Nuevo aporte de Adaulfo Manjarrés-Mejía, con un texto mediante el cual recrea una verdad de a puño: el vallenato no está en peligro de extinción mientras haya quien lo escriba.

El Festival Francisco el Hombre no
solo premia talento… honra legado

Por Adaulfo Manjarrés Mejía
En Riohacha, ese pedacito de tierra donde el viento trae ecos de acordeones viejos y sueños nuevos, el Festival Francisco el Hombre ha dejado de ser solo una competencia de talentos emergentes. Se ha convertido en una celebración integral del alma vallenata, un escenario donde el futuro del folclor se entrelaza con la poesía de sus orígenes.
Más allá de los ya esperados concursos de agrupaciones, los nuevos sonidos y las puestas en escena de alto vuelo que han cautivado al público año tras año, esta edición del festival vuelve la mirada, con respeto y emoción, a los compositores, esos verdaderos poetas de la canción, los juglares modernos que siguen bordando emociones en cada estrofa y que, con tinta de alma, continúan transmitiendo el verdadero sentir de nuestro folclor.

Y es que no se puede hablar de vallenato sin hablar de quienes lo escriben con el corazón y lo cantan con la entraña. El festival ha entendido que rendir homenaje a sus compositores es también rendir homenaje a La Guajira misma: a su nostalgia, su resistencia, su alegría y su historia.
Este año, el festival no solo nos regalará las acostumbradas competencias de agrupaciones y nuevas propuestas sonoras, sino que rendirá homenaje a quienes han tejido las canciones que hoy todos coreamos, incluso sin saber quién las escribió. El viernes 27 y el domingo 29 de junio, el escenario se llenará de raíz, de verso y de verdad con la presencia de seis grandes de la composición vallenata, Aurelio Núñez, Deimer Marín, Marciano Martínez, Rosendo Romero, Roberto Calderón y Rafael Manjarrez.
Y para que el público sepa con qué se va a emocionar, aquí va una probadita del repertorio que podría sonar y estremecer esos días: ‘Hasta el final de la vida’ y ‘Te dedico mis triunfos’, de Aurelio ‘Yeyo’ Núñez; ‘Triste y confundido’ y ‘Decidí cambiar, de Deimer Marín; ‘Las mieles del triunfo’ y ‘Amarte más no pude’, de Marciano Martínez; ‘Mi poema’ y ‘Fantasía’, de Rosendo Romero; ‘Señora’ y ‘Benditos versos’, de Rafael Manjarrez, y ‘Me quito el nombre’ y ‘Esta es mi historia´, de Roberto Calderón.

Y aquí va el recordatorio con cariño para los jóvenes intérpretes y para los que los escuchan, la mayoría de los covers que hoy suenan en redes, en fiestas y en plataformas digitales, tienen nombre y apellido detrás. Son canciones que ya fueron grabadas, sentidas y lloradas por generaciones anteriores, y que nacieron de la pluma de estos compositores que ahora el festival celebra. Así que antes de subir el próximo video a TikTok, vale la pena saber a quién le estás rindiendo tributo sin saberlo.
Este homenaje no es solo un acto simbólico, es una declaración de principios. El Festival Francisco el Hombre reconoce que sin compositores no hay canción, y sin canción no hay identidad. Y en tiempos donde lo efímero reina, volver a las raíces es un acto de amor porque cuando un compositor guajiro se para frente a un micrófono, no solo interpreta versos, invoca memorias, reconstruye pueblos, hace justicia al alma y en cada canción, reafirma que el vallenato no está en peligro de extinción mientras haya quien lo escriba con verdad.

