Antonio Quintero Palmera

Sandra Esther Mathiu Bovea

     Sandra Esther Mathiu Bovea, barranquillera, es una docente de matemáticas que se aficiona por escribir cuentos infantiles.

     Su producción literaria llega a El Muelle Caribe, teniendo por puente al psicólogo, poeta y escritor Caribe Antonio Quintero Palmera.

     Un par de meses atrás, la revista MaríaMulata, dirigida por Federico Santodomingo —del combo editorial SantaBárbara, que preside Alfonso Ávila— le publicó a Sandra Esther el cuento titulado ‘La niña que le tenía miedo a las letras’.

     Sandra Esther Mathiu Bovea, quien se desempeña en la docencia desde 1991, es egresada del colegio Normal Mixta de la Costa norte con el título de Maestra bachiller, licenciada en Matemáticas de la universidad del Atlántico y tiene una especialización en informática educativa de la universidad Areandina.

     «Te envío estos cuentos infantiles de una compañera docente a ver si ameritan publicación en el gran muelle Caribe», había de escribirnos Quintero Palmera.

     Bienvenida, pues, Sandra Esther, esa barranquillera que, en compañía de cuatro congéneres —“guerreras”, la llama ella—, participó en la fundación de la Institución que hoy lleva por nombre ‘Betsabé Espinosa’ (José Orellano).

     Esta es la historia de un perro que no a todos alegraba con sus ladridos, meneos de cola y sus constantes saltos, por eso su amo decidió llamarlo ‘Saltarín’. Le encantaba jugar con la pelota y morder muchos huesos, pero en especial dar grandes saltos.

     Sus vecinos lo conocían muy bien, porque de noche ladraba y aullaba y, con los otros perros, una sinfonía formaba y despertaba a las personas que a esa hora dormían y que, molestos, le lanzaban agua, zapatos y toda clase de groserías. Noche tras noche la situación se repetía, el dueño del perrito mucha vergüenza sentía

     El amo, ya cansado por la queja de sus vecinos, decidió darle solución al problema que causaba el perrito atrevido.

     A la mañana siguiente salieron a buscarlo, pero parece que ‘Saltarín’ sospechaba lo que iba a pasarle: lo buscaron en la sala, en el comedor y la cocina, pero no lo encontraban, pero sí hallaron un zapato roto y trozos de cortinas y mucho papel rasgado que parecía serpentina. A nadie se le ocurrió buscar por la piscina.

     Enfurecido estaba el hombre por todo lo que el perro había arruinado, se le notaba en su semblante: estaba muy agitado al cruzar el patio, pero había de quedar muy asombrado al ver al perro tras una mariposa haciendo piruetas con gracia y elegancia, ¡qué cosa maravillosa! Hasta que el amo no pudo más y soltó la risa. Estaba tan emocionado, que olvidó las causas por la cual estaba buscándolo.

     Al darle la comida le tocó organizar todos los desastres que el perrito dejó en el lugar. Se reunió la familia y entre todos acordaron que ‘Saltarín’ merecía un mejor trato…

     Desde muy lejos vinieron a verlo los dueños de un circo que, tras haber oído de sus travesuras, querían conocerlo para que, desde allí en el pueblo, entrara a hacer parte de un gran espectáculo y, de esta manera, poder explotar su gracia.

     Lo curioso de esto es que ahora sus quejumbrosos vecinos tendrían que pagar los boletos para lograr ver al perrito divertido. Se acabaron las querellas, se acabaron los pesares, ahora el perrito viviría rodeado de personajes que lo harían sentir cómodo e importante, mientras viajara por el mundo.

     Finalmente, el dueño se encontraba feliz al saber que, a partir de ahora, ‘Saltarín’ siempre vivirá contento.

Un libro para engrosar la biblioteca familiar.

Carmen Arévalo de Escorcia

     Con un ejemplar de su segundo libro de cuento infantil, ‘Tío conejo está enamorado’, la gestora cultural, bibliotecaria y promotora de lectura barranquillera Carmen Alvarado de Escorcia ha halagado al director de El Muelle Caribe.

     Se trata de una historia de ese irreverente ‘Tío conejo’ —con ilustraciones de Daniel Fajardo—, que no duda en enamorarse de ‘Tía venada’, la novia, nada menos, de ‘Tío tigre’.

     Un cuento divertido, tomado de la tradición oral, que la autora recrea para contarles a los niños —y a los grandes también—, cómo el pícaro conejo logra, una vez más, burlar al fiero felino. Al final de cuentas, ¡se sale con la suya!

     Historia de ficción transmitida de generación en generación y que es conocida por los niños de América Latina, pero que, ahora, tiene el toque muy personal de la autora.

     “Los animales de nuestra fauna, protagonistas de un ejercicio literario mediante el cual pretendo resaltar sus características principales: la astucia, la fiereza, la nobleza”, dice Carmen Alvarado de Escorcia, quien desarrolla su afición literaria con los animales hacia un público infantil, porque, precisa, “¡los cuentos infantiles populares no tienen fecha de caducidad!”.

El gesto de la autora: dedicatoria.

     Este es su segundo libro de cuento infantil, que el primero —comentado en El Muelle Caribe en septiembre de 2018— se tituló ‘Tío tigre y tres tristes… conejos muertos’, otra jocosa aventura endilgada a estos personajes que, igual que con el cuento reciente, ha trascendido varias generaciones para que el lector disfrute de tales relatos, repletos de una sabiduría tan importante que, aun contra los avances de las nuevas tecnologías, sigue transmitiéndose con el paso de los años.

     “Como padres de familias o tutores, leerles a sus hijos debe ser una de las cosas más importantes que hay que hacer para prepararlos hacia el futuro”, sostiene la autora.

     “La lectura es la base fundamental de los procesos de lectura y escritura, por medio de los cuales no solo se enriquece y se desarrolla la memoria del lector, sino que incrementa su imaginación y su creatividad y desarrolla la capacidad de escuchar”, agrega Carmen Arévalo de Escorcia, quien dio inicio a su carrera literaria escuchando y recopilando tradición oral.

     Además de sus dos libros de cuentos, la autora ha publicado artículos en prensa sobre lectura y libros de tradición oral en programas con madres comunitarias, entre otros.

     Durante más de 30 años trabajó en la Caja de Compensación Familiar, Comfamiliar, del Atlántico, en los programas bibliotecarios, culturales y de promoción de lectura.

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