Por José Orellano

     El Muelle Caribe entra en la recta final rumbo a su actualización 250.

     Su propósito gráfico sigue siendo el mismo desde su aparición —por vez primera— en la web: formato semejante al de un tradicional periódico de papel, fotos enmarcadas por el discurrir del texto, páginas con varios temas, especialmente las informativas; titulares desplegados en gran tamaño de fuentes: ¡Buscando impactar! Y color, full color.

     Desde el arranque nos propusimos no apostarle al bloque casi compacto de arriba abajo —a la usanza web—, eso que en periodismo de papel figuraría, gráficamente, como una pared bien alta y muy angosta, aunque de pronto un ‘ladrillo’. Que para nada nos estamos refiriendo al contenido.

Escenas de la múltiple veces galardonada película argentina ‘El ciudadano ilustre’, protagonizada por Óscar Martínez, dirigida por Mariano Cohn y Gastón Duprat y escrita por Andrés Duprat: las peripecias, no todas agradables, de un escritor en su pueblo natal, al que visita cuarenta años después de haber salido…

     Quizás algo de romanticismo, nostalgia imperecedera: aquellas páginas de Diario del Caribe, menos de un año; de El Heraldo, cualquier cantidad de veces, en casi un cuarto de siglo; La Libertad, su fundación y dos meses más; El Informador, tres ocasiones en línea ascendente de cargos, y en El Pilón, un año para la experiencia de manejar un semi-tabloide diario, todos los cuales se imprimieron bajo la impronta de nuestro concepto gráfico en periodismo, empírico, aunque fundamentado en seminarios-taller de Andiarios, hoy Asociación Colombiana de Medios de Información, AMI; de la Sociedad Interamericana de Prensa, SIP, y de la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano, otra idea cristalizada del nobel Caribe de Literatura Gabriel García Márquez.

     Nuestra impronta, que también se explayó en revistas: ‘Miércoles!’, ‘EH Deportivo’, ‘EH Dominical’ y ‘VSD’, las cuatro, de El Heraldo, y ‘La separata’ de El Informador. Y El Muelle Caribe en papel, diez ediciones, hace casi 20 años.

     Cuando comenzamos con El Muelle Caribe en la web el 9 de febrero de 2015 —no nos cansamos de repetirlo— el objetivo era uno solo: egocentrismo con toques de hasta narcisismo, que bien lo dice Daniel Mantovani en ‘El ciudadano ilustre’. «Todos los escritores somos egocéntricos, autorreferenciales, narcisistas y vanidosos. Creo que eso constituye una herramienta absolutamente imprescindible para la escritura. El lápiz, el papel y la vanidad, sin eso no se puede escribir nada».

     Para febrero de 2015, un solo autor —‘estibador’ le llamamos— figuraba con diversas notas: quien esto escribe, en pronunciado ‘yoismo’, pero con sus seudónimos —‘sinónimos’, nos recomendaría decir algún extinto contratante— Inocencio de la Cruz y El Monje. Y fueron las sugerencias de amigos, especialmente las de José Bolaño Cienfuegos, las que habían de llevarnos a ejercer más periodismo que egocentrismo y cuando comenzábamos a hacer ese giro, de un momento a otro, El Muelle Caribe se fue llenando de firmas.

     Hoy, cinco años después, en una Actualización —así bautizamos cada edición, precisamente para diferenciar términos más no realidades: cada número de cualquier medio del mundo es una actualización— publican, mínimo, diez autores de opiniones, crónicas, reportajes, entrevistas, informes especiales, ensayos, novelas por capítulos, cuentos, poemas, relatos y alguna que otra noticia, ni tan noticia, que preferiríamos decir información, porque noticia, desde su connotación en inglés: new, nueva; news, noticias, deja de serlo en un santiamén, con más razón para un hebdomadario como este. Como dirían esos beneméritos y respetables viejos mucho más viejos que nosotros, “más dura un pandero en la puerta de un colegio, que una noticia como hecho nuevo”, aunque hoy no sean panderos, sino otros los estimulantes que invaden los entornos escolares. Y volviendo al tema, una gran verdad de lo actualizado: cinco minutos después de dada a conocer una noticia, ya es “un periódico de ayer”, como el amor en la canción de Héctor Lavoe.

