¿Por qué no va más?

Un cronista imaginado, Inocencio De la Cruz —emergido desde las entrañas del diario El Pilón de Valledupar—, ha entrevistado al director en procura de una verdad verdadera: ¿Por qué no va más El Muelle Caribe?

NO VA MÁS

«Me dedicaré a perpetrar versos»

Por Inocencio De la Cruz

La imagen destacada: Ilustración armada por José Orellano para un texto de Alonso Ramírez Campo: ‘La carrera presidencial’

LA ENTREVISTA

Inocencio De La Cruz: —¿Por qué no va más?

José Orellano: «Razón principal: mi ‘puyografía’ ha quedado seriamente afectada tras el evento isquémico del 4 de septiembre de 2021, cuando nos preparábamos para celebrar las 300 actualizaciones de El Muelle Caribe, acto que, finalmente, celebramos sin contratiempos, felizmente».

IDLC: Pero has seguido escribiendo…

JO: «Sí, lo hago, pero con grandes esfuerzos… Un ejemplo: cuando mando el índice izquierdo a puyar la A, arrastra la Q, la W, la S, la Z… O roza la tecla ‘Bloq Mayús’ y me activa las mayúsculas, de lo cual vengo a darme cuenta cuando vuelvo la vista a la pantalla. Y tengo que convertir a minúsculas. Ya no existe el tino, la puntería precisa de antes, mucho menos la velocidad… Es más: creo que hay cierta afectación en lo cognitivo-motriz, por lo lento de la motricidad frente a la velocidad de mis ideas, y eso sí es bien jarto».

—¿Y la terapia?

«Muy bien, gracias».

—Esa, la razón principal… ¿Y las otras?

«Me cansé de lo que he venido haciendo… Ya no tengo la velocidad física —y de pronto hasta mental— de algunos años atrás… Hoy todo lo hago con extrema lentitud… Y me tomo mucho tiempo de descanso entre la organización de uno y el otro módulo o página o entrada: edición de los textos, búsqueda y organización en internet de ilustraciones —en páginas que no cobran, pngwing, por ejemplo—, diseño del módulo, todo eso demandando a veces hasta seis o siete horas seguidas para el logro final de un solo módulo. Durante algún tiempo llegué a publicar hasta 24 módulos, que requerían tres, cuatro días de trabajo casi continuo: anteriormente, de jueves a domingo o lunes festivo… Últimamente, desde la noche-madrugada del domingo más lunes y hasta el miércoles, aunque ya estábamos en solo 12 módulos. La lentitud de que hablo».

Una ilustración armada por el director con piezas gráficas de internet para una publicación de Jorge Agudelo Moreno,
el primero de los columnistas fijos de El Muelle Caribe. Trataba el tema ‘El suicidio en Colombia’.

—Cuando te refieres a la edición de los textos, ¿qué quieres decir?

«Que me leo los textos de todos los participantes antes de publicarlos… Que atajo detallitos, especialmente errorcitos de dedo, la forma… Que respeto el fondo, pero —cuando salta una duda— ajusto y consulto, claro está, con el autor… Difícilmente se encontraban errores en los textos publicados por El Muelle Caribe… De pronto sí los había en lo míos, porque uno mismo no los ve —me comí una palabra, por ejemplo y pasé de largo sobre el vacío al volver a leer una y otra vez—, porque uno lleva en mente lo que escribió o cree que escribió».

—¿La falta de ‘billullo’ por lo que haces puede ser otra causa?

«Esa causa también es bien fuerte… El ‘por amor al arte’ es loable, pero ese amor no puede ser eterno, mantenerse para siempre: bueno es el culantro, pero no tanto… Para el caso de El Muelle Caribe en la web, exigencia de un buen computador, de dotación de programas, de actualización no solo de conocimientos sino del derecho a los servicios de hosting, dominio y otros, los honorarios para el desarrollador web y para la diseñadora de portada y en fin… Y todo eso cuesta, nada es gratis… Entonces, mandarse la mano al dril para que el buen equipamiento genere producción cibernética periodística, pero nada de ganancia económica, es para ponerse a pensar, en especial si no se sabe vender publicidad ni convencer a posibles patrocinadores de un medio de comunicación. Lo último que invertí, solo en equipamiento tecnológico, asciende a 4 millones de pesos, que están ahí, sí, para que se desvalorice lentamente por el uso de esa ‘infraestructura web’ en procura del desarrollo de El Muelle Caribe, pero lo cierto también es que no genera réditos. Si esos cuatro millones los tuviera en un CDT obtendría alguna pichurria bancaria mensual, sería algo; pero si los hubiera prestado al 10 por ciento de interés me habría dado 400 mil pesos al mes… Desde febrero —cuando se hizo la última inversión— a este mes de julio ya habría obtenido dos millones de pesos, o más, de ganancia por la usura».

—¿Cómo estás de salud?

