La pandemia convirtió el Centro Histórico en un paraje desolado.

     Meses de cuarentena afectaron nuestra salud, nuestras finanzas, nuestras emociones y hasta nuestras esperanzas. Pero poco a poco iremos recobrando el equilibrio para disfrutar de nuevo todo lo que nos quitó la pandemia del coronavirus. Cartagena aguarda paciente y confiada. Espera que todos entendamos su necesidad de volver a ser la ciudad alegre que recibe a sus visitantes con afecto, la que se viste de fiesta para que todos disfruten de su encanto y sus hijos se sientan orgullosos.

     Hemos estado como ermitaños forzados pero pronto volveremos a la playa, nos sumergiremos en el mar, contemplaremos el vuelo acompasado de los alcatraces, nos dejaremos acariciar de la brisa sobre las murallas, recorreremos las estrechas calles del Centro Amurallado, tomaremos una Kola Román y agradeceremos la rica y variada comida que nos ofrecen los restaurantes con sabores de todas las naciones.

     Nos engolosinaremos una vez más con los dulces del portal y la música de Fidel. Escucharemos los pregones olvidados, leeremos un poema en las bancas del parque de Bolívar, miraremos como nueva la torre del Reloj, recorreremos el camellón de los Mártires, cruzaremos el parque del Centenario, volveremos a disfrutar arte escénico, musica, talento literario y Sabrosura en el teatro Adolfo Mejía, miraremos las flores moradas en los balcones de San Diego, nos sentaremos a conversar en los pretiles de la iglesia de la Trinidad para que otra vez nos enamore su plaza encantadora y los susurros calurosos de los poemas de Pedro Blas.

     Retornaremos a Bazurto para degustar los platos de pescado más sabrosos del Caribe, bajaremos a La Boquilla para recordar las caricias salitrosas del mar en las tardes azuladas y el claroscuro de sus manglares preñados de jaibas y silencios cautivantes, iremos a las islas del Rosario que es como visitar el paraíso, tomaremos un trago pata e’garza para brindar felices por el retorno a la vida en plenitud.

     Será poco a poco porque así lo exige la nueva realidad. Iremos con cautela, sin prisa pero con los cinco sentidos dispuestos para ver, oir, oler, degustar, tocar, sentirnos más vivos que nunca. Porque habremos recobrado el placer de la libertad, de salir y escoger lo que más nos apetece.

     Muchos negocios en la ciudad, del Centro Historico y Getsemaní han cerrado sus puertas, otros apenas sobreviven, todos necesitan apoyo. El abrazo simbólico de cariño y solidaridad es ir a los que permanecen, entrar, pedir la carta, ordenar, degustar. Es cierto que la mayoría de los bolsillos también están resentidos pero quienes tienen posibilidad de ir deben hacerlo, por gusto y acompañamiento. En crisis como esta que nos cambió la vida, no hay nada más agradable que un gesto o una palabra de aliento.

     Los primeros visitantes del mar, las playas, los restaurantes, los bares, las calles, los monumentos, las islas, los parques, el teatro, seremos los propios cartageneros. Después, sin prisa, irán arribando los turistas del país y el mundo, por tierra, por aire, por mar. Tenemos la obligación de ofrecer una casa limpia, hospitalaria, ordenada, respetuosa para que quienes vengan queden eternamente enamorados y deseen volver. Comprometernos en una cruzada por el rescate de las buenas prácticas en el turismo es necesario. Tambien, tener en el horizonte la imagen de una Cartagena nueva, que se levanta de otra batalla que la ha dejado exhausta pero que, recordando su pasado glorioso, le da las fuerzas necesarias para erguirse por encima de todas las adversidades.

     Cartagena debe seguir airosa, esperando a sus nuevos visitantes para ser admirada, querida, mimada. Se mantiene imponente, hermosa, irrepetible porque guarda en los pliegues de su vestido de piedra una historia que conmueve y enamora. Quiere seguir contándola a los visitantes del mundo. A los que ya la escucharon, a los que regresarán, y a quienes llegarán a recorrer sus calles, admirar su arquitectura, disfrutar sus noches mágicas y aturdirse con los atardeceres repletos de colores. Aquellos colores inigualables que hechizaron la imaginación de Alejandro Obregón, el artista que los convirtió en arte y los dejó plasmados en el lienzo y el mural para testimoniar que solo en una ciudad mágica como Cartagena, pueden darse estos milagros de la naturaleza y el talento.

