La Ley 388 de 1997 (https://www.youtube.com/watch?v=Q6M1b-4cjuI ) en su capítulo IX, desde el artículo 73 al 90, define el concepto y el mecanismo para el cobro de la participación en plusvalía urbana (https://www.youtube.com/watch?v=LiTs7Ys8Y_U ) a que tiene derecho la ciudad, como promotora y defensora de los nuevos usos del suelo en que ha sido diseñado el ordenamiento del territorio.

     Cumpliendo cabalmente los tres principios fundamentales que se requieren para el ordenamiento territorial, conceptualiza también los tres hechos urbanos generadores de plusvalía a tener en cuenta y las siete destinaciones específicas en que se han de invertir todos los recursos económicos obtenidos en su recaudo, cuyo objetivo general propende por el logro de una imagen de ciudad más sensata y responsable con el ciudadano.

     El acuerdo número 004 de 2002 que adoptó nuestro Plan de Ordenamiento Territorial, POT, estimó conveniente para el cobro de la plusvalía el valor menor contemplado en la Ley, que oscila entre un 30 y 50 por ciento.

     Una vez aprobado el POT, el alcalde de turno licenciado en ciencias biológicas Alfredo Arraut Varelo y los subsiguientes mandatarios municipales como Rosa Estela Ibáñez Alonso, los encargados temporales debido a las complicaciones judiciales que padeció la funcionaria de turno por malos manejos administrativos y los electos, fueron complacientes, por acción u omisión, ante el incumplimiento de la norma.

     Vale precisar que los encargos administrativos fueron asumidos por Haroldo Noguera, Dayana Acosta Madiedo, Jorge Iglesias Viloria y Modesto Aguilera, hasta cuando llegó la titularidad del administrador público Antonio Fernando Castillo vencedor de las elecciones atípicas efectuadas en la ciudad, una vez fuera destituida y condenada por la Procuraduría General de la Nación la alcaldesa en comento.

     Posteriormente, surgieron las figuras electas del arquitecto José Zapata Guerrero, el administrador de empresas Franco Castellanos Niebles, el abogado, periodista y exnotario de la ciudad Joao Herrera Iranzo y el actual burgomaestre, administrador de empresas Rodolfo Ucrós Rosales, quien apenas lleva seis meses en el poder.

     La Ley determina cinco días hábiles una vez fuera debatido y adoptado el POT, para solicitar se proceda a estimar el mayor valor por metro cuadrado de la zonas o subzonas consideradas para el cobro de la participación de la ciudad en la plusvalía generada, que están señaladas en los planos: EU10 y EU11 del POT de Soledad vigente, cuyo encargo por disposición de la Ley le correspondía asumirlo, una vez notificado por la autoridad competente, al Instituto Geográfico Agustín Codazzi, o la entidad que hiciera sus veces, así como también los peritos avaluadores debidamente inscritos en las Lonjas o Instituciones análogas.

     Estos disponían de sesenta días hábiles, a partir de la firma del convenio administrativo suscrito por las entidades públicas o privadas contratadas, para desarrollar la labor encomendada y determinar los valores comerciales reales del incremento de los predios correspondiente de la zonas y subzonas referenciadas en los planos del POT que hacen alusión a la plusvalía. Lastimosamente, como todo en Soledad y en otras ciudades del país, han pasado dieciocho años y seis meses desde la adopción del POT en nuestro territorio de diversidad y complejidad, que ninguno de los ex alcaldes y ex concejales que ejercieron sus labores asignadas en la ley, se sintieron motivados para implementar tal acción, lo que implicó que aún sigamos inalterables, intactos y puros como las beatas solidarias de ‘María santísima’ y la ‘hermana sor caridad de los milagros’.

     Así están, sin hacer el más mínimo esfuerzo para reglamentar la ley sugerida y el porcentaje del treinta por ciento dispuesto en el POT que nos hubiese permitido cobrar esos dividendos económicos que no son retroactivo según la sentencia del Consejo del Estado número 25000-23-27-0002010-00458-02, participación en plusvalía a que tiene derecho la ciudad y que no llegó a las arcas de la hacienda pública municipal por las razones expuestas. Esos ingresos nos hubiesen permitido transformar y desarrollar la ciudad como bien lo contemplaba el POT vigente en sus proyectos de corto, mediano y largo alcance.

