Nombres ancestrales

Nombres ancestrales

Extenso escrito de Juan Gómez Vizcaíno explora la toponimia de 54 municipios del Caribe continental colombiano, desentrañando nombres curiosos, raíces indígenas, paisajes y memorias que revelan identidad e historia regionales.

Primera entrega.

Nota del editor: Por su extensión y la riqueza de sus hallazgos, este trabajo de investigación y divulgación de Juan Gómez Vizcaíno sobre la toponimia del Caribe continental colombiano se publicará en dos entregas, para que el lector saboree, sin afanes, este viaje por los nombres y sus historias.

La primera entrega —el Magdalena Grande y Atlántico— recorre 26 municipios de cuatro departamentos; la segunda abarcará 28 municipios de los tres departamentos que conforman la Sabana de Bolívar. En total, 54 territorios donde los nombres propios son mucho más que palabras escritas en un mapa: guardan curiosidades, tradición oral, raíces aborígenes, huellas del paisaje y composiciones que revelan visos sacros, advocaciones religiosas y otras maneras de nombrar el mundo.

En esta primera entrega, doce de los 26 municipios reseñados cuentan con ilustraciones concebidas por El Muelle Caribe y elaboradas con inteligencia artificial (IA). Cada una incluye un tip ilustrativo que destaca un rasgo distintivo de la identidad, la cultura, la naturaleza o la gastronomía del respectivo pueblo. En la segunda entrega, el número de ilustraciones y tips dependerá de los espacios disponibles entre municipio y municipio, visto desde un trabajo de edición, diagramación y diseño realizado por computador.

MEMORIA TERRITORIAL (I)

Juan Gómez Vizcaíno

Siempre me han obsesionado los nombres de algunos pueblos del Caribe continental colombiano, por lo extraños o curiosos. Esto me indujo a indagarle a la Inteligencia Artificial los orígenes y significados de nombres de municipios de cada uno de los siete departamentos de esta región, prescindiendo los de muchos corregimientos y caseríos que tienen muy curiosas toponimias. Este ejercicio indagatorio me pareció muy ameno y sus resultados muy interesantes por sus contenidos informativos, por eso decidí, compartirlos en este texto. Hago la salvedad que utilizo la palabra indígena como lo dice la IA, y no aborigen, como debería ser.

La Guajira

Distracción entre laureles.

DISTRACCIÓN: Proviene de una vivienda de descanso construida a mediados del siglo XX (entre 1845 y 1848) por el colonizador Antonio María Vidal, a la cual llamó “La distracción”. Con el tiempo, alrededor de esa vivienda se instalaron más habitantes, dando formación al pueblo.

EL MOLINO: Nombre asociado a un antiguo molino de trigo que operaba en la zona durante la época de la colonización española. Hacia el año 1595, la población fue inicialmente establecida por el encomendero español Pedro Beltrán Valdés. Al poco tiempo, los frailes capuchinos que llegaron a evangelizar la región decidieron bautizar oficialmente al asentamiento como San Lucas del Molino.

MANAURE: En la época de la conquista existió un líder indígena muy influyente de la tribu Caquetío en Venezuela. Este cacique, llamado Manaure, inicialmente colaboró con los evangelizadores y conquistadores, pero más tarde se enfrentó a los españoles en defensa de su pueblo, siendo finalmente asesinado por el ejército del general Pablo Morillo en 1821. De este líder indígena deriva el nombre de este municipio.

Urumita y la calaguala.

URUMITA: El término deriva del nombre del Cacique Uruma, un líder indígena, perteneciente a la etnia Chimila, quien gobernaba y dominaba esos territorios antes de la llegada de los colonizadores españoles. Con el tiempo, el vocablo original evolucionó o se transformó en el diminutivo afectuoso de Urumita para identificar al caserío y posterior población que se asentó en sus antiguos dominios.

Cesar

AGUACHICA: Historiadores locales señalan que el nombre proviene de las características de la zona, la cual, históricamente, ha contado con la presencia de múltiples nacederos de agua de flujo moderado. Debido a que estos pozos o brotes no formaban grandes ríos caudalosos sino corrientes pequeñas o “chicas”, se le empezó a denominar de esa manera.

Becerril, carbonero.

BECERRIL: El nombre de este pueblo surge cuando los colonizadores concibieron establecer en aquel territorio un gran hato ganadero para la colonia española, y su fundador, Bartolomé Becerra, optó por denominarlo con el nombre de Becerril de Campos el cual evocaba de manera toponímica a una localidad de Palencia, España.

