Juan Pablo I, en la senda que lo hará santo

«Hacer alarde de lujo, despilfarrar el dinero, negarse a invertirlo, robarlo en el extranjero, no solo constituye insensibilidad y egoísmo: puede convertirse en provocación y acumular sobre nuestras cabezas lo que Pablo VI llamó ‘la ira de los pobres con consecuencias imprevisibles’», pontificaba.

     Nació en 1912, se ordenó de sacerdote en 1935, fue obispo en 1958, lo eligieron papa en 1978 y, ese mismo años, 1978, viajó a la Eternidad.

     Con 66 años de vida y 33 días de pontificado, este hijo de un obrero socialista —quien había trabajado durante mucho tiempo como emigrante en Suiza—, es protagonista de uno de los papados más breves de la historia: un poquito más de un mes, del 26 de agosto al 28 de septiembre de 1978. Tiempo justo para que reiterara el perenne cumplimiento de un pedido paterno cuando le fue dado el consentimiento para que ingresara al seminario: «Espero que cuando seas sacerdote, estés del lado de los pobres, porque Cristo estuvo de su lado». Palabras que, según sus biógrafos, Luciani pondría en práctica a lo largo de su vida.

Mucho se ha especulado en torno a la repentina muerte de Juan Pablo I, quien próximamente será beatificado.

     Nacido y bautizado como Albino Luciani en Forno di Canale —hoy Canale d’Agordo—, en la provincia de Belluno, región del Véneto, Italia, adquirió el nombre de Juan Pablo I como un homenaje para oficiar como papa y ahora será beato, después de que Francisco aprobó, el 13 de octubre reciente, el decreto que le reconoce un milagro: su intercesión en la inexplicable curación de una niña argentina que padecía una patología cerebral grave.

     Hace algunas semanas, la periodista Stefania Falasca, vicepostuladora de la causa para la canonización, había anunciado en el diario religioso ‘Avvenire’, que el consejo médico que examinó el caso de la niña argentina de 11 años «dictaminó por unanimidad que la curación era científicamente inexplicable». La sanación física había de ocurrir en Buenos Aires el 23 de julio de 2011 y los dictámenes médicos decían que la pequeña sufría de ‘encefalopatía inflamatoria aguda severa, enfermedad epiléptica refractaria maligna, shock séptico’ y que para entonces estaba al final de su vida.

     El cuadro clínico era muy grave, caracterizado por numerosas crisis epilépticas diarias y un estado séptico causado por una bronconeumonía. La iniciativa de invocar a Luciani la había tomado el titular de la parroquia a la que pertenecía el hospital, del que era muy devoto.

     Por disposición del papa Francisco, la Congregación para las Causas de los Santos ha sido autorizada para promulgar el decreto que reconozca el milagro de Juan Pablo I, un pontífice cuyo recuerdo —a pesar de sus 33 días de papado— ha permanecido, durante 43 años, en el corazón de la gente. Sólo se espera la fecha de la beatificación, que será fijada por Francisco.

     Albino fue ordenado sacerdote en 1935 y en 1958, inmediatamente después de la elección de Juan XXIII, que lo había conocido como Patriarca de Venecia, fue nombrado Obispo de Vittorio Veneto. Hijo de una tierra pobre caracterizada por la emigración, pero también muy viva desde el punto de vista social, y de una Iglesia caracterizada por grandes sacerdotes, Luciani participó en todo el Concilio Ecuménico Vaticano II y aplicó sus directrices con entusiasmo.

El Papa Juan Pablo I, cuando, en 1978, recibía en audiencia al entonces cardenal polaco Karol Józef Wojtyla. Wojtyła sería después el papa Juan Pablo II, continuidad al nombre, en homenaje a aquel. Captura de https://www.eluniverso.com/-EFE

     Pasó mucho tiempo en el confesionario y fue un pastor cercano a su pueblo. Durante los años en que se discutió la licitud de la píldora anticonceptiva, se pronunció repetidamente a favor de la apertura de la Iglesia sobre su uso, tras haber escuchado a muchas familias jóvenes.

     Tras la publicación de la encíclica Humanae Vitae, en la que Pablo VI declaró moralmente ilícita la píldora en 1968, el obispo de Vittorio Veneto promovió el documento, adhiriéndose al magisterio del Pontífice. Pablo VI, quien tuvo la oportunidad de apreciarlo, lo nombró patriarca de Venecia a finales de 1969 y en marzo de 1973 lo creó cardenal.