     Llama poderosamente la atención, con relación al cobro de la plusvalía en las ciudades que han aplicado y reglamentado este instrumento de gestión de suelos en sus territorios (https://www.eltiempo.com/economia/sectores/en-colombia-poco-se-gestiona-el-cobro-por-plusvalia-del-suelo-269188), que una vez evaluadas por el Departamento Nacional de Planeación, DNP, solo representan el cuatro por ciento, lo que en términos cuantitativos representa a cuarenta y nueve municipio del total de los mil ciento uno que conforman la nación colombiana. Con relación a la región Caribe, solo dos ciudades han implementado la recuperación de la plusvalía: Montería y Galapa. En esto de la implementación del cobro en las demás regiones del territorio colombiano, nos llevan una ventaja abismal. Solo en Cundinamarca, según información del DNP, trece de sus  ciento dieciséis municipios la implementaron con las exigencias de ley estipulada.

Gachancipá, en Cundinamarca, tiene implementado el instrumento de gestión de suelos para desarrollar sus territorios. Soledad, no.

     Ninguno de estos municipios de Cundinamarca a excepción del Distrito Capital y las ciudades capitales de otros departamentos, tienen los atributos que presenta la ciudad de Soledad, ya sea en infraestructura institucional y en lo económico, lo social y lo ambiental. Sin embargo, se sorprende uno cuando ciudades en Cundinamarca como Funza, Madrid, Gachancipá, Chía, Tocancipá, Cajicá, Mosquera, Sesquile, Tenjo, Facatativá, el Rosal y Zipaquirá, así como en Medellín, Envigado, La Ceja, Marinilla y Rionegro, en Antioquia; Villavicencio, en el Meta; Piedecuesta, en Santander, y ciudades capitales como Pereira y Manizales hayan implementado este tipo de instrumento de gestión de suelos para desarrollar sus territorios.

     La sorpresa que nos causa no es por esas ciudades, sino por Soledad, que desde el 19 de enero del año 2002, una vez se adoptó el POT vigente —el cual incluía el porcentaje a recuperar de la plusvalía urbana con un valor a cobrar sobre la base del treinta por ciento en su territorio—, todavía adolezca de la falta de aprovechamiento de este instrumento de gestión del suelo por la acción u omisión de sus gobernantes que, orondos y lirondos, le han causado un detrimento patrimonial incuantificable a la ciudad, al no implementarla ya sea por iniciativa propia del alcalde o de los concejales de turno, detrimento patrimonial que no ha sido investigado por ninguna de las “ías” estatales, para penalizar las desgracias urbanas que ha sufrido la ciudad propiciadas por sus mandatarios de turno. Clásica minusvalía de gobierno, no hay duda.

     Como ya lo mencionamos anteriormente, una de las ciudades de la Costa Atlántica que tiene reglamentada e implementada la participación en plusvalía urbana es Montería, y el fruto de su cobro por parte de la secretaría de hacienda de su alcaldía se ve reflejada en la construcción y recuperación ambiental de la ronda del Sinú, que se ubica entre el rio que lleva el mismo nombre (https://www.youtube.com/watch?v=rM-C3pcumE0) y la concurrida avenida primera de la ciudad, esta ronda se encuentra cargada de espacios de convivencia ciudadana como teatros al aire libre, senderos peatonales, cafeterías, heladerías, locales  comerciales para la venta de artesanías regionales, bibliotecas, restaurantes, puntos digitales, ciclorutas, miradores turísticos, zonas de recreación pasivas y activas, auditorios comunales, espacios para exposición de pinturas artísticas etc. También recuperó la totalidad de sus andenes (https://www.youtube.com/watch?v=0A7GS1HsHrQ) en su centro histórico y varios sectores de barrios populares, ampliando los aceras completamente, para facilitar el tránsito peatonal sin diferencias, conforme a la exigibilidad de la Ley 361 de 1997, en lo que tiene que ver con el rompimiento de las barreras arquitectónicas para personas con discapacidad, los ancianos, las mujeres en estado de embarazo y los niños (as).

