Sociología pura

«El morbo de la novedad confunde lo interesante con lo que acaba de aparecer en los medios de comunicación, así sea lo más ridículo y tonto», del, como siempre, profundo texto de Alonso Ramírez Campo.

La distinción

Por Alonso Ramírez Campo

“Existen pocos casos en los que la sociología se parezca tanto a un psicoanálisis social como aquel en que se enfrenta a un objeto como el gusto, una de las apuestas más vitales que tienen lugar en el campo de la clase dominante y en el campo de la producción cultural. No solo porque el juicio del gusto sea la suprema manifestación del discernimiento que, reconciliando el entendimiento y la sensibilidad, el pedante que entiende sin sentir y el mundano que siente sin entender, definen al hombre consumado”: Pierre Bourdieu.

Obra maestra de Pierre Bourdieu en materia de
lo bello, el arte, el gusto y la cultura: La distinción.

La distinción es la obra maestra que dejo Pierre Bourdieu en materia de lo bello, el arte, el gusto y la cultura. Es una investigación de campo de más de diez años en donde se recogen a manera de gigantesco laboratorio, pruebas e infinidades de datos empíricos sobre los gustos de las clases sociales en la Francia de 1970 en cuanto a predilecciones culinarias, bebidas, cine, estilos de vida, preferencias musicales entre otros gustos estéticos.

En otras palabras, es un discernimiento a partir de los datos empíricos de los sujetos a partir del consumo de lo que García Canclini define como consumo de bienes y servicios culturales. En este sentido, los sujetos sociales se diferencian por las distinciones que establecen —entre lo sabroso y lo insípido, lo bello y lo feo, lo distinguido y lo vulgar— en lo que se expresa o revela su posición. Para Bourdieu el análisis de relaciones entre el sistema de encasillamiento (el gusto) y las condiciones de existencia (la clase social) conducen a un análisis social del criterio selectivo que es, inseparablemente, una descripción de las clases sociales y los estilos de vida.

En este entendido, el gusto es una disposición que el sujeto adquiere mediante una operación de distinción, la cual le permite apreciar o marcar algunas diferencias que funcionan como una especie de brújula en la orientación social que guía a los ocupantes de un sitio en el espacio social hacia posiciones ajustadas a sus propiedades. Así las cosas, el gusto es siempre una construcción social que elabora el sujeto de acuerdo con sus condiciones de existencia material y con su nivel cultural. Por lo tanto, el gusto social, como vivencia del sujeto estético, no se limita a una vivencia de tipo cognoscitiva-racional, sino, ante todo, como experiencia sensible que tiene un sujeto como parte de un contexto social de su preferencia que lo configura y del que él también ayuda a construir de acuerdo con su desarrollo sensible. Dicho desarrollo es de tipo afectivo-emocional y se produce en el sujeto en sus relaciones con otros sujetos u objetos.

Un sujeto con gran desarrollo sensible es aquel que en su vida cotidiana no se debate únicamente en la consecución de bienes de capital como condición humana, sino el que busca además el sentido de la belleza en su relación con los objetos, las otras especies vivientes de la naturaleza que lo asombran por su inteligencia y belleza y por sus semejantes —los humanos—.

 Lo esencial esta adentro y no como se dice ahora, interesante como lo
que acaba de ocurrir de la última noticia que grita el locutor
: Heidegger.

Es todo lo contrario a un filisteo; que es una persona cerrada a las artes, sin gusto por las letras y que nada lo sorprende.

Así como decía Nietzsche, Bourdieu también sostiene que, si entendemos sin sentir y sentimos sin entender, estaremos en uno de los dos extremos de la cuerda tendida. Es el extremo del pedante ilustrado de un lado y del vulgar mundano al otro lado.

Discernir siempre implica detenerse, demorarse, degustar

Discernir siempre implica detenerse, demorarse, degustar y en eso el arte en general nos invita a demorarnos tranquilamente dejándonos que nos ponga en cuestión, que hable de nosotros mismos, y que nos permita volver a una apertura sobre nosotros mismos. Por eso es muy interesante distinguir sobre el sentido de esa elaboración, porque el arte es contrario de la fuga —porque la avidez de novedades es una fuga—, eso es lo que distingue lo sensual de lo pornográfico o un culebrón de una verdadera obra, y la vida cotidiana está hecha de fugaz de todo lo interesante, de todo lo que Heidegger llamaba “los existenciarios”. Lo importante, según su filosofía, es lo que es interesante en su sentido literal inter-esse, estar dentro, tener su ser en ello, buscar su propio ser en la cosa, es lo que se conquista cuando accedemos de alguna manera al arte. Inter-esse es cuando lo esencial esta adentro y no como se dice ahora interesante como lo que acaba de ocurrir de la última noticia que grita el locutor.

El morbo de la novedad confunde lo interesante con lo que acaba de aparecer en los medios de comunicación, así sea lo más ridículo y tonto, como cuando alguna Diva o Divo se deja fotografiar lo que sabemos o cuando algún personaje de la farándula se casa o divorcia según el caso.

Muy próximo a ese criterio de Heidegger, Nietzsche había dicho con fuerza y nitidez en “Ventajas y desventajas de la historia para la vida” que “aquel que no es capaz de adormecerse en el umbral del ahora, aquel que no es capaz de columpiarse en el columpio del presente, de satisfacerse y gozarse en lo actual, ese no será nunca feliz, ni será nunca capaz de hacer feliz a nadie”.

Probablemente sea capaz de acumular bienes y capital, cachivaches y baratijas del mercado, pero incapaz de incorporar vida a su ser tosco y a la vida de los otros. Ese es, precisamente, el filisteo y probablemente un fariseo.