«Lo prostático, controlado con tratamiento… El paso de los años, ineludible: ahora «ya camino lento, como perdonando el viento» —Piero, ‘Mi viejo’—, aunque, si cupiera en lo físico, ahora ya camino lerdo, más que lento… Mi puyografía —escribir con los dedos índice— quedó seriamente afectada en el lado izquierdo, gracias al evento isquémico que padecí el 4 de septiembre: escribo en primera, no en quinta como antes… Por lo demás, satisfecho, a pesar de todo, de mis 71 casi 72… Una vez a la semana —vivo al norte, rumbo a Chía—, voy a caminarme el Centro Histórico de Bogotá y a beber tinto en cafeterías y cafetines populares, la otra Bogotá, aunque de vez en cuando lo hago en el Starbucks de la 19, allá en el centro… Y pasándola bien frente al plasma: películas a la lata, futbol del bueno y también del malo, documentales, programas especiales, en medio de los consabidos achaques de la tercera edad… Y, a veces, largas caminatas y uno que otro ejercicio físico… Y cuando quiero ver truculencia, ‘Caso cerrado’ de la doctora Polo…

La celebración web de las 300 actualizaciones.

—Entonces, ¿salud perfecta?

«Digamos, aceptable, en buena forma… No creo que, por ahora, me internen en una clínica… Tampoco creo que voy a morir pronto».

—En Facebook leí tu comunicado, publicado por el hombre de ‘Cuentos, poemas y algo más’, Víctor Hugo Vidal Barrios, en un propósito de mover donantes para financiar la sostenibilidad en la web de El Muelle Caribe, reversar tu decisión…

«Claro que lo vi y lo he seguido… Es una iniciativa motu proprio de mi apreciado amigo, mi hermano Víctor Hugo, y la valoro. Y tal como lo publico en el módulo Interacción, en esta actualización, la última de acuerdo con mis planes, «agradezco desde lo más profundo de mi alma, a Víctor Hugo, al Patriarca Joaquín Casamayor, a Gustavo Rafael Polo Rodríguez, a Margarita Rosa Bonett Locarno, a Abel José Rivera García, por su gesto, por su propósito, su deseo, pero la verdad es una sola: estoy agotado… El paso de los años y el noctambulismo me están pasando factura de cobro».

—Pero una muelletón pudiera ser beneficiosa…

«Dejemos que el agua del río corra por debajo del puente o los puentes… Dejemos a Víctor Hugo que avance hasta el final con su iniciativa. Dios quiera y le vaya súperbien… Si a él le va bien…».

—No más El Muelle Caribe… Ahora mismo, intentonas de narrador web en TikTok, presentando anécdotas de la vida real… Anuncio de hacer de tu sitio, a cambio de semanario, un blog para publicar, allí, «sin periodicidad establecida —¡cuando Dios quiera!—, algunas cosas mías en el momento en que las produzca y crea que vale la pena divulgarlas»… Me imagino que serán crónicas, reportajes, entrevistas, opinión, jodedera…

«Así es. Doy sepultura al semanario, pero sigo siendo periodista…»

—En tu entrevista con Edgardo Caballero dijiste que El Muelle Caribe era tu vida, que si dejabas de hacerlo semanalmente te morirías… ¿Entonces qué?

«Eso dije, en efecto, pero todo en la vida es susceptible de patrasearse… Y en esto me patrasée… Estoy cansado, abrumado, por Dios…».

—¿A qué otra cosa vas a dedicarte ahora sin el compromiso semanal contigo mismo, y tu grupo de compañeros y tus amigos, de sacar al aire tu Muelle?…

«Me propongo estudiar poesía… Aspiro leerme la vida y obra de los grandes poetas universales, los de ayer y los de hoy… Voy a perpetrar versos, como esos que publicaré al pie de esta auto-entrevista… Y es que, Inocencio, en esto radica el placer».

—¿Algo más que agregar?

«¿Quieres saber una cosa? Los miércoles, después de colgar, he sentido que se aferran a mi cuerpo, en especial hombros y nuca, dedos y muñecas, y también a mi mente, mil fantasmas en modo dolor y que me envían, a fin de que pase allí todo el jueves, a una reclinomátic para convertirme en prolongación de ese mueble… Y, entonces, desde esa posición, comienzo a repasar, mentalmente, Ciencias de la Comunicación:  Ah, los medios: comunicar con objetividad e imparcialidad y veracidad, y que, de acuerdo con su ideología, pueden especializarse en informar, educar, transmitir, entretener, formar opinión, enseñar, controlar, etc. Y me pregunto: ¿A dónde estaba yo?

RETOMA DE VERSOS

«¡Aquí va el viejo!»

Ahí viene el viejo,
mirando lejos,
refunfuñando,
muy quedo,
declamando,
entre dientes,
murmurando:
«Días hace que te huelo
—sin verte, te huelo—.
«Creo que me quisiste abrazar
cuando,
ensimismado en el descuido,
crucé la calle sin mirar:
yo andaba por las nubes, como ido:
¡Y, desde cuatros llantas frenadas, un chirrido!
Entonces, ¡te olí…!
«Después…
volví a olerte anoche,
como acurrucándote en mi lecho,
y hasta diría que te percibí
colgada del techo:
¡No solo te olí, creo que te vi…!
«Creo, sí,
no estoy seguro,
solo sé que yo me adormecía
o dormitaba
y tú rondabas
y, burlona, te reías,
a carcajadas, te reías,
eras tú, ¡lo juro!
«Ángel o demonio,
¡lo que seas!,
me propongo atraparte
una de estas noches de insomnio…
Y sin personificarte,
ahora te lo digo:
creo que pronto…
muy pronto, dormiré contigo…».
Y allá va el viejo,
mirando lejos,
refunfuñando…
Y entre dientes,
enojado,
murmurando:
«¡Aquí va el viejo!
¡Aquí va el viejo!
¡Aquí va el viejo!».
Bogotá, soleada, D. C., junio 27/2019