     Desarrolló de igual manera, con todas las dificultades posibles, un Plan maestro de cambio climático (https://www.youtube.com/watch?v=-n0UlNkdNwM), que procura una prospectiva urbana, social y ambiental bajo los parámetros de la sostenibilidad y sustentabilidad que recomiendan los protocolos consensuados a nivel de países que reconoce las Naciones Unidas para el desarrollo de las ciudades emergentes. Montería, dentro de sus acciones de gobierno más ambiciosas y significativas contempladas en dicho plan, espera realizar el proyecto piloto que pretende abarcar una red de escuelas, el alumbrado público, los edificios de gobierno y algunas sedes de empresas privadas, para que obtengan sus energías, requeridas para sus actividades, directamente del sol.

Urbanismo táctico que se viene desarrollando en los andenes del centro histórico de la ciudad de Montería

     Hace seis años Montería, conjuntamente con Medellín, que también cobra la plusvalía, superaron un filtro de ciento sesenta y seis ciudades en el mundo, que se disputaban la competencia auspiciada y liderada por el fondo mundial para la naturaleza (WWF) denominada “Desafío de las ciudades a la hora del planeta” y ambas quedaron seleccionadas junto con treinta y tres ciudades más de reconocimiento mundial por su entrega denodada en la lucha contra el cambio climático, ciudades que entraron a participar por el galardón de la sostenibilidad urbana, que finalmente obtuvo Montería el 27 de marzo de 2014 en Vancouver – Canadá  (https://www.elespectador.com/noticias/medio-ambiente/monteria-gano-premio-como-la-ciudad-sostenible-del-planeta/ ).

     De igual manera el 14 de septiembre de 2018, a nivel nacional, la capital de Córdoba recibió el premio ‘One Planet City Challenge en Colombia’, entregado durante la ceremonia del el Global Climate Action Summit, realizado en San Francisco (EEUU), premio entregado por el líder de clima y energía de la WWF, Manuel Pulgar. (https://www.youtube.com/watch?v=fJjfOPTe52M )

La Ronda del Sinú a la margen del rio que lleva su mismo nombre.

        A nivel del Atlántico, Galapa es el segundo municipio en el contexto de la Costa Atlántica que reglamentó, por intermedio de un acuerdo municipal, la participación en plusvalía desde el 2008, pero lastimosamente no ha sido puesto en práctica su cobro efectivo por las dificultades presentadas en la actualización de sus predios urbanos y las decisiones políticas disruptivas a la continuidad del cambio aprobado, acción de simpatía para favorecer a los amigos copartidarios garantes de sus curules, por lo cual se han perdido cuantiosos recursos económicos al no cobrar la plusvalía que generan las construcciones de bodegas industriales que desarrolla su territorio, cuyo proyecto semilla de gran valía la inicia la Zona Franca Industrial del Atlántico (https://www.youtube.com/watch?v=pw4iIpOEW0g), conocida como ‘ZOFIA’.

     Es importante destacar en Galapa su deseo por cumplir con las exigencias de Ley, que permitirán obtener ingresos que harán de su territorio un vividero más digno, si asume con responsabilidad y decisión de temple ético la implementación de dicho Acuerdo municipal.

La Zona Franca Industrial de Galapa, sobre la carretera ‘La cordialidad’.

     Entrando ya en nuestro accionar diario como ciudad, llama poderosamente la atención que en estos últimos años de gobierno de elección popular, en el seno del Concejo de Soledad (https://www.youtube.com/watch?v=nlCB-T6fuS8) se debatan con sumo interés y en forma candente, los presupuestos de las vigencias fiscales de cada año, y nunca se hable de la incorporación de estos mecanismos de gestión de los suelos, que generan recursos importantísimos y valiosos, para incrementar nuestro presupuesto fiscal y dejar de adolecer de falta de plata para desarrollar las mejores propuestas urbanas que faciliten la realización de la ciudad que realmente necesitamos.

