Desplazada triunfante

Del dolor del desplazamiento forzado a las mieles del triunfo en su arte, así ha evolucionado la hoy cantautora y actriz Camila Delacruz.

Fue desplazada por grupos armados ilegales desde su tierra rural Granada, Antioquia, y tuvo que irse a vivir, entre apretujones sociales y extrema pobreza, a Medellín, pero, a punta de resiliencia, ha salido adelante.

Ella nos cuenta, en video-entrevista con el director y en un texto de ella vivencias de sus viajes por el mundo. Pero hay una muy especial, la vivida con un filipino que, al llegar ella a él, lo encontró viviendo en una celda, enrejado, al fondo del patio de la casa…

Abajo, la video-entrevista de Camila con el director: Vía Zoom.

TESTIMONIO EN FILIPINAS, MAYO 2019

«Jesús lo tocará y sanará su mente»

Orando por un hombre que ha estado encerrado en esa pieza del patio de su casa por 6 meses. La familia dice que empezó a tener problemas mentales desde hace 2 años. Se volvió violento y desde eso no habla con nadie y no deja que nadie lo toque. Ha estado haciendo sus necesidades físicas en ese lugar y no se baña ni cambia de ropa. Ellos atribuyen su situación a que él tuvo un accidente en una moto hace 14 años.

En mayo del 2018 unos jóvenes fueron a orar por él, pero no los recibió.

Hoy, mayo 28 2019, cuando llegamos a ese lugar y vi esa oscuridad me sorprendí demasiado. Primero reunimos toda la familia y les hablé de Jesús y lo recibieron en su corazón.

Luego preguntamos si podíamos tocar al hombre para orar por él y la familia dijo que no. Pero luego el hombre habló y dijo que sí, que solo yo (Camila) lo podía tocar, pero yo le dije que también mi compañera Prisila lo iba a tocar. Y él no se opuso y guardó silencio.

Debíamos tomar autoridad sobre la oscuridad y en esos casos no podemos permitir que el enemigo tome control y ponga sus reglas. La familia del hombre estaba sorprendida de que él no nos agredió, sino que obedecía. Se sentía la gloria de Dios en ese lugar.

Entonces las dos pusimos nuestras manos sobre su hombro. Oramos para que Jesús lo tocará y sanará en su mente, lo que estuviera dañado en su cerebro. Declaramos que el Espíritu Santo lo tocará y lo vi temblar. Luego le preguntamos cómo se sentía y dijo que muy bien, y dijo que él estaba esperando por mí desde hace mucho rato (lo que significa que estaba esperando por Jesús), que estaba muy agradecido, que finalmente llegué y también dijo que él me conocía. Y preguntó que si yo lo conocía: le dije que sí, que en el espíritu lo conocía.

Prisila, quien oró conmigo, dijo que cuando oramos sintió algo pesado y que casi no podía respirar, pero luego eso se fue.

Otra chica le ofreció a él un nuevo testamento que llevábamos y dijo que no porque cuando leía la biblia algo lo distraía. Yo le dije que eso ya no pasaría más. Entonces lo invité a que recibiera a Jesús en su corazón y le indiqué a una de las chicas que lo guiará a recibir a Jesús y este hombre llamado Toto dijo nuevamente que él aceptaba, pero si yo (Camila) lo guiaba en la oración. Una vez más le dije que estaba bien que mi compañera lo hiciera, pues nuevamente debía recordarle con amor que la autoridad la tenía Jesús y no las tinieblas. El hombre obedeció y no se opuso.

Camila, en acción… artística.

En ese momento alguien de la familia que tenía mucho miedo de él dijo que sintió como un aire frío por todo su cuerpo que le dio paz y eso se transfirió hasta ese cuarto donde estaba aquel hombre cuyo nombre es Toto.

Yo tenía el Nuevo Testamento en mis manos y de repente él dijo que “sí” aceptaba la biblia. Entonces lo tomó en sus manos. Le dijimos que lo amamos y le dimos gracias. Él se sentía muy feliz. Y dijo que sabía que pronto volvería a su vida normal. Que todos pensaban que él estaba loco, pero que no era cierto.
Estuvimos en ese lugar por aproximadamente 30 minutos y nunca se enojó ni nos atacó, se veía una persona totalmente normal.

La familia estaba muy sorprendida de que él estuviera hablando. Al final todos juntos dimos gracias a Jesús y se nos salían las lágrimas de sentir la presencia del Espíritu Santo tan real. Mientras, cantábamos: «Hay libertad en Jesús», este hombre se sentó y puso la biblia en su pecho, aferrándose a la verdadera libertad.

By Camila Delacruz
Colombiana en Filipina
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Charla con el director