Sin brillo

Esteban Jaramillo Osorio analiza la actuación de Lucho Díaz en la final de la Champions en París y cuestiona al técnico Klopp, quien, en la banda izquierda, enjauló al guajiro con sus posibilidades de brillar.

Los adoloridos

Por Esteban Jaramillo Osorio.

El reloj se detuvo para Lucho Díaz en el minuto 65 cuando fue relevado. No estaba en el partido. No era su día. Tampoco el de su club que dominó el trámite, pero perdió en el resultado.

Ganó el Real Madrid que alzó su voz contra los pronósticos, acostumbrado a ser sometido, pero fulminante en la pizarra porque tiene oficio, tiene jerarquía.  Es experto en misiones imposibles.

El aporte de Lucho se limitó a tres regates y un disparo, pulverizado en un duelo intenso, mano a mano, metro a metro, con Dani Carvajal, el marcador del rival con quien peleo sin buenos resultados.

Poco hizo para brillar y poco por él hizo Klopp, quien lo enjauló en la banda izquierda sin ampliar sus posibilidades de explorar otros caminos en la delantera eclipsado por dos atacantes geniales, Mane y Salah que destacaron por el juego, pero fracasaron frente al gol que, para ellos, parece negado en instancias definitivas, especialmente esta vez, por la influencia de Courtois con sus guantes de oro

Lástima por Lucho, cuyo fútbol estuvo en fuera de lugar.

Lástima por James Rodríguez, porque Ancelotti, su técnico preferido, su protector, el más campeón entre los campeones de las copas, quien valoró su fútbol con fantasías, lo vio tomar otros rumbos, con menos reflectores.

Lucho Díaz, sin brillo en la Champions… Imagen de https://depor.com/

Vale la pena preguntar si Kloop se equivocó al alinear a Lucho desde el comienzo, otorgándole en su proceso de adaptación, tanta responsabilidad. Si a Lucho lo dominó la ansiedad del inexperto, si los nervios le jugaron en contra para convertirlo en un futbolista invisible en el partido.

Claro queda que el extremo, alucinante hasta ahora, cierra este primer capítulo de finales, con desencanto, pero abrirá otros con mejores expectativas. No es un futbolista mentiroso ni una burbuja, es un delantero penetrante que esta vez no pudo optimizar su desempeño, ausente su jugoso repertorio.

Está en un club deseado y con fútbol suficiente para consolidarse y ser el eje como protagonista.

La Champions, tan absorbente, fantástica, plagada de leyendas con triunfos históricos y tragedias. La mayor expresión del mundo real y fantasioso del fútbol de máximo nivel. 

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