     Pero lo que más me llama la atención, y quiero que no se entienda peyorativamente, es la ‘pasividad no intencional’ tanto del actual alcalde como de las fuerzas nuevas y llenas de juventud de los representantes del hemiciclo co-administrativo de la ciudad. Todos ellos, al igual que sus predecesores, siguen restándole importancia a la plusvalía urbana y no han provocado hasta el momento el debate de este instrumento de gestión de suelos dentro de sus iniciativas aprobadas por acuerdos, que harán posible ese sueño urbano propuesto en el POT y que tanto hemos anhelado: ver a Soledad liderando la innovación y la creatividad de las ‘Smart Cities’ en el mundo, que implicaría un cambio ingente de este territorio en crisis,  que nos pone a caminar como zombis ‘en busca  de la felicidad’ que nos ha sido negada por mucho tiempo irresponsablemente, y de la cual hace referencia, con mucha agudeza, el escritor británico Bertrand Russell en su novela de esperanza y vida ‘La conquista de la felicidad’.

     Mientras los grandes inversionistas nacionales y extranjeros como la cadena comercial Éxito, las supertiendas y almacenes Olímpica (SAO), la multinacional Makro, el centro comercial Puerta del Sol, las estaciones de servicio, las empresas de telecomunicaciones Tigo, Claro y Movistar, la cadena de almacenes Tierra Santa, los restaurantes, las clínicas médicas particulares, los sedes de EPS e IPS, las urbanizaciones residenciales con altura superior a 5 pisos, al igual que las urbanizaciones que desarrollan las VIS y VIP —aquí la ciudad se reserva el derecho de cobrarles o no la participación en plusvalía—, las unidades residenciales particulares, las sedes bancarias, los parqueaderos, los estaderos, los casinos, las bodegas comerciales e industriales, Servientrega, el centro comercial Carnaval, toda el área de expansión urbana que ha sido ocupada con construcciones de cualquier tipo, las construcciones de desarrollo prioritario en los vacíos urbanos, etc., no han pagado un solo peso correspondiente a la  participación en plusvalía urbana, muy a pesar que se construyeron en la vigencia del POT vigente y respetando las normas contenidas en su estatuto urbano que, en términos numéricos, expresados en metros cuadrado licenciados y construidos en Soledad, representan una cifra considerable, difícil de cuantificar en pesos colombianos.

Centros comerciales: Carnaval, Plaza del Sol y Nuestro Atlántico y otros, a los que no se les que no se les cobró la plusvalía urbana por no estar implementada en la ciudad.

     Termino diciendo en forma respetuosa que en Soledad no podemos asumir el síndrome del avestruz (https://www.youtube.com/watch?v=MHF3J4PenHs) para perdernos de la realidad del efecto plusvalía al que se le ha temido, con mucho miedo hasta ahora. Debemos asumir una actitud responsable en la defensa de la ciudad o no veremos la belleza de la vida y sus relaciones armoniosas entre las conductas humanas urbanas, depositarias y ejecutantes de un nuevo amanecer para la ciudad que sigue oculta bajo el manto de la noche espesa de la ingobernabilidad. La minusvalía gobernante.

Mientras no se quiera ver la realidad de esa clara luz del POT vigente y sus instrumentos de gestión de los suelos, se impondrá el síndrome del avestruz, el cual condicionará a los soledeños a ver siempre la imagen sempiterna de una ciudad lúgubre y oscura que, más temprano que tarde, ¡colapsará inevitablemente!

     La pesada y tormentosa carga heredada de los que no han querido la transformación de la ciudad en mucho tiempo, entregan al alcalde electo y a sus co-administradores las convulsiones de infartos sistemáticos de una urbe exangüe. Estas convulsiones no pueden seguir destrozando los sueños de los que queremos una ciudad en forma de arco iris para nuestras vidas.

     Alentemos los deseos de desarrollo que cambian las imágenes de las ciudades emergentes. Medellín y Montería no se equivocaron en sus apuestas para la transformación de sus desarrollos territoriales. Después de un largo trabajo de sus administradores, hoy cabalgan sobre los reconocimientos que el mundo les otorgó por sus logros obtenidos en el cumplimiento de la sostenibilidad para sus futuras generaciones. Soledad no puede ser la excepción ante estas realidades. O comenzamos aligerar la carga del retroceso desde ahora o sucumbiremos ante el miedo impuesto de la desesperanza urbana.

www.oscarcamiloserpareyes.blogspot.com www.wix.com/arquitecturaycolor/3, twitter: @serpareyes