1.- El devenir del Caribe

Por Eduardo García Martínez

Desde hace largo tiempo, tal vez demasiado, el Caribe colombiano ha buscado ser. ¿Ser qué? He ahí la cuestión. La búsqueda de su propia esencia suele perderse en callejones sin salidas aparentes, aunque después vienen nuevos bríos que le dan continuidad a su deseo de tener una verdadera identidad, un desarrollo sostenible que brinde equidad y un futuro despejado. En épocas coloniales ya tenía el Caribe rasgos propios en el amplio territorio que centralizaba todo en la capital del virreinato, la gélida Santafé. El mar era la identidad abrazadora que lo caracterizaba junto con ríos, sabanas, montañas, desierto, y la singular Sierra Nevada donde los pueblos originarios cimentaban una cosmogonía de la naturaleza, madre de la vida.

Esa riqueza subsiste en medio de atraso, pobreza, desigualdad e intereses mezquinos que arropan como maldición a buena parte de la población, a pesar de avances notables en varios órdenes del trasegar regional. Se señala el centralismo como uno de los factores más perniciosos en la suerte del territorio Caribe. No es fenómeno reciente, hunde sus raíces en siglos pasados. En el XVIII lo estimulaban la élite empresarial y el poder virreinal de Santafé, opuestos a la dirigencia cartagenera, que tenía en el mar su mejor aliado. La lucha por el mercado de la harina fue proverbial. Los santafereños querían vender la producida en Tunja, y los cartageneros la preferían del extranjero, aunque fuera de contrabando. Centralismo vs. periferia, ayer y hoy.

El 7 de agosto de 1835 el general Juan José Nieto abogó por un sistema federal para la costa Caribe en carta al presidente Santander. En el último siglo el Caribe ha tenido bríos intermitentes en procura de su integración. Comenzaron en 1919 con la Liga Costeña, se enfriaron medio siglo para volver en los 70 aunque fue en los 80 y 90 cuando adquirieron mayor vigor movidos por investigadores, funcionarios, empresarios, políticos, periodistas. Después del SIPUR nacieron los Foros del Caribe, el CORPES y Telecaribe. Los parlamentarios de la región actuaban en bloque, los periodistas reflexionaban y proponían sobre el viento integracionista, los gobernadores acompañaban el proceso con entusiasmo. Luego, olvido.

En 2010 el Voto Caribe expresó rechazo al centralismo, en 2017 la RAP despertó esperanzas pero no arrancó. Ahora, desde Casa Loma, el periodismo Caribe retoma las banderas de la integración proponiendo un nuevo compromiso con la región y exigiendo del próximo gobierno acciones encaminadas a superar el desprecio secular hacia nuestro territorio. Todos en el Caribe, comenzando por gobernadores y alcaldes, deben trabajar la causa regional, impulsar el desarrollo territorial.

2.- Pidiendo cacao

Decir que las comunidades de los Montes de María sufrieron lo indecible con el conflicto armado que se tomó por asalto su territorio generando desplazamiento, terror, crímenes selectivos, masacres, despojo de tierras, rompimiento del tejido social y el aparato productivo, es llover sobre mojado. La región Caribe y el país lo saben, los medios lo han divulgado, se han escrito ensayos, libros, tesis de grado, montado obras de teatro, grabado programas de televisión y cortometrajes, en fin, casi todo está dicho, pero no hay verdadero resarcimiento que compense en parte lo soportado.

Los productos del cacao de Montes de María.

La violencia, ahora bajo otras formas, sigue manifestándose, el Estado promete, cumple a medias o no cumple, la gente teme regresar a los campos por temor a nuevas arremetidas de quienes están detrás del despojo y los negocios sucios, las víctimas buscan maneras de afincarse otra vez en el territorio, pero no encuentran el soporte gubernamental necesario para sacar adelante sus emprendimientos.

Es el caso de la Asociación de Productores, Procesadores y Comercializadores de Productos Agropecuarios de San Jacinto —Asoprocoa— que agrupa a más de 20 familias víctimas del conflicto armado e impacta a otros cien grupos familiares. Hace varios años esta organización comenzó a transformar el cacao que cultiva de manera amigable con el medio ambiente, y hoy ofrece nueve productos, pero se enfrenta a un problema insoluble que le impide comercializarlos en almacenes de cadena o exportarlos: el registro Invima.

Ahí va un montemariano dando cacao…

La Cámara de Comercio de Cartagena (CCC) les donó una tostadora y un molino que mejoraron la calidad y el flujo de producción, pero han tocado las puertas del Gobierno en busca de otros apoyos y los frustra la burocracia y el desinterés. La Agencia de Desarrollo Rural (ADR) prometió y luego se esfumó. “Nos pintan pajaritos en el aire, pero todo queda en puras promesas. Necesitamos ayuda financiera para obtener los registros Invima porque nuestros productos son muy buenos”, dicen voceros de Asoprocoa.

Cada registro sanitario Invima vale entre cuatro y cinco millones de pesos que para el Gobierno es nada, pero para el campesino una fortuna. Conozco los productos de Asoprocoa y puedo dar fe de su calidad porque he disfrutado de ellos en La Fiesta del Pensamiento que poetas, escritores, filósofos, docentes, músicos, periodistas realizan en San Jacinto. En verdad, no apoyar estos emprendimientos de víctimas del conflicto armado en un territorio como Montes de María contradice las cacareadas políticas oficiales de soporte al sector campesino. Los líderes de Asoprocoa han pedido al gobierno de Bolívar que los escuche y apoye en sus demandas, para lograr una convergencia ganadora.