos siglos.

     Un día, una niña llegó a la orilla de aquel río con una pequeña pecera circular. Dentro estaba Escamas, su pececito más querido, a quien había decidido dejar en libertad porque no podía acompañarle en su viaje a otro país.

     Cuando Escamas cayó al agua, sintió inmediatamente la soledad de aquel río. Escamas trató de hablar con el río, pero éste, muy serio, sólo le invitó a marcharse. Escamas era un pececillo muy alegre, y no quiso darse por vencido. Preguntó y preguntó, y nadó y nadó, y finalmente comezó a dar saltitos por el río…

     El río, con los saltitos, comenzó a reir, pues le hacían muchas cosquillas, y en poco tiempo se sintió de tan buen humor que comenzó a hablar con Escamas. Casi sin darse cuenta, antes del primer día se habían hecho muy amigos, y el río se pasó toda aquella noche pensando lo divertido que era tener amigos y lo mucho que los había echado de menos. Se preguntaba por qué nunca los tenía, pero no podía recordarlo.

     A la mañana siguiente, Escamas despertó al río con unos saltitos muy juguetones… y entonces el río recordó por qué había decidido ser un río tan serio: ¡tenía muchísimas cosquillas y no podía soportarlas! Ahora recordaba perfectamente cómo había echado a todo el mundo el día que decidió que ya no iba a aguantar las cosquillas ni un día más. Pero al recordar lo triste y sólo que se había sentido durante años, se dio cuenta de que aunque tuviera sus pequeños inconvenientes, siempre era mejor tener amigos y tratar de estar alegre.

Tomado de https://cuentosparadormir.com/

Dedos prodigiosos sobre los trastes y las cuerdas como si estuviera en acto de prestidigitación…

TOQUE A LO FARÁNDULA
Francisco Cristancho Camargo,
gloria de la música colombiana

     Dicen quienes le vieron ejecutar los instrumentos que él deslizaba los dedos sobre los trastes y las cuerdas como si fuera una prestidigitación. Cada nota se escuchaba como lo indicaba el pentagrama.

     Su nombre está enmarcado con letras doradas en el atrio de la gloria de la música colombiana.

     Quizá ahora, por falta de una adecuada difusión, no se distinga entre un bambuco, una danza o un pasillo, ritmos andinos que han fortalecido la cultura del país, pero no por ello se deje a un lado en las reuniones, conciertos y en las clases universitarias.

     Él compuso para las élites de excelente gusto y oído musical.

     Francisco Cristancho Camargo adelantó una carrera envidiable en el campo musical. Sus obras son tenidas en cuenta para las clases de quienes adelantan estudios de calidad musical.

     Él no desparramó notas en los pentagramas, sino que supo ubicarlas en cada línea porque sabía que su trabajo perdurará por siglos.

     Oriundo de Iza, Boyacá, donde nació el 27 de septiembre de 1905, desde muy joven se dedicó a la música. A la muerte de su padre, el coronel Belisario Cristancho, fue enviado a Tunja donde estudió en el Colegio Boyacá. Con otros compañeros conformó un trío de tiple, guitarra y bandola, en cuya ejecución fue un verdadero virtuoso. Ingresó a la Banda del Departamento y como platillero, logrando sufragar sus gastos.

‘Orquesta Universal’ y luego la ‘Orquesta Sudamérica’, que fusionó en la ‘Orquesta Ritmo’, fueron agrupaciones musicales creadas por Francisco Cristancho en Bogotá.

     Al terminar su bachillerato, ingresó al servicio militar, y de inmediato hizo parte de la banda marcial. Empezó a estudiar su instrumento favorito, el trombón, del cual sería un excelente ejecutante.

     Fue trasladado a Flandes, cuya cercanía a Girardot hizo posible su amistad con músicos de la costa norte, que confluyen en el puerto para llegar a Bogotá. En la capital ingresó en 1922 al Conservatorio Nacional de Música, llegando a ser parte de la Orquesta Sinfónica y, a la vez, entró como bandolista a la Estudiantina de Pedro Morales Pino. Poco después ingresaría a la Banda Sinfónica de la Policía. El maestro Morales Pino fue su gran padrino musical y lo motivó a componer.

     En 1929 conformó la delegación musical a la Exposición musical en Sevilla, España, junto a Emilio Murillo y Alejandro Wills, en representación de Colombia en la Exposición Universal de Sevilla. El maestro Cristancho decidió quedarse en Europa, ingresando a la Banda Nacional de España, y luego a orquestas, como las de Harry Fleming, la de Andrés Moltó y la de Marek Weber.

     En 1937, la guerra civil española lo obligó a volver a Bogotá, donde creó la ‘Orquesta Universal’ y luego la ‘Orquesta Sudamérica’, que fusionó en la ‘Orquesta Ritmo’ que se hizo famosa en las salas de baile de los hoteles Granada y Embajador en Bogotá.

     En 1939 nació la Orquesta Francisco Cristancho, siendo a la vez ejecutante como barítono solista y bombardino de la Banda Nacional.

     En 1940 contrajo matrimonio con la gran actriz Sofía Hernández, concibiendo su primer hijo, Francisco y años después a Mauricio. A la vez que ingresó a la Orquesta Sinfónica de Colombia, fue nombrado director artístico de la Emisora ‘La Voz de Colombia’.

Francisco Cristancho Camargo.

     En 1946 dialogó con su amigo Jorge Olaya Muñoz, quien como presidente del Sindicato Nacional de Músicos propuso la creación de una sociedad autoral.  Fue así como Francisco Cristancho conformó la primera Junta Directiva de la naciente Sociedad de Autores y compositores, Sayco. En su niñez, había estudiado con Gustavo Rojas Pinilla, quien, como presidente de la República, abrió las puertas a Sayco y los artistas de Colombia, expidiendo el Estatuto Nacional de los Medios de Comunicación, donde se obligaba a las emisoras a difundir la música del país.

     Entre 1950 y 1961, el maestro Francisco Cristancho se dedicó a viajar con su familia por Sudamérica, conformando un dúo, con el gran guitarrista el indio Mussapere, realizando conciertos.

     Sus obras folclóricas como ‘Bacatá’ ‘Torbellinos de mi tierra’, ‘Pa’que me miró’, ‘Tisquesusa’, ‘Bachué’, ‘Iza’, ‘Tequendama’, ‘Mi chatica’, son obras que enaltecen el pentagrama colombiano. Su hijo Francisco Cristancho Hernández, presidente de la Fundación Cristancho, conserva la Orquesta Francisco Cristancho, creada por su padre, y es también un brillante músico, compositor y arreglista.

     El maestro Francisco Cristancho Camargo, murió en Bogotá el 9 de febrero de 1977, pero su trabajo es analizado a diario por sus seguidores y amantes de la buena música. (Orbedatos)