Los dos Arturo García

Por Eduardo García Martínez

En la historia del departamento de Sucre, nacido del Bolívar grande, dos hombres con el mismo nombre y primer apellido sobresalieron por motivaciones diferentes. Uno, Arturo García González, de Ovejas, fue empresario y político. Diputado de Bolívar, saltó a la fama gracias a un porro que le compuso Lucho Bermúdez y que la gente del Caribe colombiano y de otras latitudes ha disfrutado por décadas gracias a su ritmo cadencioso, pegajoso y popular. Casado con Bertha Cariello Diago, de San Juan Nepomuceno, vivió en una casona de madera de dos pisos con balcones volados hacia la plaza del pueblo, una reliquia de la arquitectura vernácula de los Montes de María. En esa casa Bermúdez tocó el conocido porro para homenajear a su amigo, quien había tenido ciertas deferencias con el músico de El Carmen de Bolívar.

El otro Arturo, menos famoso pero mucho más destacado que el del afamado porro, se apellidaba García Hernández, oriundo de Sampués, donde nació el 24 de agosto de 1858. Desde pequeño aprendió de su padre el arte de los negocios y con base en su constancia y dedicación al trabajo logró convertirse en un notable empresario y tal vez el hombre más rico de la sabana bolivarense de la época. Su primer radio de acción fue su natal Sampués, Sincelejo y la región del San Jorge, comercializando pieles de ganado, cebo, azúcar, fósforos, jabón y tabaco. Se convirtió en uno de los más activos negociantes de la Feria de Magangué, gracias a sus conocimientos sobre el comercio y la ganadería.

Arturo García González, de Ovejas, y Arturo García Hernández, de Sampués. Íconos sucreños.

Arturo García Hernández llegó a tener más de 40 mil cabezas de ganado y de ser un incipiente prestamista en Sampués se convirtió en capitalista reconocido, creador en 1920 del Banco Nacional de Sabanas con sede en Sincelejo, con una inversión de 500 mil pesos. Fue socio de Mario Santodomingo con quien compró la Cervecería Águila de Barranquilla con otros dos inversionistas, y a la que inyectó después doscientos mil pesos para ampliarla y modernizarla. Tuvo también relaciones empresariales con José María Pizarro, quien trajo semillas mejoradas de tabaco desde Cuba.

Contrario a otros empresarios que se tornan avaros a medida que acumulan capital, García Hernández fue filántropo comprobado.

Donó un edificio para que funcionara el hospital público de Sincelejo y otro para el prestigioso colegio Simón Araújo. Sobre García Hernández han investigado y escrito Orlando Fals Borda, Eduardo Posada, Adolfo Meisel, Joaquín Viloria, entre otros, pero falta ahondar en su vida y obra para ampliar el conocimiento sobre su legado y enriquecer la historiografía de personajes del Caribe colombiano.

La imagen destacada de este módulo, fachada del colegio Simón Araújo, cuyo edificio fue donado por don Arturo García Hernández, tomada de https://www.youtube.com/