Ya comienza

Elkin Palma Barahona sostiene que en estos momentos se percibe un festival vallenato neoliberalizado y se pregunta : ¿Hacia dónde va el evento que preserva nuestra música? Con Turizo, Jessi y Paola, música pa’otra parte.

Autenticidad y deculturación

Por Elkin Palma Barahona

Una aureola de versos y cantos se extiende por toda Colombia, y permea a toda América Latina, discurriendo un ideario cultural que patentiza la alegría de un conglomerado social incrustado en el pie de monte de la Sierra Nevada de Santa Marta.

Turizo en Festivallenato: deculturación.

En Valledupar no solo suenan acordeones, guacharacas ensordecedoras y cajas que repican, es la puesta en escena —en cada vigencia de este evento—, de una matriz que oscila entre lo local desafiante y lo mundializado, la riña folklórica entre acordeoneros y/o acordeonistas, es un barniz que lo previene de las polillas inquisitorias de la pluriculturalidad, de la aculturación y la deculturacion. Por ello la Unesco crea sabiamente la salvaguarda y nosotros, los cultores, investigadores e intérpretes y meros vallenatófilos, tenemos la misión no solo de protegerlo y defenderlo sino de sustentarlo desde la academia para que su mensaje permee las mentes de quienes en el futuro llevarán su bandera.

Ese vallenato que suena en la tarima del parque de la leyenda, o en la otrora plaza Alfonso López, se yergue joven y corpulento, mientras existan eventos que resalten y preserven su existencia. Así ha forjado camino, así ha abierto trocha y así ha germinado en diferentes latitudes como en Monterrey, México, donde frecuentemente se presentan en concierto hasta seis agrupaciones con un público pletórico que se doblega el alma con la sonata que sale de los arpegios criollos vallenatos.

Amén de todo este rosario de actos positivos para nuestro canto, hoy el mayor problema del festival no es el mismo que surgió en el 68, cuando el jurado de ese entonces vagaba en la dicotomía de quién era el rey, Alejo sobrio y de nota sabrosa o Emiliano altivo, embriagado… y de nota picante

Cabe preguntarse en estos momentos, en el que percibimos un festival totalmente neoliberalizado ¿hacia dónde va el evento que preserva nuestra música? La que nos identifica ante el mundo. ¿Cuáles son las señales de

preservación? ¿Las mismas que nos indica la Unesco?   ¿Estas van tras el rey o el rey las lleva consigo?

Podríamos decir que el resultado derivado de cada contienda festivalera es que vienen periodistas de todo el mundo —los medios trasmiten para América, el rey con acordeón al pecho difunde su jerarquía y la del folklor— pero…

¿Todo esto recoge en esencia lo que debe preservar dicho evento? Al festival también debe envolverlo una dinámica académica, programada desde las propias huestes de su directiva y no producto de la casuística impulsada por la melomanía de los amantes del folklor… O bueno que eso la impulse, pero que sea evidente la intención de quienes tienen o se han adjudicado la responsabilidad de proteger el “crial” del vallenato, porque hoy sí que hay compromiso y la bandera de la salvaguarda debe llevarla el festival. Quienes de muy buenas ganas   se   arrogaron   dicha   responsabilidad, deben poseer una sensibilidad hacia el conocimiento y significado del vallenato, no que terminen convenciendo a sus colegas de que se hace necesario engalanar al festival con orquestas, bandas de rock, mariachis y reguetoneros para hacer retomar auge al magno evento.

Jessi Uribe, Paola Jara, Manuel Turizo, quizá opaquen el homenaje a Jorge Oñate en Festivallenato.

Todo esto no pretende armar un frente o estigma hacia los otros ‘géneros’, solo pretende sembrar conciencia sobre las acciones insinuantes que desmitifican la misma preservación idiosincrática de un pueblo.

Al festival vallenato no le cabe todo, como ocurre y ya ocurrió con una versión del festival de orquesta en el carnaval de Barranquilla, en el cual la presentación de un “duro” mexicano de la ranchera según algunos expertos, le dio revuelo a ese evento folklórico. Al festival vallenato debe agrandarlo en empatía con el país, el crecimiento del gusto por este canto, el aumento de vallenatofilos, que lo ponga de frente con lo que ese mismo país aspire a ser identificado.

Este año la presentación central que quizás desplazará al gran homenaje programado por la fundación al jilguero de América, estará a cargo del regaetonero Manuel Turizo, además de Jessi Uribe, Paola Jara entre otros. Se entiende el tinte de mercado que se le ha dado a un evento que debe ser netamente cultural y que ya cuenta también con la salvaguarda financiera como para asegurar las entradas de los que a causa de la aculturación se distancian del vallenato. Rodeemos al festival, aquí también se preserva dicha identidad y nosotros también tenemos la salvaguarda, y esta precisamente actúa cuando una parte del conglomerado se resiste a identificarse con lo que es objeto de protección, pero esto no está en la mente de quienes dirigen los objetivos del festival.

Elkinpalma3@hotmail.com