Tardomodernismo

En el amplio mundo de la arquitectura-ingeniería-construcción surge un conflicto que pone en el otro lado de la calle a la memoria urbana acumulada. Óscar Camilo Reyes Serpa recrea el tema: tardo-modernismo contra lo construido.

Los “calvarios” de la supervivencia urbana

Por Arq. Óscar Camilo Serpa Reyes.

Soledad, junio 05 de 2022.

Pinghe y Yang ji, en China, par muestras de las presiones ejercidas por el tardo-modernismo inmobiliario en connivencia con
el Estado, sin antes concluir las negociaciones con los propietarios de los predios afectados por el proyecto vial o torres
de comercio y vivienda a construir.

¿Por qué las civitas de cualquier lugar de la tierra independientemente de su sistema en la organización social, cultural, económica y política definida en su entorno, más las amenazas de diversas propuestas de ciudades difusas con mucha tendencia marcada en la nueva generación de arquitectos —conceptos urbanos lanzados por urbanistas modernos y tardomodernos de mediados del siglo XX y comienzos del XXI que tienden a desterritorializar todo contexto de vida y sueño sin ningún tipo de consideración por el otro cuando se trata de rentabilizar el suelo, de expulsar los ciudadanos y de segregar la gran ciudad— asumen una reacción vehemente para preservar su pragmatismo, su derrota a cuestas y su memoria urbana acumulada aún si es necesaria la apuesta de su vida?

Las “contradicciones” entre la ciudad vieja y la que emerge de su vientre con nuevos bríos de desarrollo urbano, convierten los escenarios de convivencia compartidos en paisajes y campos de batallas violentos en segregación y expulsión urbana en algunos casos, en resistencias urbanísticas en otros, mientras en muchos territorios de vida, la felicidad florece bajo el pragmatismo de la razón en la diversidad que sabe convivir; contextos de vida citadina que dan un ejemplo de nuestra manera de ser con el semejante que comparte la ciudad no solo en su calvario gris sino en su entendimiento de vivirla y gozarla, ciudadanos multicolores que muchas veces se aferran a lo emocional de su historia para evitar su desplome y muerte como ciudad, con la intención de  dejar un canal comunicacional entre el pasado, el presente y el futuro de sus siguientes generaciones que encontraran menos dificultosa la ciudad para degustarla y saborearla en su manera de enfrentarla y vivirla.

Una mirada a vuelo de pájaro de las páginas de la historia reciente, nos señala tres territorios de países —China, Estados Unidos, Inglaterra y Japón— donde se violentan y deconstruyen sin ningún escrúpulo la historia social y urbana de la ciudad, la resistencia urbanística envalentonada por la permanencia asidua de las formas históricas de los elementos arquitectónicos que forman la urbe y la pragmaticidad de voluntades en la coexistencia de las figuras urbanas de las ciudades.

Combinación de dos proyectos vitales para el desarrollo de una ciudad: el edificio de oficinas
Gate Tower Building y el metro elevado de Osaka, Japón, donde el capital inmobiliario
tardo-modernista y el Estado japonés, concurren en un acuerdo —después de cinco años
en los estrados judiciales— para permitir la coexistencia de ambos proyectos sin detrimentos
a los propietarios y a la ciudad que es la más beneficiada en la solución construida. 

China, por ejemplo, ha sido una de las naciones donde el tardomodernismo urbanista del gran capital financiero e inmobiliario ha infligido certeras y letales puñaladas en forma indiscriminada a territorios y viviendas antiguas que son sometidos a una política de construir sobre lo construido, esto en razón de la apertura con restricciones del capital extranjero en la gran nación del Asia oriental, cuya apertura económica trajo consigo la inversión dentro de sus territorios y provoca conflictos jurídicos de compra venta entre los propietarios de los bienes inmuebles que se rehúsan a la venta ya sea por sentimentalismo o por considerar inconveniente la oferta monetaria ofrecida por parte del capital inversionista.

En ciudades como Nanning, Pinghe, Suzhóu, Zhejiang, Yichang, Yang ji, Kunming, Hefei, Shenzhen, Chongqing, etc., el tren de la modernidad china junto con el capital extranjero violentaron el derecho de propiedad residencial de muchas familias. Si bien es cierto que el Estado chino protege al propietario del inmueble, no es menos cierto que le permite al inversionista “arrancar” con el proyecto si aún presenta problemas de compra y litigios jurídicos, aspectos estos que de alguna manera ejercen presión psicológica en el propietario del inmueble que, al verse solo y en medio de una vía perimetral construida y sin la conexión de los diferentes servicios públicos, se ve obligado a negociar quiera o no su propiedad. Son casos de resistencia urbana que terminan finalmente demolidos y todos sus escombros en el suelo e indemnizados por el promotor inmobiliario cuando es particular o por el Estado cuando es de interés público.

