Feminismo (II parte)

Segunda entrega del ensayo sobre feminismo de Alondra Micaela Bahamondes y Ayelen Elizabeth Cristofanett, estudiantes del Profesorado de Educación Superior en Lengua y Literatura, en la Universidad Nacional: mujeres indígenas ante políticas públicas.

ENSAYO

2.- MUJERES INDÍGENAS Y SU POSICIÓN FRENTE A LAS
POLÍTICAS PÚBLICAS, LA IDENTIDAD Y LA REIVINDICACIÓN:
Kelluzomowen: Sororidad.

Cambios importantes, con
marginación social vigente

Por Alondra Micaela Bahamondes y Ayelen Cristofanett

En el presente apartado, se pretende demostrar cómo surgió la evolución del feminismo indígena en América Latina. Diferenciándose de las mujeres “blancas” y occidentales, las feministas pertenecientes a los pueblos originarios se imponen en la sociedad blanca y patriarcal para exigir que se implementen políticas de reconocimiento y derechos igualitarios. Estas mujeres lograron imponerse en el espacio político, involucrándose en él, al imponer sus ideologías y sus reclamos. Con ello han logrado cambios importantes en las sociedades originarias, aunque la marginación social sigue vigente. 

A partir de los movimientos feministas presentes en este siglo, el abanico de posibilidades se expandió no solo a las mujeres de la metrópoli, sino también a las mujeres de las periferias, y en particular, a las mujeres indígenas.  Al ser mujeres marginadas no sólo por la presión machista de la época, estas mujeres se encuentran sometidas además a la presión y la ignorancia de la dirigencia política y cultural. El pedido de reconocimiento de sus derechos y de la reivindicación hacia la multiplicidad de culturas ha sido puesto de manifiesto por los pueblos originarios latinoamericanos.  Es por ello, que las mujeres indígenas han sabido posicionarse frente a la sociedad y hacerse lugar en los ámbitos más machistas como lo es la política, el arte y la literatura. Los reclamos de estas mujeres pertenecientes a los pueblos originarios se relacionan con la alta tasa de femicidios y la xenofobia que existe para con ellas. Muchas veces este accionar se encuentra ligado a la opresión del machismo “blanco”, es decir, a la construcción patriarcal del colonialismo, razón por la cual muchas veces las mujeres de los pueblos originarios (e incluso afrodescendientes) no se ven representadas por el feminismo más predominante o visible. Además de ser consideradas indígenas, muchas veces son consideradas por la sociedad y el patriarcado como mujeres pobres, de baja etnia o sin clase, lo que genera que no se sientan representadas por un feminismo occidental. 

En relación con lo expuesto, Elisa Loncón Antileo, feminista, lingüista y activista política por los derechos de la comunidad mapuche en Chile, es presidente hoy en día de la Convención Constitucional de dicho país. El feminismo que ella promulga desde su posición como política, intelectual y perteneciente a una etnia originaria, es aquel que busca destruir las barreras de la discriminación y la opresión desmedida de la sociedad y del machismo, como así también, la reservación de las tierras ancestrales para su conservación, puesto que se trata de tierras que “le han otorgado a las madres el sustento para sus hijos” (Loncón, 2020). Tal como lo expresa en su artículo: “La mujer indígena lucha por la educación de sus hijos, por la lengua, la cultura, por el territorio, la vida de la naturaleza, entre otros.” (Loncón, 2020). 

De todas maneras, la cuestión radica en el Estado. La falta de planificación y ejecución de medidas necesarias para la revalidación de los derechos de las mujeres indígenas, han puesto a las mismas en una situación de conflicto y tensión en las sociedades latinoamericanas. Si bien hoy en día el feminismo más occidental ha puesto sobre la mesa sus justos reclamos, es cierto que la mujer indígena no tiene participación ni validación política. Muchas veces sucede que los ministerios de la mujer o las entidades que profesan validar las causas de los indígenas hacen la vista a un lado. Es decir, no se involucran o minimizan esos reclamos. Es por ello que, a partir de la revaloración y el empoderamiento de las mismas mujeres indígenas, ellas adquieren lugar y reconocimiento en el espacio político, manteniendo su posición y luchando por sus derechos. 

En relación con las ideas expuestas en el párrafo anterior, lo mismo sucede con la concepción feminista de Lucía Ixchíu, guatemalteca, activista feminista, indígena quiché, gestora cultural y fundadora de Festivales Solidarios y “Mujeres en Movimienta”. Al igual que Elisa Loncón, Ixchíu mantiene la relación entre feminismo y naturaleza, puesto que sus concepciones ancestrales de la mujer están vinculadas a cuestiones terrenales. Si bien comprende que los hombres son parte fundamental de la vida en comunidad de los pueblos originarios, es consciente de que se debe cuestionar el machismo; como así también, comprende que el accionar patriarcal de los mismos se vio influenciado por la colonización y la llegada de “los blancos” a América Latina. 