     Luciani, que eligió la palabra ‘humilitas’ para su escudo episcopal, fue un pastor que vivió con sobriedad, firme en lo esencial de la fe, abierto desde el punto de vista social, cercano a los pobres y a los trabajadores. Era intransigente cuando se trataba de la utilización sin escrúpulos del dinero en detrimento del pueblo, como lo demuestra su firmeza durante un escándalo económico en Vittorio Veneto en el que estaba implicado uno de sus sacerdotes. Durante su magisterio insistió, especialmente, en la misericordia.

     En Venecia, como Patriarca, tuvo que sufrir mucho por las protestas que caracterizaron los años posteriores al Concilio. En la Navidad de 1976, en el momento de la ocupación de las fábricas del polo industrial de Marghera, pronunció unas palabras todavía muy actuales: «Hacer alarde de lujo, despilfarrar el dinero, negarse a invertirlo, robarlo en el extranjero, no sólo constituye insensibilidad y egoísmo: puede convertirse en provocación y acumular sobre nuestras cabezas lo que Pablo VI llamó ‘la ira de los pobres con consecuencias imprevisibles’».

     Excelente comunicador, escribió un exitoso libro titulado ‘Illustrissimi’, con cartas que redactó e idealmente envió a los grandes del pasado con juicios sobre el presente. Concedió especial importancia a la catequesis y a la necesidad de que quienes transmiten los contenidos de la fe se hagan entender por todos.

     Tras la muerte de Pablo VI, Albino Luciani fue elegido el 26 de agosto de 1978 en un cónclave que duró un día. 

     El doble nombre era ya un programa: al unir a Juan y a Pablo, no sólo ofrecía un homenaje de gratitud a quienes lo quisieron como obispo y cardenal, sino que marcaba un camino de continuidad en la aplicación del Concilio, cerrando el paso tanto a los retrocesos nostálgicos en el pasado como a los saltos incontrolados hacia adelante.

     Abandonó el uso del ‘nosotros’, del plural maiestatis, y en los primeros días rechazó el uso de la silla gestatoria, pero solo cedería frente a la petición de sus colaboradores cuando se dio cuenta de que al proceder a pie las personas que no estaban en las primeras filas tenían dificultades para verle. Las audiencias de los miércoles durante su brevísimo pontificado fueron encuentros de catequesis: hablaba sin texto escrito, citaba poemas de memoria, invitaba a subir a un niño y a un monaguillo y les hablaba.

Durante los primeros días de su corto pontificado rechazó el uso de la silla gestatoria… Después cedería.

     En un discurso improvisado, recordó haber pasado hambre de niño y repitió las valientes palabras de su predecesor sobre los «pueblos del hambre» que desafían a los «pueblos de la opulencia». Sólo salió del Vaticano una vez, en las bochornosas semanas de finales del verano de 1978, para tomar posesión de su catedral, San Giovanni in Laterano, y recibió el homenaje del alcalde de Roma, el comunista Giulio Carlo Argan, a quien el nuevo papa citó el Catecismo de San Pío X, recordando que «entre los pecados que claman venganza ante Dios» estaban «oprimir a los pobres» y «defraudar a los trabajadores de su justo salario».

     Había de morir repentinamente la noche del 28 de septiembre de 1978. Lo encontró sin vida la monja que le llevaba el café a su habitación cada mañana. En pocas semanas de pontificado, había entrado en el corazón de millones de personas, por su sencillez, su humildad, sus palabras en defensa de los últimos y por su sonrisa evangélica.

     Se han construido muchas teorías en torno a su repentina e inesperada muerte, con supuestas conspiraciones utilizadas para vender libros y producir películas. Una documentada investigación sobre la muerte, que cierra definitivamente el caso, ha sido firmada por la vicepostuladora del proceso de beatificación, Stefania Falasca —Cronaca di una morte, Libreria Editrice Vaticana—.

     La fama de santidad de Albino Luciani se extendió muy rápidamente. Muchas personas le han rezado y le rezan. Ppersonas sencillas e incluso todo un episcopado —el de Brasil— han pedido la apertura del proceso que ahora, tras muchas meditaciones, ha llegado a su conclusión: Juan Pablo I será beatificado prontamente. Lo desean santo (Con información de GRS-Prensa).