‘Eco-alizando lo que decimos en ciber-redes’, hoy ‘tomas web – ¡registro!’, originales de El Muelle Caribe. Para recoger sentires de otros.

   Los primeros en sumarse al emprenderismo periodístico de El Muelle Caribe fueron el periodista samario William Gómez Polo, con crónicas deportivas, su especialidad, y el caricaturista barranquillero Enrique Loheste, desde Canadá; y después de que reprodujimos una nota de Armando Pérez Araujo publicada en Facebook, este abogado guajiro se adhirió. Y también, ante una nota sobre perreo en escuelas de Riohacha colgada en Facebook y a la cual le hicimos eco, se vinculó Luis Roberto ‘Pelón’ Herrera, autor de aquella nota… El fondo ya era más Caribe… Y luego se vino una pléyade de profesionales en distintas ramas con inquietudes literarias o de escritores, que escritor es el “que escribe —sean obras escritas o impresas, o al dictado, o el que tiene a su cargo redactar la correspondencia de alguien” (DRAE)— y El Muelle Caribe se creció. Y ellos se han encargado de ratificarle la autenticidad Caribe a El Muelle.

     Hoy somos, continuos —y uno que otro, discontinuo—, Jorge Agudelo Moreno, Alonso Ramírez Campo, Fernando Mora Rodríguez, Jaime Romero, Nury Ruiz Bárcenas, Guillermo Luis Nieto Molina, Guillermo Romero Salamanca, Víctor Hugo Vidal, Martha Prada, Miguel Maldonado Martínez, José Joaquín Rincón Chaves, Abel Rivera García, Óscar Camilo Serpa Reyes, Jaime De Lavalle Carbonó, Fernando Castañeda García, Ricardo Villa Sánchez y Edgar Awad. E incluimos al poeta chileno residente en Buenos Aires Emiliano Pintos y a Eduardo García desde Cartagena. Y hace parte del combo Fernando Barros.

     Todos ellos con plena libertad de opinión, nada de insinuaciones desde la dirección para que bajen los tonos de sus puntos de vista ni recomendaciones en torno al manejo de sus temas… En El Muelle Caribe se publica lo que piensan sus escritores, sin censuras, sin retenes ni aduanillas para sus escritos, cuyo tratamiento siempre se circunscriben al respeto por los demás. Sus conceptos los respetamos aunque, de pronto, en ocasiones no se comparta lo expresado.

Curvas que dan satisfacción.

     —Con uno solo que lea a un solo columnista de El Muelle Caribe en la correspondiente actualización, me doy por bien servido —le dijimos hace un par de semanas a Jaime Romero Escobar, en medio de un debate que, vía celular, él desde Miami, nosotros desde Bogotá —los dos felizmente confinados—, sostuvimos por espacio de dos horas en torno a los sentimientos que priman para la generación semanal de este medio, frente al coqueteo no correspondido de alguna ‘agencia press’.

     Sabemos que hay detractores gratuitos de El Muelle Caribe y eso no nos quita el sueño. “Que me mienten la madre, no importa, pero que me mienten”, dicen que así decía un reconocido político del Caribe colombiano.

     Sabemos que hay seguidores fijos de El Muelle Caribe y eso… ¡eso sí nos quita el sueño! Son, casi a diario, largas horas de la noche-madrugada preguntándole a la almohada cómo seguir manteniéndonos vigentes ante esos seguidores para, finalmente, asumir jueves —con inclusión de jornadas largas y horas nocturnales sumadas, ‘quita sueño’— y terminar hacia la medianoche del domingo o del lunes festivo, o a las primeras horas del día siguiente, para corresponder y agradar a quienes nos siguen.

     Ideas para incorporar a El Muelle Caribe hay varias sobre el tapete estibador, solo falta sacudirnos de la pandemia y lograr algunos equipos técnicos para cristalizarlas. Pero seguiremos fieles al formato semejante al de un tradicional periódico de papel, fotos enmarcadas por el discurrir del texto, páginas con varios temas, especialmente las informativas; titulares desplegados en gran tamaño de fuentes: ¡Buscando impactar! Y color, full color.

