Las emociones

En el debate sobre la educación emocional —sostiene Jorge Agudelo Moreno— conviene dejar claro que “emociones negativas” no significan “emociones malas”… La connotación de bueno o de malo no puede ser aplicada a las emociones.

La educación emocional

Por: Jorge Agudelo Moreno

Este es un tema apasionante, ya que las emociones son buenas y necesarias, pero unas son positivas y otras son negativas. La distinción entre emociones positivas y negativas es tan evidente que no necesita mayor explicación.

La mayoría de las personas tienen claro que el miedo, la ira o la tristeza, son emociones negativas, mientras que la alegría, el amor y la felicidad, son positivas. Sin embargo conviene dejar claro que “emociones negativas” no significa “emociones malas”… No… El valor tiene una connotación de bueno o malo que no se le puede aplicar a las emociones.

A veces se ha establecido erróneamente una identificación entre negativo igual a malo y positivo igual a bueno. Conviene desmontar este error, ha señalado el español Rafael Bisquerra en su libro “Universo de Emociones”. Si no lo hacemos, nos podemos encontrar con lo que le pasó a un señor que se hizo la prueba del sida y llegó a su casa todo contento diciendo: “Me he hecho la prueba del sida y afortunadamente los resultados han sido positivos”. Confundir positivo con bueno o negativo con malo, puede llegar a ser fatal en algunos casos. Nadie considera que el polo positivo de un imán o de un cable de electricidad es bueno y el negativo, malo. Sería un error considerarlo así.

Hay que dejar claro que todas las emociones son buenas. El problema está en lo que hacemos con las emociones, en cómo las gestionamos a favor de nuestro bienestar y en favor de los demás.

Pero siendo buenas todas las emociones, algunas nos hacen sentir bien y otras nos hacen sentir mal. Por esto, a unas se las denomina positivas y a otras negativas, en función de si aportan o no bienestar. En base a esta clasificación, se pueden distinguir dos grandes constelaciones: La constelación de las emociones negativas, cuyos centros son el miedo, la ira y la tristeza, que representan un campo de gravitación muy potente. Y la constelación de las emociones positivas, cuyos centros son la alegría, el amor y la felicidad, cuyo campo gravitatorio no tiene tanta fuerza como el anterior, según la investigación de Rafael Bisquerra y sus amigos…

Las emociones negativas se experimentan ante acontecimientos que son valorados como una amenaza, una pérdida, una meta que se bloquea, dificultades que surgen en la vida cotidiana, etc. Estas emociones requieren energías y movilización para afrontar la situación de manera más o menos urgente. Las emociones positivas, en cambio, se experimentan ante acontecimientos que son valorados como un progreso hacia los objetivos personales. Estos objetivos son, básicamente, asegurar la supervivencia y progresar hacia el bienestar. La supervivencia y el bienestar tienen una dimensión personal y social. Es decir, no solamente para mí, sino también para las personas queridas. En este sentido se puede extender a la humanidad entera. Las emociones positivas son agradables y proporcionan disfrute y bienestar. La presencia de estas dos constelaciones representa la polaridad emocional. Es decir, las emociones se sitúan en un eje con dos polos: positivo y negativo. En cada uno de los polos hay una emoción: alegría-tristeza, amor-odio (ira), felicidad-infelicidad, ilusión-desilusión, moral (alta)-desmoralizado, etc. Si bien conviene reconocer que algunas veces desconocemos las palabras que designan a las emociones en cada uno de los polos.

Si le sugerimos al lector que haga un listado de emociones positivas y negativas, ¿De cuáles hay más? En general, la mayoría de las personas escribe más emociones negativas que positivas. ¿A qué obedece esto? Haga el ejercicio y se dará cuenta ¿cuántas ha escrito en total? Sabiendo que hay más de 500 emociones encontradas por los especialistas. Si ha escrito menos de 40 no ha llegado ni al 10 por ciento de ellas. Si haces la lista, lo más seguro es que habrá más de negativas que de positivas. ¿A qué se debe esto? Lo cierto es que hay más palabras para describir emociones negativas que positivas. Esto se debe a qué somos más sensibles a lo negativo que a lo positivo, ya que la constelación de las negativas tiene un campo gravitatorio más potente que las positivas. Las emociones negativas suelen ser más frecuentes, más intensas y más duraderas que las positivas. Por naturaleza estamos más sensibilizados ante lo negativo que ante lo positivo. Esto se explica en el hecho de que las emociones negativas tienen una función esencial para aumentar las probabilidades de supervivencia. Mientras que las emociones positivas no son indispensables para sobrevivir, sino que van orientadas a la felicidad. Pero conviene tener presente que estamos programados para sobrevivir, no para ser felices. Ser felices significa nadar contra la corriente: superar el campo gravitatorio de las negativas para intentar acercarse a las positivas.

En su libro Rafael Bisquerra señala que hay que aceptar la realidad. No hemos de ser ingenuos. Si vivimos largos años vamos a experimentar inevitablemente emociones negativas. Los impactos emocionales negativos que recibimos son superiores en número y en intensidad a los positivos. En cambio, las emociones positivas las tendremos que buscar y construir, y no siempre lo vamos a lograr. Se señala que por cada emoción positiva existen tres emociones negativas. Las emociones positivas tienen presencia de bienestar y las negativas tienen ausencia de bienestar, por eso el esfuerzo de buscar y manejar las emociones positivas, bien merece la pena, y eso lo logramos con la educación emocional, que no es más que aprender y enseñar a reconocer, controlar y manejar las emociones para alcanzar el bienestar, la paz interior o la felicidad…

Por eso desde la educación emocional es importante enseñara a amar, porque lo que más desea el ser humano es la felicidad.

Continuaremos con la educación emocional, la tarea pendiente en América Latina…