1.- Grandes lanceros

Cuando el tirano mandó, en Getsemaní se revolvían todos aquellos que no pertenecían a las élites encerradas en ‘El corralito de piedra’. Allí surgió la antorcha que iluminó caminos libertarios. Eduardo García Martínez lo recuerda.

Los lanceros de Getsemaní y la épica libertaria cartagenera

Por Eduardo García Martínez

La épica libertaria cartagenera está ligada al accionar de un grupo de hombres y mujeres, afincados en el arrabal de Getsemaní, convertidos en factor determinante en la toma de decisiones cuando llegó el momento de cortar la dominación del Imperio español en este territorio. Los líderes criollos se dividían en dos bandos que igual buscaban romper los lazos con España, pero mientras uno quería hacerlo de forma total y definitiva, el otro buscaba mantener ciertas relaciones con la Corona.

Al iniciarse el siglo XIX, en Cartagena florecía un buen número de artesanos pardos y mulatos, herederos de los oficios que se habían afianzado en el puerto desde la más temprana Colonia. Su lugar de residencia era el arrabal de Getsemani, donde se revolvían carpinteros de ribera, herreros, albañiles, sastres, zapateros, aguaderos, armeros, barberos, cargadores, carboneros, cerrajeros, parteras, lavadoras, molenderas, pasteleros, monederos, canteros, cocineros, ebanistas, fundidores, en fin, todos aquellos que no pertenecían a las élites encerradas en el cordón de piedra, pero eran parte esencial de la ciudad.

Eran tiempos de rebeldía. En Haití (1791) los negros de ascendencia africana se levantaron contra los franceses y tras una cruenta y exitosa revolución dieron al traste con el sistema esclavista que los oprimía y mandaron un mensaje a otros pueblos que en América estaban cansados de la dominación extranjera. Los artesanos de Getsemaní tomaron atenta nota, se organizaron y, cuando fue necesario, ofrecieron su concurso para reclamar la independencia.

El 11 de noviembre de 1811, comandados por el herrero Pedro Romero, tomaron sus lanzas, se encaminaron al palacio de gobierno, asaltaron antes el fortín de las armas españolas y, vociferantes y decididos, exigieron a los criollos una posición radical. Fueron fundamentales para que la revuelta no se apagara y, por el contrario, se convirtiera en la verdadera antorcha que iluminara el camino de la libertad absoluta y definitiva de la Nueva Granada.

Desde el 2008 la figura de los lanceros de Getsemani, héroes de 1811, se retomó para simbolizarla en la cultura festiva de la ciudad, escogiéndose anualmente una pareja de reconocida trayectoria en las fiestas de noviembre, a quienes se les dio el nombre de Grandes Lanceros de la Independencia. Llevan la dignidad de primera autoridad festiva de la ciudad, pero deben tener mayor apoyo desde la institucionalidad y la sociedad civil como voceros principales y permanentes de la cultura popular festiva, esencia de la cartageneridad y transmisores de conocimientos a las nuevas generaciones.

Es necesario convertir a los Grandes Lanceros en una marca específica de ciudad, que trabaje todo el año con visiones de dinámica económica, aporte social y cultural constante, participación en temas culturales, educativos y artísticos, afianzamiento del discurso de pertenecía y apropiación cartagenera. Los Grandes Lanceros son voces significativas y figuras importantes en cada uno de sus campos profesionales y personales. Esa referencia debe coadyudar en la transformación de la cuidad, que requiere ciudadanos con mayor sentido de pertenencia, orgullosos de sus ancestros, conocedores de su historia y dinamizadores de las fiestas.

2.- Carta abierta a gobernadores del Caribe

Cordial saludo:

Arriba, Gobernadora del Atlántico, Elsa Noguera, Gobernador de Bolívar, Vicente Blel Scaff, Gobernador del Cesar, Andrés
Meza Araújo y Gobernador de Córdoba, Orlando Benítez Mora.
Abajo, Gobernador de La Guajira, Nemesio Roys Garzón, Gobernador del Magdalena, Carlos Caicedo, Gobernador de San

Andrés y Providencia, Everth Hawkins Sjogreen y Gobernador de Sucre, Héctor Olimpo Espinosa Oliver.

Durante los días 6, 7 y 8 de abril de 2022 un grupo de periodistas y expertos en desarrollo regional del Caribe colombiano (Amilkar Acosta, Elvia Mejía, Jairo Parada, Adolfo Meisel, Mauricio Vasco, Eduardo Verano, Antonio Hernández Gamarra y Weildler Guerra, en linea), nos reunimos en el Ecohostal Casa Loma de Chorrera/Juan de Acosta/-Atlántico-, para debatir sobre la realidad de nuestra región, sus necesidades, potencialidades, frustraciones, logros y posibilidades de avanzar hacia un desarrollo sostenible. Todo ello en el marco referencial de lo que ha sido la lucha por la integración regional desde la legendaria Liga Costeña de 1919 hasta el encuentro Casa Gran Caribe de 2017.

Durante esos tres días quedó claro para los asistentes que el Caribe atraviesa por un período de preocupante letargo y que sus líderes parecen no interesarse por el destino de su territorio y de su gente, que en su mayoría sufre de creciente pobreza, desigualdad y falta de oportunidades. Que es necesaria una acción nueva, decidida y entusiasta para romper el conformismo que frena las aspiraciones de una región importante para el país, maltratada por el centralismo y el atraso bajo estereotipos que la muestran como insustancial, carente de motivaciones trascendentales, incapaz de darse su propio destino.

El punto central del encuentro analizó el caso de la Región Administrativa y de Planificación —RAP Caribe—, herramienta que facilita el desarrollo a través de la ejecución de proyectos de impacto regional, y cuya operatividad y eficacia está en manos de los gobernadores de los departamentos costeños. Diseñar el Plan Estratégico Regional es una de las responsabilidades de la RAP Caribe, pero no se ha hecho a pesar de su necesidad y de que debe ser parte del Plan de Desarrollo Nacional.

Es incomprensible que la región Caribe, desde donde se impulsó la creación de las RAP, no haya sido capaz de poner a funcionar la suya, como sí lo hicieron las regiones Central, Pacífico y Eje Cafetero. El llamado, señores gobernadores, es a que asuman ustedes el liderazgo necesario desde las máximas instancias del poder seccional para que la RAP Caribe salga de su rezago cuanto antes, deponiendo posibles malentendidos políticos que impiden la acción. De hacerlo, sin temor a equívocos, todos en este promisorio y maltratado territorio lo agradecerán con creces, porque liderazgos y voluntades comprometidas con la causa regional es lo que necesitamos para lograr una adecuada gobernanza que haga del Caribe la región más importante de Colombia.