     Cada semana —exceptuando las de fin y comienzo de año y los lunes de Carnaval—, ¡durante 239!, incluyendo la que ha comenzado, hemos aparecido en la web y seguimos echando pa’lante, así la pauta publicitaria no sea generosa con nosotros. ¿Por qué? Porque no hemos encontrado a alguien que le jale a ese asunto con dedicación, que para ese renglón de la comunicación social no somos los más indicados. ¡No somos capaces de convencer a alguien para que nos compre un billete de cien pesos en solo cincuenta! Ahora, mucho menos para que nos incluyan en pautas publicitarias, aunque somos conscientes de la alta calidad que nos caracteriza y del rigor que se le imparte a la redacción de textos y a sus respectivas presentaciones.

     Nos hemos regodeado, de verdad, con el contenido con que hemos alimentado espacios como ‘Mensajes que nunca faltan’, ‘Eco-alizando lo que dicen en redes’ o ‘tomas web – ¡registro!’. Y aunque a muchos les parezca que el director aplica un exceso de vanidad al reproducir los mensajes que le escriben en Facebook o le envían a WhatsApp o a los e-mails —que Instagram y Twitter no los revisamos—, para nosotros solo es ¡salario espiritual! Y una forma de valorar ese salario, esa retroalimentación, ese feedback, es reproducir los mensajes que, con destino a nosotros, se difunden públicamente o nos envían en privado. “Orellano, Orellano: si nos mandan estas cartas sin que las hayamos solicitado, por qué no reproducirlas”, solía decirnos Juan B. Fernández Renowitzky cuando nos llamaba a su oficina para recomendar con cierta especialidad una misiva para la sección ‘Lectores escriben’ de El Heraldo.

     Así sea un solo mensaje o comentario por El Muelle Caribe el que aparezca en Facebook o nos llegue al WhatsApp o a los e-mails, ¡uno solo se publica! Y así, el día que ninguno llegue, ninguno se publica. No vamos a inventar mensajes como siempre lo hizo —testigos oculares que fuimos— cierto destacado personaje del periodismo colombiano. O sea: asistimos con complicidad a la trampa.

‘tomas web – ¡registro!’, para darle valor al sentido de la amistad sin condiciones, la amistad física, real, más allá de la virtualidad.

 Hoy la sección ha sido denominada ‘tomas web – ¡registro!’ y recoge y ‘eco-aliza’ —o hace eco— diversas notas que, para la dirección, proyectan no solo identidad plena con su autor sino interés público manifiesto. En esta actualización, por ejemplo, se han tomado de la web y se registran sentires de Osvaldo Cantillo, el unionismo de José Bolaño Cienfuegos, el juniorismo de Jaime Romero, los puntos de vista de Carlos Mayans Pacheco y Edgar Aguad V. y la contundente sugerencia a su pueblo de Francisco Javier Sandoval Abdo.

     Antes de confinarnos, habíamos comenzado, junto con Alonso Ramírez, Guillermo Romero Salamanca, José Joaquín Rincón y Fernando Barros —tropilla El Muelle Caribe en Bogotá—, una serie de reuniones para programar la celebración de las 250 actualizaciones de este semanario web. Se botó corriente, se trazó un plan de trabajo el cual comenzó a ejecutarse, se iniciaron los contactos previos, se programaron viajes exploratorios y todo iba viento en popa hasta que apareció el covid-19. ¡Y nos encerró!

     Estamos a la espera de que la crisis se supere —cosa que vemos distante en el tiempo— para retomar la iniciativa y reprogramar fechas ya programadas, pero abortadas, y ya discurridas. Pero la realización del certamen celebratorio sigue en pie.

     Hemos escrito estas líneas porque es bueno que, de vez en cuando, se compartan sentires y emociones —no tanto presentar un balance de gestión y logros, que eso es para usufructo político-administrativo de la cosa pública— con quienes nos motivan a seguir colgando en la web. Y para, finalmente, agradecer, de todo corazón, a quienes nos leen. Pidiéndoles, de paso, que nunca dejen de hacerlo.

     «Ustedes son fundamentales en el cobro puntual de nuestro importante, diríamos vital, salario espiritual», les decimos a quienes, semanalmente, nos siguen.