En cuanto al párrafo anterior, la imposición occidental sobre el feminismo que representa a la colonia y las clases altas, produjo que en Latinoamérica se cause un boom, un impacto social que lejos está de ceder pero que representa solo a las mujeres de la metrópoli. Es por ello que los reclamos de las mujeres indígenas van más allá de la xenofobia, la marginación social y la falta de políticas públicas. Tal es así, que en el año 2019 hubo una manifestación denominada “La rebelión de las cholas” por parte de grupos originarios bolivianos, en donde las mujeres quechuas y aymaras resignificaban el valor de la pollera típica de Bolivia y sus pueblos originarios. De hecho, Lidia Katari, la esposa del ex-presidente aymara Víctor Hugo Cárdenas, debió abandonar su profesión de docente porque allí le prohibían el uso de la falda típica. Esto mismo ocurrió con muchas mujeres de las comunidades indígenas de Bolivia, las cuales se veían despreciadas y cosificadas no sólo por sus maridos, sino también por los hombres de las entidades de las cuales eran partícipes (universidades, trabajo, entidades gubernamentales, etc.). Si bien el gobierno de Evo Morales es caracterizado por Liliana Colanzi como machista y opresor, la autora de la nota periodística del diario El País, sostiene que se implementaron varias políticas para la reivindicación de los derechos de las mujeres indígenas en Bolivia. Desde una ley que promulga un freno hacia la discriminación y la xenofobia, a la integración de indígenas en los sectores políticos del gobierno de turno.  

En relación con estas ideas y a partir de las multiplicidades de voces y feminismos que se encuentran hoy en América Latina, cabe destacar al feminismo comunitario, originado también en el pueblo boliviano y que hoy en día se extendió por todo el continente. Este movimiento, impulsado por Julieta Paredes, comprende al feminismo como una herramienta para identificar y combatir los conflictos sociales que causa el patriarcado. Como señalamos con anterioridad, y en relación a lo que comentaba Lucía Ixchíu, el feminismo comunitario propone romper con la hegemonía del feminismo occidental, con lo que en la lengua aymara se conoce como chacha-warmi, es decir, con la concepción hombre-mujer. Esta concepción da identidad a “las mujeres indígenas, a las campesinas, a las mujeres de bajos recursos, a las multiculturas y al plurilingüismo”, sostiene Julieta Paredes. Es decir, se le da lugar al feminismo no sólo desde el rol de la mujer, sino también desde el arte, la cultura y la diversidad. 

En la misma línea del feminismo comunitario, podemos citar a Alcira Villafaña, líder de los Arhuaco, comunidad indígena de Sierra Nevada de Santa Marta, Colombia, quien sostiene en una entrevista al diario El País, que: “no es fácil ser mujer, líder, indígena y, además madre cabeza de hogar” (2018), puesto que, según ella, ser mujer en una comunidad indígena requiere de fortaleza y dignidad. En este sentido, al igual que las demás mujeres que hemos señalado, Alcira enfatiza que en su comunidad no se le ha negado la posibilidad de dar voz a sus convicciones, sino más bien, que se las hacía partícipe. Es por ello, que el feminismo en su comunidad, se vincula con un deseo de emancipación comunitaria, es decir, la toma de decisiones por ellas mismas sin prevalecer un género por otro. La discriminación por parte de los hombres es rechazada por Alcira, y por lo mismo, cría a sus hijos bajo un lema matriarcal, donde la igualdad social de labores domésticas y toma de decisiones es puramente igualitaria. Dentro de su función de líder, matriarca, feminista e indígena, Alcira “dirige una ONG llamada Niwisaku, que contribuye a la resolución de las problemáticas del pueblo Arhuaco y, en menor medida, de otras etnias como los Kogui y los Wiwa” (El País, 2018)

En función de lo planteado anteriormente, diversos ejemplos de mujeres indígenas se encuentran hoy en la sociedad, como es el caso de la actriz Yalitza Aparicio, quien es perteneciente al pueblo mixteco, originario de México. Dicha mujer, además de actriz, se desempeñó como maestra de escuela primaria y hoy en día es Embajadora de las Naciones Unidas para los pueblos indígenas. Su visión del feminismo parte desde la idea de igualar las condiciones laborales y de derecho para las mujeres indígenas, pero no así la sobrevaloración de un género por otro o la supremacía del mismo.  Esto coincide con el concepto de feminismo comunitario, que se encuentra presente en la mayoría de los pueblos originarios latinoamericanos. Además, es una gran impulsora y activista por la ley de interrupción voluntaria del embarazo, sostiene que se siente parte de la “generación del cambio”. Tal es así que, Yalitza Aparicio, apareció en un video musical con un pañuelo verde atado a la muñeca. Esto último se considera un hecho revolucionario si tenemos en cuenta a las mujeres que hemos desarrollado en este apartado. Por lo general, hay una relación y valoración de la maternidad y la naturaleza, y la maternidad es causa y consecuencia de la misma.

En síntesis, en este apartado recorrimos los movimientos feministas indígenas en el marco latino. Pusimos en relevancia sus reclamos y sus posiciones frente a los hombres, el patriarcado y el machismo, como así también la importancia que tienen hoy estas mujeres en la agenda pública y en la política. Cabe destacar que el reconocimiento de los derechos y reclamos del feminismo indígenas siguen latentes en las sociedades latinoamericanas, por lo que existe una deuda para con ellas. Queda en la empatía, la sororidad y el feminismo general reconocer y promulgar la igualdad de las mujeres, sin importar su etnia, clase o religión, para que así puedan ser mujeres emancipadas del manto patriarcal.