Mágico

Y cree Alonso Ramírez Campo que enseñando en la escuela básica los aportes del mundo caribeño, los jóvenes conectarán con un mundo universal y mágico que desconocen:’ Caribe-mágico’, como lo pinta Josef Prajapati (Imagen destacada).

EL CARIBE:

Origen del mundo moderno

Por Alonso Ramírez Campo

Acaba de publicarse el libro “El caribe: Origen del mundo moderno”, una investigación dirigida por la investigadora madrileña Consuelo Naranjo Orovio que contó con la contribución de más de 15 instituciones de Europa, América latina y del Caribe, con sus diferentes valores y culturas, métodos de trabajo y necesidades. Es sin duda un aporte transnacional que busca establecer un diálogo académico entre Europa y el Caribe, lo que permite —al menos teóricamente— tener una visión descentralizada de la versión eurocéntrica tan común en los estudios históricos, en particular cuando se abordan temas sobre la configuración del Mundo Atlántico desde 1492.

En la introducción del texto se mencionan los aspectos a desarrollar como “La definición del Caribe como espacio de interacciones culturales, económicas y sociales, la esclavitud, la creación del concepto de raza, el racismo, las políticas de los grandes imperios y sus luchas por dominar la región, las resistencias locales, la circulación del conocimiento, las identidades regionales, los modelos de desarrollo urbano ,político, económico y social, las representaciones en y del Caribe, los intercambios culturales y diálogos de la región y la literatura”.

Generalmente, cuando evocamos al Mar Caribe o Mar de las Antillas lo asociamos con un mundo de piratas y bucaneros, de galeones llenos de tesoros y de interminables aventuras. Pero si se investiga un poco más, nos encontramos con un mundo de belleza tropical, con un mar de mil colores, con naos negreros surcando sus aguas, con combates permanentes entre piratas franceses, ingleses y españoles.

Si nos preguntamos ¿por qué el Caribe se convirtió en el centro del mundo moderno?, la respuesta de entrada es porque desde allí empezaron las verdaderas expediciones de conquista hacia México con Cortes (1519) y más tarde hacia Perú con Pizarro (1531), porque sin esa llave de entrada no hubiera sido posible la llamada conquista de América .En otras palabras, la primera conexión que se estableció entre Europa y las tierras continentales del nuevo mundo se dio en el espacio del Caribe , ese fue el primer espacio americano de la expansión europea  “y, desde 1492, las Antillas se convirtieron en el lugar de aclimatación para los recién llegados, trampolín para saltar al continente a las conquistas de las grandes culturas, y primera experiencia comercial azucarera gracias al trabajo de esclavos africanos”.

De todo este mosaico de temas que van desde el Caribe como espacio geopolítico donde se establecen contactos económicos, políticos y culturales que fluyen de una isla a otra, así como hacia las tierras continentales americanas hasta los diálogos de la región y la literatura de ese Caribe famoso en el que se plasman novelas, poesía y arte vario y el de las islas pequeñas de nombres curiosos, piratescos como Barbados, Caimán, Antigua y Martinica y el espléndido Caribe colombiano se configura un sistema mundo, un huracán que atraviesa el Atlántico cuyo ojo tiene como epicentro las aguas e islas de la región Caribe .

Los primeros que llegaron a las islas del Caribe fueron, como sabemos los españoles y por lo mismo se apoderaron de las islas más grandes (Cuba, Puerto Rico, y La española divida hoy entre Republica Dominicana al este y Haití al oeste). Esto conllevó a que el otro rosario de islas pequeñas, llamadas Antillas menores, no recibieran tanta atención de los españoles y pronto resultaran atractivas a los otros imperios coloniales  —Gran Bretaña, Francia y Holanda — que vieron que adueñándose de las islas pequeñas, podían sabotear el comercio de plata americana en su ruta a España, rivalizar por el control de las rutas marítimas y puntos estratégicos y hacer, en últimas, del Caribe el nuevo escenario para sus disputas políticas y religiosas ,y tomar a las islas como futuras piezas de intercambios en los tratados de paz.

De esta manera el Caribe pasó a ser el centro del mundo moderno, la mermelada y la rebatiña vivida a dentelladas a manos de los imperios coloniales, la patente de corso de los piratas convertidos en corsarios gracias al permiso dado por los monarcas.