CHIMICHAGUA: Era el nombre del cacique chimila que gobernaba y defendía esta zona lacustre a la llegada de los colonizadores. Cuando el mariscal de campo José Fernando de Mier y Guerra refundó formalmente la población en 1748, la bautizó como Nuestra Señora de la Purísima Concepción de Chimichagua, manteniendo el nombre del líder indígena en su honor.

CHIRIRIGUANÁ: Proviene de la comunidad indígena Chiriguaná, grupo étnico que formaba parte de los pueblos originarios (como los Chimilas o los Tupes) que habitaban las extensas sábanas del departamento del Cesar antes de la llegada de los colonizadores españoles. Cuando los conquistadores exploraron la zona por primera vez en la década de 1530, registraron el territorio con el nombre de los nativos que allí residían.

Tamalameque y su Llorona loca.

PAILITAS: El agua de las quebradas y arroyos locales, con su fuerza y el paso del tiempo, fue esculpiendo y desgastando las piedras del río hasta formar pequeños pozos o fosas naturales con formas de pailas, a lo cual llamaron “El pozo de pailas”. Al asentamiento que creció a su alrededor se le terminó llamando cariñosamente en diminutivo: Pailitas.

TAMALAMEQUE: Nombre que rinde homenaje al Cacique Tamalameque, líder supremo de la nación Chimila, etnia que gobernaba ese territorio antes de la llegada de los españoles. Al consolidarse el dominio español el pueblo conservó el nombre del cacique, bautizándolo originalmente de forma oficial bajo el santoral católico como “San Miguel de las Palomas de Tamalameque”.

Magdalena

Aracataca, premio Nobel.

ARACATACA: Origen prehispánico que proviene de la lengua de la etnia indígena Chimila, los nativos que poblaban originalmente este territorio. El significado del término se compone de la unión de dos raíces lingüísticas: Ara, que se traduce como “Agua clara”, y Cataca, que hace referencia al nombre del cacique que gobernaba la tribu de esa zona. Por lo tanto, el significado etimológico de Aracataca se entiende colectivamente como “El agua clara del Cacique Cataca”.

PEDRAZA: El significado exacto de este toponímico tiene dos hipótesis históricas. La primera sugiere que correspondía al apellido del propietario de los predios donde se asentó la población. La segunda se inclina por un origen geográfico, derivado de las características rocosas o pedregosas del montículo o terreno elevado sobre el cual se levantaron los primeros asentamientos a orillas del río Magdalena.

Pijiño y su arbol.

PIJIÑO DEL CARMEN: El término “Pijiño” proviene de un árbol muy común en la región, del cual los lugareños elaboraban cucharas de palo. La segunda parte de ese nombre se adoptó por una leyenda local, según la cual de las aguas de la Ciénaga de Pijiño emergió una tabla flotando en la cual se encontraba reflejada la imagen de la Virgen del Carmen, entonces la comunidad la adoptó como la santa patrona de la población, modificando el nombre del territorio a Pijiño del Carmen.

PINTO: El primer nombre, “Los Pintaos”, que recibió el sitio se debió a que los españoles, al transitar y comerciar por la zona, eran atacados por indígenas de la etnia Chimila, quienes acostumbraban a llevar el rostro pintado. En 1750, el Maestro de Campo José Fernando de Mier y Guerra refundó la población y la bautizó como Santa Bárbara de Pinto, combinando la advocación religiosa con el antiguo topónimo de la región.

Pivijay y sus árboles.

PIVIJAY: Su origen proviene del árbol de pivijay, una especie de copa frondosa que abundaba en la zona, especialmente a orillas del Caño Ciego (o Shiller). Los registros históricos dicen que sus fundadores llegaron a este territorio liderando a 120 familias procedentes de la Villa del Rosario de Guáimaro huyendo de las constantes e intensas inundaciones causadas por el río Magdalena, y al establecerse en el lugar, se toparon con una inmensa cantidad de árboles de pivijay, lo que sirvió de referencia para bautizar el asentamiento.

PLATO: Debido a que la fundación coincidió con la festividad católica de la Inmaculada Concepción de la Virgen María, la población fue bautizada originalmente con un nombre religioso y señorial: “Villa Concepción de la Plata”. Con el paso del tiempo y debido al uso cotidiano de sus habitantes y navegantes del río Magdalena, el nombre largo colonial se fue simplificando. La comunidad comenzó a resumir el nombre, pasando de referirse a la “Villa de la Plata” a llamarlo simplemente en un término masculino: Plato.

ZAPAYÁN: Origen indígena que rinde homenaje al cacique Zapayán, quien, de acuerdo con la tradición histórica y la memoria oral de la región, fue el gobernante de una próspera comunidad que habitaba las riberas de la gran ciénaga antes de la llegada de los colonizadores españoles.

