«Estoy alegre»

Declarándose “más alegre que una fiesta de pueblo”, Alonso Ramírez Campo comenta el mandato que viene para el próximo cuatrienio en cabeza del presidente electo Gustavo Petro: para jóvenes, mujeres, etnias, campesinos, nadies, la diversidad…

¡Aquel 19!

Por Alonso Ramírez Campo

Como dice el bolero en la voz de Alberto Beltrán: “Aquel 19 será, el recuerdo que en mi vivirá. Ese día, qué feliz ¡tan feliz!”

La juventud colombiana aspira a no terminar defraudada. Los jóvenes creen en Petro.

Y sí, estoy más alegre que una fiesta de pueblo, porque al fin el pueblo colombiano se expresó depositando el mandato popular en la izquierda progresista. Ese mandato es sagrado y sé que el presidente electo, Gustavo Petro Urrego, lo hará cumplir contra viento y marea sin caer en terquedades, caprichos o sectarismos. Ese mandato ya no será únicamente el de los grandes empresarios, banqueros, ni terratenientes, sino el de los jóvenes de universidades y barriadas, mujeres cabeza de familia, comunidades negras, indígenas, campesinos y el conjunto de expresiones de todas las nuevas ciudanías propias de la diversidad.

También veremos como cosa rara en el nuevo gobierno popular acciones para sacar a Colombia del ostracismo premoderno en el que lo sumió la clase dirigente que no obstante gozar del poder por dos siglos, ¡vaya paradoja de la historia!, tuvo que llegar un gobierno de izquierda para desarrollar el capitalismo moderno en el país del sagrado corazón y no al socialismo del siglo XXI. Eso es vergonzoso para la derecha colombiana que esgrimió el miedo de convertir a Colombia en socialista, cuando, en realidad, se oponían era a desarrollar un capitalismo moderno que pasa por poner a producir la tierra y pagar impuestos como hacen los terratenientes en los países desarrollados.

Petro entiende —sin caer en adoraciones y defensa a ultranza—,que instalar el capitalismo moderno es un paso necesario e importante en Colombia y América Latina , pero no suficiente, porque por el bien de la existencia humana y las otras formas de vida, el capital tendrá que ceder ante la vida y, que hacer de Colombia una potencia mundial de la vida pasa por transitar también hacia formas de vida post-capitalistas. ¿Como cuáles? Difícil de predecir en estos momentos. Tal vez, pueden anunciarse algunas coordenadas como poner la economía al servicio de la vida y no al revés, transformar la mentalidad de la población con escuelas de vida que apunten no solamente en la instalación del saber y el conocimiento al mundo productivo, sino a la vida cotidiana, que apunten a una concepción ambiental de la vida como dijo el maestro Darío Botero Uribe.

Mas allá de los retos coyunturales que tiene Petro por delante, como lidiar con una oposición que será férrea y quizás virulenta por parte del uribismo y parte del estamento del viejo país feudal y premoderno que no estará para nada contento, ha llegado la hora de tender puentes de entendimiento con ese sector y cualquier otro que exista para pasar la página de la polarización y la violencia que permitan inaugurar por fin una era de paz en este sufrido país.

Habrá que demostrarles que no son como ellos, que tienen todo el derecho a ser y hacer oposición como dictan las reglas democráticas sin ser perseguidos política ni jurídicamente como hicieron ellos con la oposición. Es la hora de la grandeza, y esta pasa por darles espacio como opositores y por qué no… como aliados en la construcción del nuevo país y no como enemigos de Colombia.

Sí, como aliados y no como enemigos, porque este será un gobierno de unidad y necesita la colaboración también de sus detractores. Necesitamos, por ejemplo, a Uribe Vélez para que convenza a los terratenientes a que pongan a producir la tierra, a que paguen los impuestos que correspondan o a que la arrienden en caso de que no quieran hacerlo.

Esa es la mejor lección que está por verse por parte del nuevo gobierno popular, aunque sabemos que no será fácil; las heridas y los resentimientos de medio país y la desconfianza y el odio infundados al otro medio país se pondrán en puja en la realidad, pero el cambio es ya imparable y esa es la otra realidad.

Finalmente, dos consideraciones Globales: la primera es que la globalización como proceso interno de cada país requiere lo Glocal, es decir, en pensar globalmente actuando localmente. Eso implica impulsar la descentralización de verdad, que no se quede en tratar a las entidades territoriales —municipios, departamentos, provincias, regiones— como entes administrativos y pasen a ser gobiernos autónomos como lo establece la constitución de 1991. Creo que ha llegado, con el gobierno de izquierda progresista de Petro, la posibilidad de desarrollar ese proceso como profundización de la democracia participativa.

El cambio es ya imparable… Y la realidad que se acaricia: un gobierno de izquierda por la vida.

Será el tiempo de las regiones. Y en el caso particular de la región Caribe, no escatimare esfuerzos para que desde esta tribuna visibilicemos que fue en el Caribe donde se inauguró la modernidad, que como parte integrantes de esa región universal estuvimos en el centro de la historia y es perentorio volver a ella.

En segundo lugar, pensada externamente, la globalización implica actuar como bloque y ya nos llegó la segunda ola de gobiernos de izquierda progresistas en América Latina, esta vez, más mesurada, más atemperada que la anterior, menos altisonante, pero más madura. Ahora esta segunda ola progresista le está dando a entender a los Estados Unidos que si no conforma un bloque con los países latinoamericanos quedara solo en el concierto universal porque China le está respirando en la nuca. Sin América Latina como aliada, la potencia del norte no tiene manera de competir contra el dragón asiático, y yo veo a Petro liderando a América Latina en un gran acuerdo con los Estados Unidos en ese sentido, pero con la condición de no ser tratados como patio trasero sino como socio en igualdad de condiciones.

Seguramente con Amlo de México, Boris de Chile, Lula próximamente en Brasil, y por supuesto con Petro en Colombia, América Latina se pondrá de pie y sin ser antiimperialistas como en el pasado, le exigirán a los Estados Unidos que revisen su política exterior.

Mientras tanto, esperemos tranquilamente que todo esto suceda y disfrutemos como en el bolero: “Aquel 19 será, el recuerdo que en mí vivirá. Ese día, que, feliz… ¡tan feliz!…”