Original de El Universal de Cartagena

     José Orellano: EL MUELLE A LAS 8:00 PM
www.elmuellecaribe.co

     7:45 de la noche del domingo 13 y ya se cuelga en la web El Muelle Caribe… Veinte – 22 temas, en 14 secciones, para el deguste de todos… Tres o cuatro firmas, aplazaron su nota, pero estarán en la próxima muy bien afinados… Por favor: lean, comenten, compartan…
www.elmuellecaribe.co

     MiguelFernando Sánchez Vásquez: 🛑 ¡Tenacidad, constancia, berraquera… amor supremo por lo que uno hace…! ¡Como atrevido quijote de nuestro estadio cultural pido de pie una ovación total para ti, apreciado Jose! ¡Un gran abrazo, hermano! 🙏👏👏👏

     Jorge Alfonso Sierra Quintero: Me adhiero a lo dicho por el amigo Miguel Fernando Sánchez Vásquez y añado: El Maestro José Orellano cada vez está lanzando mejor pelota: No la ven los bateadores. Ahora hasta se nos adelanta con la salida de “Muelle caribe”, para el regocijo de todos. ¡Gracias José, abrazos afectuosos!

     Eliecer Villar Jiménez: Interesante tu historia José, de verdad que me gustó el título Aquella Morgana llamada Olguita… Muelle Caribe entre más lo lee uno se enamorado los temas. Felicitaciones

     Jacqueline De la Cruz: Excelente… Me encanto el articulo ‘Aquella Morgana’.

     Gustavo Torres: Excelente crónica la de la Morgana… Abrazos.

   Iván Contreras: Saludo José…Te veo muy acucioso con Muelle Caribe

     José Orellano a Iván: Las exigencias de ver correr el tiempo, resistiéndose a la inmovilidad, tanto mental como física.  Gracias.

   Iván Contreras: Buen día.

     Jaime Gómez: José, interesante volver a vivir esos recuerdos. Es verdad que es vital. Gracias José. Hermosos recuerdos.

     Bladimiro Cuello Daza: El hermano estibador feliz, con el regalo de la nueva estrella (la de Junior Super Copa).

     José Francisco López Fontinelle: Usted como siempre José Francisco, en la juega al pié del cañón, en la precisa. No hay tutía.

     Adib Navarro NaménJosé Orellano, recibe mi fraternal abrazo y mis felicitaciones por todas tus puntuales publicaciones. Gracias por tenerme presente.

     Ricardo Giammaría León: Gracias por mantenernos tan bien informados, José.

     Víctor Hugo Vidal: Gracias José Orellano por tu constancia y entrega a Muelle Caribe. Un abrazo fraternal por permitirme difundir un pequeño pero sentido homenaje al Patriarca de Macondo: Joaquín Casamayor.

Mireya Pastrana, la voz…

     Noris Taboada: Como me hubiera gustado conocer a papá chango. ¿Ya terminó la historia? Si es así, comienza otra. Historias hermosas es lo tenemos que leer para evitar el estrés. Gracias👍

     Willy Martínez: A papá Chango le pesaban esas muñecas.

     Joselyn Blanco: Cada vez me dejas con más ansias de leer.. Espero la próxima entrega 😉 Debe ser genial compartir un café con usted y escuchar tanta historia desde el corazón.

     Poeta José Hereira: Maravillosa narración, apreciado Eduardo. Qué hermosura ese sentimiento de familia. Espero la continuación. Yo creo que con esa voz en primera persona puede revelarse una hermosa novela. El tono es hermoso, de aplomo y dignidad, y es una reflexión universal.

     Julio Sierra Domínguez: No dejo de leerte. Pero ahora mi interés es mixto. Y las voy a juntar como textos referentes.

     Maríaketty Figueroa: ¡Texto hermoso!

     Boris García: Me llegó el recuerdo de ‘El mono’ Franco. Los cuentos de Mireya, entre nostalgia y amor, ¡ayudaron a construir nuestra verdad sentimental! Acabo de leer a Papa Chango. La imagen de su alma en destello azul es muy conmovedora. Que gran relato. ¡Mireya lo contó bonito! Tú lo escribes desde un sentimiento puro, con tinta indeleble.