Orgullo y pasión

Orgullo y pasión

En el Festival de la Leyenda Vallenata, creadores de Sayco encienden el alma: talento, tradición, entrega y sueños laten fuerte, llevando el vallenato a nuevas generaciones con orgullo y pasión.

Imagen de portada: Recreación con IA de una ejecución con los instrumentos genuinos del vallenato.

Por Inocencio De la Cruz

La canción inédita despierta alta expectativa en el Festival.

La Sociedad de Autores y Compositores de Colombia-Sayco, saca pecho y afina el alma cuando mira el mapa de sus creadores sonando fuerte en la categoría de Canción Inédita del Festival de la Leyenda Vallenata, ese templo donde el acordeón respira historia.

Del 29 de abril al 2 de mayo, Valledupar se vuelve un latido de caja, guacharaca, acordeón y versos, y este año la cosa viene con sabor a leyenda, con un homenaje que hace vibrar las cuerdas: el inolvidable Binomio de Oro de América —Israel Romero y Rafael Orozco—. En medio de ese homenaje, los compositores afiliados a Sayco llegan como juglares modernos, cargados de historias nuevas, melodías frescas y ese sentimiento que no se aprende, sino que se hereda, se vive y se canta.

La parranda creativa se arma con letras de autores que llegan desde distintos rincones del país, cada uno con su sentir, su paisaje y su memoria. Y es ahí donde se siente la riqueza del vallenato, porque no es uno solo, son cuatro aires que dialogan como viejos amigos —paseo, merengue, son y puya— cada pilar rítmico con su carácter, su cadencia y su forma de contar la vida. Sayco se hace presente en los cuatro, como quien pone la mesa para una fiesta donde caben todas las voces.

En el aire de paseo, ese que camina suave, pero deja huella, las canciones de nueve compositores suben al escenario con letras que prometen quedarse en la memoria. Augusto Enrique Ariza Molina, de San Juan del Cesar, llega con ‘Las tres memorias’; Elbert de Jesús Araújo Daza, de Valledupar, trae ‘Nostalgia de ayer’; Diana Marcela González Becerra, de Bucaramanga, rompe moldes con ‘Un acordeón en manos de una mujer’; Carlos Alfonso Padilla Ospino, de Barranquilla, le canta a ‘Mujeres en el vallenato’; Pedro Alcibíades Otálora García, de Valledupar juega con el tiempo en ‘El viajero del tiempo’; Alexander Maestre Oñate, de La Paz, Cesar, deja florecer sueños; César Julio Blanco Ospino, de Valledupar, anuncia ‘El regreso del poeta’; José Trinidad Rincón Montañez, de Aguachica, Cesar, susurra, ‘El silencio de un canto’, y José Guillermo Maestre Díaz, de Barranquilla, lanza la pregunta ‘¿Y mientras qué?’. Nueve historias, nueve formas de sentir el paseo, todas con ese sabor que hace cerrar los ojos y dejarse llevar.

Canción inédita: Una parranda creativa que se arma con letras de autores originarios de distintos rincones del país, cada uno expresando su sentir, su acento, su paisaje y su memoria.

Cuando suena el merengue, el ritmo se pone sabroso, picaresco, con ese tumbao que invita a mover los pies. Ahí aparecen nueve compositores más, listos para prender la fiesta. Farid Escobar Pinedo, de Santa Marta, con ‘Su majestad el merengue’; Héctor Manuel Chávez Peña, desde Chía, Cundinamarca, con ‘Vallenato capital’; Éibar Rafael Gutiérrez Barranco, de Valledupar, con ‘Vengo a rendir cuentas’; Elizabeth Ávila de la Ossa, también de Valledupar, con ‘La eterna inédita’; Jeiman Jesús López Casicote, Villanueva, La Guajira, con ‘Cómo olvidarte Valledupar’; Luis Alberto Prado Rengifo, de Sahagún, Córdoba, con ‘El nacimiento’; Álvaro Molina Silva, Urumita, La Guajira, con ‘Mi canto de la Sierra’; Faustino José de la Ossa Pineda, de Sincé, Sucre, con ‘Un regalo de Dios’, y Almes José Granados Cuello, otro de Valledupar, con ‘El vallenato es de todos’. Cada merengue es una chispa, una sonrisa, una historia que se baila.

El son, más profundo, más íntimo, llega con cinco voces que le cantan al alma sin apuro. Andrés Guillermo Pereira Vega, de Cartagena, con ‘El folclor vallenato’; William Luis Borja Ríos, Colosó, Sucre, con ‘Vivo enamorado del Valle’; Fredis Chávez Mier, de Chimichagua, Cesar, con ‘Y no pasa nada’; Luis Carlos López Baquero, Manaure, Cesar, con ‘Cuéntenles a mis nietos’, y Álvaro Olimpo Pérez Vergara, de Maicao, con ‘Esta canción es mía’. El son no grita, susurra… pero cuando pega, pega hondo.

Y entonces aparece la puya, rápida, desafiante, con ese fuego que exige destreza y picardía. Cinco composiciones se miden en este aire bravo: Armando Rafael Gil Gamarra, de Corozal, con ‘El consejo’; Eduardo Fernán Arroyo Suárez, de Pueblo Nuevo, Córdoba, con ‘Conservo mi tradición’; Fredis Chávez Mier, de Chimichagua, Cesar, con ‘Cucayo’; Marcelino Enrique Guerra Maestre, de Valledupar, con ‘Miel de abeja’, y Luis Carlos De León Rodríguez, de Cartagena, con ‘Ni segundo, ni tercero’. Aquí no hay espacio para titubeos: la puya es carácter puro.

Todo listo para que arranque la compaetencia por la nueva canción vallenata, con nutrida participación de afiliados a Sayco.

La competencia arranca el jueves 30 de abril desde temprano, cuando el sol apenas calienta el suelo del Coliseo de Ferias Pedro Castro Monsalvo y ya el ambiente huele a expectativa. La primera ronda abre el telón, y el viernes 1 de mayo la segunda ronda sube la temperatura. Ahí se separa el grano de la paja, dicen los viejos, porque no basta con cantar bonito: hay que convencer, emocionar y dejar marca.

Para Sayco —con la convicción que varios autores afiliados estarán en semifinales y alguno en la final—, todo esto es más que números o listas de participantes. Es una celebración viva del talento, una muestra de que el vallenato sigue latiendo fuerte, reinventándose sin perder su raíz. Cada canción inédita es como una carta abierta: cuenta una historia, guarda un recuerdo, lanza un mensaje y conecta generaciones que, aunque cambien de ritmo, siguen encontrándose en el acordeón.

Y es que al final, entre aplausos, notas y versos, lo que queda es ese orgullo profundo por los creadores. Ellos, con palabras nacidas del alma y melodías que se pegan al corazón, siguen llevando la bandera del vallenato a escenarios grandes, demostrando que la música de autor no solo resiste, sino que vibra, crece y sigue siendo el pulso que mantiene viva la cultura colombiana. Aquí no hay silencio: hay canto, hay historia… y hay vallenato para rato.