En este sentido el Caribe es un universo diferente al de la América continental, es una vasta transacción marítima, “Como en el mercado nocturno de Tenochtitlan ,canoas de mercaderes negocian sus preciosos bienes ,regatean, conversan, se ríen y se entienden, mecidos por el oleaje incesante y adormecedor. Madre es la mar, que es de todos y de nadie, que separa y comunica, que tiene el mismo sabor de sal en todas partes, las mismas mareas en el calor nocturno. Padre el continente originario de los abuelos y bisabuelos, África que sueña un inconsciente de oscuras selvas y vastos desiertos. África ,padre y madre de toda la humanidad”.

Retratada en su mismísima realidad, la escena no puede ser más mágica.

Por eso, en sus aguas e islas se originaron las interacciones económicas, sociales y culturales que configurarían el mundo moderno. Allí nació la modernidad capitalista y su lado oscuro de colonialismo y esclavitud, allí sobre sus aguas, se trasladaron las guerras imperiales de los Estados europeos trenzados en disputas por el predominio del mercado mundial que se abría ante sus ojos de codicia, por allí llegaron las naciones africanas en cadenas.

Pero visto desde la otra cara de la moneda, allí también afloró un mundo de novela. Como bien dijo Miguel Ángel Asturias  —citado en el libro en mención—: “No es de maravilla que Cristóbal Colón se empecinó toda la vida en creer que había descubierto las indias occidentales y no que había tropezado con un continente entero?,¿ No parece de maravilla que un cura que comenzó  encomendero  en Santo Domingo se haya convertido al ver las atrocidades contra los indígenas, y se haya vuelto el primer defensor de ellos, con la protección del mismo Rey de España?,  ¿No son de novela las peripecias de un pícaro que seduce mujeres, se asila perseguido por la justicia en la catedral de Santiago de Cuba, escapa y, atravesando el mar, conquista  el territorio de los Aztecas y se convierte en Marqués del valle de Oaxaca?”.

También Alejo Carpentier comparte esta visión cuando dijo que todo en el Caribe es real y maravilloso, al tiempo, años después, García Márquez le daba razón: nada inventa el escritor, le basta transcribir la realidad  para elaborar literatura fantástica.

Tal vez por lo mismo, los caribeños tengan el privilegio de hacer parte de un mundo en el que no solo habitan, sino del que también hace parte.

Si como aducen los filósofos al hombre no le basta con formar parte de la realidad, sino que necesita además formar parte de un mundo, esta porción del mundo conocida como Caribe conforma un entorno, un marco relacional que lo introduce y lo inspira a vivir —más allá de los sinsabores de la vida cotidiana— en un manantial de presencias presentes a toda hora propias de un mundo mágico, maravilloso y con frecuencia picaresco.

Mil formas hay de expresar el caribeñismo.

En nuestro caso, el Caribe colombiano que comparte el Caribe del continente suramericano con Venezuela, las Guayanas y Brasil, aporta para el continente esas presencias mágicas. Bastaría citar un solo testimonio del amplio repertorio musical que retrata nuestra cotidianidad divertida con paso y tono festivo. En la canción ‘El patillero’ de Fruko transcurre la siguiente escena: Al son de la carretilla va un vendedor de patilla entonando su pregón, gritando rojitas son como el corazón mis patillitas, al tiempo, detrás viene un mamador de gallo que comienza a burlarse diciendo «¡Son amarillas!», calle arriba calle abajo, calles vienen calles van, vacilando al patillero aquel bocón iba detrás. Pendiente de aquel grosero, el patillero se estrella con un camión y las patillas salen a volar quedando como estampillas, en medio de la risa del bocón. El patillero furioso sale a perseguirlo y lo que salvó al bocón del furioso patillero fue que al cruzar por un callejón le salió un perro que lo dejó encueros.

Así transcurre con frecuencia la vida cotidiana en nuestra región Caribe, ese es nuestro mundo y, a pesar de tantos sufrimientos y sin sabores, propios de una comarca abandonada por un centralismo de todo tipo, la población del Caribe afirma la vida con manifestaciones alegres.

No se trata de hacer otra historia, negando otra, sino de introducir en Colombia y en el continente los aportes del mundo caribeño para volver a ser esta vez el centro del mundo y meternos en la historia como vanguardias de la vida y no como periferias dependientes de imperios.

Si enseñamos en la escuela básica esta versión de la historia, seguramente conectamos a los jóvenes no solo de la costa Atlántica sino de todo el país con un mundo universal y mágico que aun desconocen.