Norteamérica e Inglaterra en los estrados judiciales han fallado en derecho toda la legalidad de la permanencia o destrucción de la evidencia histórica urbana, no han sido conniventes con el poder del dinero que facilita la renovación propuesta por los inversores inmobiliarios sin mirar los interese de la gente, han dado prioridad a la decisión del dueño del inmueble a seguir siendo el propietario o cediendo el derecho de propiedad para la reforma del territorio que se propone.

Un caso emblemático y de fuerte acoso económico ejercido por parte de varios promotores inmobiliarios ingleses para comprar la modesta tienda Spiegelhalter en la ciudad de Londres y ante la negatividad de venta por parte del propietario de la tienda y las demandas pertinentes interpuestas por ese sector económico, que aducen que su permanencia es un “bloqueo al desarrollo urbanístico de la ciudad”.

Ante esta andanada de acoso económico y jurídico, la modesta tienda se ha convertido en una piedra en el zapato del capital inmobiliario, “obstáculo” que, según ellos, ha frenado la competitividad de la ciudad al no permitirles desarrollar sus proyectos que inyectarían más fuerza a la economía de la ciudad. La tienda ha sobrevivido a dos intentos de demolición en 96 años de existencia, se ha convertido en un fuerte referente de resistencia urbanística que aún sonríe entre la modernidad inmobiliaria que la circunda y le escucha latir su corazón vetusto con más fuerza para sobrevivir.

Atlantic City, Manhattan, Seattle, Nueva York, Washington DC, Portland, San Antonio, etc. son ciudades que nos muestran iguales hechos de defensa y resistencia urbanística ante el ataque modernista inmobiliario. Semejantes al suceso de la tienda Spiegelhalter en Londres, estos al igual que aquella, también han resistido los embates de la destrucción que fomentan los nuevos enfoques urbanistas de las ciudades.

Atlantic City, Seattle Washington y San Antonio Texas, e USA, muestran resistencias urbanísticas de propietarios de
bienes inmuebles que lograron conjuran las presiones de ventas y jurídicas del capital inmobiliario. Así consiguieron
permanencia y su inserción aislada de su estructura edificativa con el nuevo proyecto inmobiliario, que tuvo que
adaptar su diseño al elemento arquitectónico ya existente.

El caso emblemático de la supervivencia urbana japonés no es como los anteriores sucesos descritos, donde el “quítate tú para ponerme yo” en el contexto de la construcción es insustancial. El problema de la escasez del suelo y venta de propiedades a las inmobiliarias, diría con mucha osadía, lo resuelven con el pragmatismo del equilibrio en los proyectos constructivos que van a generar desarrollo en muchos de sus aspectos de vida.

Japón es uno de los países del mundo más poblados y con altísima densidad urbana, sin suelo disponible para suplir necesidades apremiantes de carácter residencial, comercial, de producción, etc.

Por eso sus respuestas a las soluciones de la trama urbana no son tan conflictivas como las generadas en otras ciudades entre los factores humanos que interactúan en la transacción económica, ni transgreden derechos ni destruyen soportes urbanos. Su respuesta es como su educación, construyen desarrollo urbano en equipo, por eso su respuesta es armónica y complementaria, donde la supervivencia sin “destruir al otro” determina su felicidad y convivencia, buscando siempre la integralidad de su nación para avanzar todos en la misma dirección.

El edificio de oficinas Gateway Building en Osaka es la prueba del buen trabajo en equipo entre un particular y el Estado, la imposición de la fuerza expropiadora bajo el concepto de utilidad pública en que se amparan los estados de derecho no influyó en el acuerdo, muy a pesar de que durante cinco años hubo un litigio jurídico por la utilización del poco espacio disponible para construir dos proyectos de envergadura para la ciudad: el primero definía la construcción de un edificio para oficinas de propiedad del capital inmobiliario y el otro era fundamental en la movilidad para el transporte público de la ciudad, ambos proyectos coincidieron en el ordenamiento de un sector de la  urbe en el año 1983. Fue un entrabe que solucionaron sin la eliminación del otro y llegaron a un acuerdo constructivo para concurrir paralelamente en el desarrollo de la ciudad y elevar su estándar de vida.

Las miradas para estos “desarrollos de ciudad” analizados anteriormente han sido de distintas formas, de hecho, han arrojado diversas maneras de encarar la problemática y darles soluciones justas, injustas y equilibradas. En unas han creado y fomentado el resentimiento y la rabia del propietario afectado en beneficio del capital inmobiliario, en otros la supervivencia del hecho urbano del propietario del bien inmueble que se negó a vender los ha convertido en un mito referencial de resistencia urbanística de la ciudad, mientras en otros, las soluciones han sido más equilibradas y beneficiosas para toda la urbe y sus ciudadanos.         

Imagen destacada: En la ciudad de Nanning, China, una muestra del tardo-modernismo contra lo construido años ha.