«¿Libro mío, ¡no!»

Edgardo Caballero Gutiérrez entrevista a José Orellano —deseo de vieja data del locutor y presentador, también periodista — y lo que más le interesa al entrevistador es convencer al entrevistado a escribir un primer libro.  

ENTREVISTA A JOSÉ ORELLANO (I entrega)

“Dios nos cría y nosotros nos juntamos”

Por Edgardo Caballero Gutiérrez

Corría el primer trimestre del año 1990 y avanzaba el ‘boom’ de la televisión regional, o el canal ‘telecabuya’, como le decían al sueño de José Jorge Dangond, cristalizado en pleno Festival de la Leyenda Vallenata en Valledupar, cuatro años atrás, en 1986.

Selfie de cuatro años atrás: Orellano y Caballero, en un patio barranquillero.

Arturo Meza, empresario de Barranquilla —Pasatcol— iniciaba el montaje de la programadora ‘Telemundo’ y estaban reclutando personal para los diferentes programas de esa empresa. Habían contratado a un cabellón que venía haciendo historia por su trasegar periodístico en los diferentes medios escritos de la ciudad y quien acababa de salir del Noticiero Televista.

Excelente cronista, conocedor de todos los temas de su ciudad, amigo parrandero de los músicos del momento y de los grandes compositores del Caribe, en especial de los vallenatos, tenía algo de músico, de poeta y de loco. Sí, todo eso lo tenía aquel joven periodista de nombre José Francisco y de apellidos Orellano Niebles: José Orellano, obligado oyente de radio y, en ese momento, un reclutador de talentos que tuvo la deferencia de invitarme a ser el presentador del magazín ‘Noticiero Telemundo’, del cual él asumía como director. 

Para entonces, yo fungía como lector de Noticias de RCN Barranquilla, cargo al cual renuncié para debutar en el fantástico mundo de la televisión, gracias a Jose, a quien admiraba por sus escritos en el diario local El Heraldo y las revistas de dicho periódico. Siempre soñé con hacerle una entrevista a este personaje cuando lo conociera un poco más…

Han pasado más de tres décadas y aquello que comenzó como un compañerismo de trabajo, había de convertirse en una amistad sincera, mientras, juntos, vivíamos muchas experiencias, a las cuales, en ocasiones, se sumaban nuestras familias: ‘La chili’ y ‘La mona’, y las hijas de ambas uniones: Laura Carolina y Claudia Marcela, María José y María Fernanda.

Mutuamente se fortalecía la admiración periodística y, confiando en nosotros mismos, nos lanzamos a hacer prensa y televisión independientes y, de hecho, logramos cristalizar cosas: 1.- teletransmisión nocturna de una edición del ‘Sirenato de la cumbia’ de Puerto Colombia, que permitiría 2.- la presentación en sociedad del resultante de una concepción, entre tintos y cigarrillos al fondo de un patio adornado por cocoteros y un inmenso árbol de níspero en Barranquilla: ‘El Muelle Caribe’, tamaño carta, papel periódico, y 3.- la presentación de un programa diario, durante una semana, sobre el desarrollo y las curiosidades del Festival de la Leyenda Vallenata que había de ganar el acordeonero sincelejano Harold Rivera.

Segundo número de El Muelle Caribe en papel… Años 2004, un parto de Orellano y Caballero.

Entérense, pues —quienes no lo saben—, de que El Muelle Caribe, este magazín que quijotescamente José Orellano, junto con un grupo de amigos, mantienen en la web, nació en Puerto Colombia. Y he ahí la razón de su nombre.

Hoy, invito a mi amigo ‘Pepe Pacho’, el ‘cabellón’ soledeño hijo de ‘La vieja’ Evelina y ‘El viejo Francisco, ‘Mamá Ina’ y ‘Papá Ico’, ambos de la mano allá en la Eternidad, a que me haga el honor de hacer cumplir mi sueño de entrevistarlo. Sí, voy a entrevistar a mi amigo de muchas guerras e infinidad de peleas verbales y un relicario inmenso cargado de recuerdos inolvidables.

«¿Y adónde vas a publicar esa entrevista?», es su primera respuesta.

—¿Adónde más? —le digo—. En tu revista, que también es la mía. Yo también parí a El Muelle Caribe.

Pude haber hecho una antología con sus reportajes, crónicas y entrevistas o con meras notas informativas como aquella que hizo junto con Neyía Vargas cuando los dos se toparon con Gabriel García Márquez en un avión de Iberia que hacía escala en el aeropuerto Ernesto Cortissoz de Barranquilla y las fotos de ella junto al escritor no se tomaron, aunque él obturó la cámara, pero las de él que ella tomó sí se revelaron y salieron publicadas en El Heraldo.

Sí, pude haber hecho una antología, como la de Daniel Samper Pizano a la obra periodística y literaria, poemas y canciones incluidos, a Álvaro Cepeda Samudio. Una antología recabando sus trabajos periodísticos con los maestros Escalona y José Benito Barros, el Carnaval de Barranquilla, que en 1976 le concedió Congo de Oro en periodismo, que después sería ‘El tambor de plata’; el Festival Vallenato, en el cual, en 1984 se consagró como I Rey de la Información Vallenata, primero y único, los reportajes a Diomedes Díaz y Joe Arroyo que significaron el rompimiento de sus relaciones amistosas con esos dos artistas que dijeron lo que después dirían que no dijeron, pero quedaron mal porque sí lo dijeron, y rescatando tantas notas sueltas desde sus columnas ‘Al Oído’, ‘El paredón de El Monje’, ‘Al ritmo de la marimonda’ por Cochongondo, ‘La cartelera’ o en las revistas Miércoles, VSD y El Heraldo Deportivo, o sus rabiosos editoriales, uno que otro politizados, en El Informador de Santa Marta y El Pilón de Valledupar.

Tendría más de cien textos de Jose para enriquecer una excelente antología. Pero prefiero la entrevista. 

—¿Por qué no has escrito tu primer libro?

Loca idea de un libro que nunca será… Sueño sin mucha caricia.

«Una pregunta pringamosera, Caba, y te recuerdo tu entrevista con don Chelo De Castro C.».

—¿Pringamosera por qué?

«Porque tú bien sabes cuál es mi posición frente a este asunto. Sabes que mi respuesta puede herir susceptibilidades y puede generarme muchísimas enemistades».

—Yo sé lo que sé, lo tú que siempre me has dicho: que no eres disciplinado… Ante eso, ¿qué tan grave puede resultar siendo lo que respondas… Dime, Orellano: ¿Por qué no has escrito tu primer libro?

A la distancia —él en Bogotá, yo en Barranquilla—, me lo imagino revolviéndose su cabellera ya plateada, 71 años rumbo a los 72, que ya viene septiembre/noviembre. Me lo imagino absorbiendo, sonoro, del pocillo gigante de tinto, antes de decidirse a responder.

«Voy a revelarte el título de un supuesto libro que comencé a garrapatear en el computador… Título laaaaargo, como septiembre sin días feriados: “EL EXTRAVÍO DE LO SUTIL / Impune perpetración de versos y la fuga de cierta prosa”».

—Loco, me gusta…

«Te gusta a ti, porque eres mi amigo, mi pana… Le gusta a mi sobrina, porque es mi sobrina… Le gustó a mi extinta hermanita Eve…»

—Hay por dónde empezar…

«Caba, yo no soy escritor… Soy redactor…».

—Pero los escritores son redactores…

«Sí, pero todos los redactores no somos escritores…»

Próxima entrega: «En serio, libro mío, ¡no!» y respuestas a las mil y una preguntas.