Atlántico

Baranoa, sabor a chicharrón.

BARANOA: La explicación más común y tradicional entre la población sostiene que el nombre proviene del Cacique Baranoa, líder de la tribu indígena Mokaná que gobernaba estas tierras a la llegada de los colonizadores españoles en el año 1543. Según esta línea histórica, los conquistadores adoptaron el nombre del jefe nativo para designar al territorio. El vocablo “baranoa” en la lengua indígena de los Mokaná (lengua arawak) significa “lugar de tejidos”.

GALAPA: Este nombre se le atribuye al Cacique Galapa, líder de la etnia Mokaná, el pueblo indígena que habitaba e imponía su dominio sobre los territorios que se extendían desde el asentamiento original hasta la desembocadura del Río Magdalena antes de la llegada de los colonizadores españoles en 1533. De acuerdo con las investigaciones y monografías históricas del municipio, el vocablo indígena de su nombre se traduce tradicionalmente como “Agua sobre la arena”.

Luruaco, sabor a arepa de huevo.

LURUACO: Este nombre tiene un origen indígena y se deriva del Cacique Uruaco, quien lideraba a la tribu de los indios caribes que habitaban originalmente este territorio antes de la llegada de los españoles. Inicialmente, el territorio era un caserío indígena conocido simplemente como El Uruaco, en honor a su gobernante tradicional, tras el avistamiento del territorio por los colonizadores en el siglo XVI, fue en esta época cuando la fonética española fue transformando el nombre de Uruaco a Luruaco.

MALAMBO: La explicación más difundida por los historiadores locales, dice que cuando los conquistadores españoles llegaron a la zona en 1531, se encontraron con el asentamiento indígena más importante de la región, perteneciente a la etnia Mokaná. Este caserío estaba gobernado por un líder conocido como el Cacique Malambo o Malam, en cuyo honor se bautizó ese territorio.

Piojó: lo más alto del Atlántico.

PIOJÓ: Proviene del nombre del Cacique Pión, líder de la etnia indígena Mokaná, habitantes originales que poblaban este territorio montañoso antes de la llegada de los colonizadores españoles. El término rinde homenaje a la resistencia de este cacique, quien se enfrentó a los conquistadores. Con el paso del tiempo, el nombre original Pión fue evolucionando fonéticamente debido a la transición del dialecto indígena al castellano hablado en la región caribeña, consolidándose finalmente como Piojó.

PONEDERA: El origen y significado de este nombre tiene una raíz completamente natural ligada a la fauna de la región, ya que la dinámica del ecosistema local impuso el apelativo con el que hoy se le conoce. El nombre hace referencia al acto de desovar o “poner” huevos por parte de diversas especies animales. Durante las épocas de sequía, el caudal del Río Magdalena disminuía y dejaba al descubierto extensas playas fluviales, a las cuales concurrían masivamente especies nativas como iguanas, tortugas e hicoteas para poner, enterrar y empollar sus huevos.

Repelón, despensa agrícola.

REPELÓN: Debido a la construcción del Canal del Dique a partir de 1650, la región comenzó a sufrir graves inundaciones periódicas provocadas por las crecidas del Río Magdalena. Hacia el año 1848, los pobladores se vieron obligados a abandonar el antiguo pueblo inundado para buscar tierras más altas y seguras donde establecerse y continuar con sus cultivos. Al llegar a los nuevos terrenos, cada familia tomaba, limpiaba y acondicionaba una porción de tierra para levantar su vivienda y sembrar. En el argot popular y las costumbres de la época, a esta acción de tomar un pequeño lote o pedazo de tierra para el sustento propio se le denominaba hacer un “repelón” o quedarse con un “repelo” de tierra.

Usiacurí es Julio Flórez.

TUBARÁ: Origen profundamente indígena que en lengua arawak significa “Mirando hacia el mar”. Proviene de la evolución de la palabra indígena “ztupará”, debido a la imponente ubicación geográfica del municipio sobre una zona elevada. Sus antiguos pobladores, nativos de la etnia Mokaná, contaban con una vista panorámica privilegiada que apuntaba directamente hacia el Mar Caribe.

USIACURÍ: Este nombre proviene de la combinación de raíces indígenas mokaná y vocablos de la época colonial. El significado de su nombre se compone de la unión de dos términos principales: Usía (o Ushia), palabra derivada del castellano antiguo que significa “Señoría”, y Curí (o Kurí), nombre del cacique indígena de la etnia Mokaná que gobernaba y habitaba estas tierras antes de la llegada de los colonizadores españoles.

Continuará