Escalona renace en cantos, Santa Marta se piensa en tertulia, y Kepa, otro grande, parte entre aplausos silentes. Tres memorias vivas nos cruzan el alma. ¡Nojoda, qué país el nuestro!

¡NOJODA!
DESDE EL AUDITORIO ‘LA CACICA’
El maestro Rafael Escalona Martínez:
el hombre que cuenta lo que somos

Textos por Evo Matrix
Seguimos brindando con tinto humeante, como si el café tuviera el poder de invocar la memoria.
Allá, en la tierra donde nacen los cantos como nacen los ríos, Valledupar volvió a abrirle el alma a su más inmortal cronista: el maestro Rafael Escalona Martínez. Ese cuentista nacido el 26 de mayo de 1927 que volvió a caminar entre los suyos, esta vez en la forma de un canto, una anécdota, un verso cantado por otros, pero escrito con su tinta, que es ya parte del ADN vallenato.

El auditorio Consuelo Araujo Noguera —‘La cacica’—, corazón palpitante de la Biblioteca Rafael Carrillo Lúquez, fue testigo del conversatorio cantado ‘La influencia de Escalona en el Vallenato Romántico’, que más que charla fue conjuro, más que homenaje fue un ritual de invocación.
En el auditorio ‘La cacica’ —como el respetable terminará llamándolo—, se dieron cita las voces que conocen la médula del folclor: Gustavo Gutiérrez Cabello, Santander Durán Escalona, Rita Fernández Padilla, Alberto “Beto” Murgas y, como si fueran juglares de una casta secreta, Los Hermanos Carrillo, agrupación guajira que aún defiende el vallenato sin cosméticos.

Hablar de Escalona no es hablar de un simple compositor, sino de un hombre que supo contar la vida con la hondura de un poeta y la picardía de un amigo de plaza. Fue un contador de lo nuestro: lo mágico, lo triste, lo sabroso. No necesitó inventar mundos paralelos; le bastó con mirar el suyo con ojos encendidos. “Sin él, el vallenato no sería lo mismo. Fue nuestro guía”, dijo Gustavo Gutiérrez con voz lenta, como quien aún conversa con el fantasma de un viejo camarada.
Y es que Escalona no era solo un músico, sino una especie de notario lírico del Caribe. Lo dijo claro Rita Fernández Padilla, también compositora: “Compositores no son todos. Hay que tener alma. Escalona la tenía”. Sus canciones tienen eso: alma. No son meros relatos, son piezas vivas que aún duelen, aún seducen, aún se cantan en patios de tierra y en tarimas de teatro.
Para Santander Durán Escalona sobrino del maestro —y quien cantó en dúo con su hermana Stella—, su tío fue “el primer gran símbolo de la identidad vallenata”, y es que antes de que el vallenato fuera género de exportación, ya Escalona lo había convertido en patrimonio espiritual del Caribe colombiano. Beto Murgas lo llamó “líder cultural”, figura crucial en un tiempo en que el folclor necesitaba ser validado, mirado con respeto, sacado de la esquina del desprecio criollo.
Y qué mejor validación que su obra, eterna e insobornable. ‘El testamento’, ‘La casa en el aire’, ‘La vieja Sara’. ¿Quién no las ha oído? ¿Quién no ha sentido que esas canciones fueron escritas para uno, aunque nunca haya estado en Patillal ni haya conocido a la vieja Sara? Lo decía Escalona sin miedo: “Yo no canto, yo cuento”. Por eso su voz fue muchas: la del enamorado sin suerte, la del compadre borracho, la del hijo nostálgico, la del amigo fiel.
En la jornada de este lunes 26 de amyo, entre recuerdos y notas de acordeón, también se habló de su cercanía con Jaime Molina y Carlos Vives. El primero, su cómplice bohemio, pintor y amigo de travesías; el segundo, el actor-cantante que lo llevó a la televisión y lo presentó al mundo como lo que era: el gran narrador musical de Colombia.

El cierre del evento fue, como debía ser, con música. ‘Los hermanos Carrillo’ pusieron en escena los cantos que aún hacen llorar a los viejos y bailar a los jóvenes. Santander Durán se unió al tributo, y el bajo-barítono Ernesto Fabio Angulo Quintero, con la imponente reina del Encuentro Vallenato Femenino-Evafe, Maciel Gómez De la Ossa en el acordeón, selló la velada con solemnidad y brío. Fue un cierre a la altura del homenajeado: sin estridencias, pero con alma.
Pero la fecha no solo recordó a Escalona. Porque también nació un 26 de mayo Diomedes Díaz, ‘El cacique de La Junta’, cuya tumba en el cementerio Jardines del Ecce Homo fue punto de encuentro, entre cantos, versos, flores y una que otra botella compartida, para sus seguidores. Valledupar, que no olvida a sus hijos ilustres, hizo lo que sabe hacer: cantar en vez de llorar, recordar en vez de lamentar, celebrar la vida incluso desde la muerte.
Y así, bajo el cielo ardiente de la capital del Cesar, se reafirmó una certeza: mientras se sigan contando historias con acordeón, caja y guacharaca, Escalona no morirá. Porque su vida no fue solo suya, fue nuestra. Porque su testamento no está en un documento notariado, sino en cada vallenato bien contado, en cada parranda donde alguien vuelve a decir: “Déjenme decir mi verso”.
Y el verso, en Valledupar, aún lo dice Rafael Escalona.
EN TERTULIA SAMARIA
Una obra para quienes deseen ahondar en
las relaciones entre autoridades y nativos

Los interesados en la historia de Santa Marta se congregaron, presencial y virtualmente, en torno a la cuarta Tertulia Samaria, cumplida este martes 27 de mayo.
Durante casi una hora, sin interrupciones, la profesora María Mendoza Manotas desmenuzó —versatilidad en lo que exponía: retentiva, memoria, locuacidad— el contenido del libro Santa Marta en el siglo XVIII- Parte segunda. Tertulia Samaria. Tomo II, una compilación del sociólogo, historiador y escritor Caribe Edgar Rey Sinning.
Santa Marta en el siglo XVIII- Parte segunda: “Una mirada documentada y detallada sobre la historia de Santa Marta”, la cual explora aspectos fundamentales del desarrollo de la capital del Magdalena durante el siglo de las luces o ‘Ilustración’, “clave en el desarrollo del mundo moderno”. Una obra dispuesta —entre la diversidad de temas que aborda— “para quienes deseen ahondar en las relaciones entre autoridades y nativos”, como concluyó la conferencista.
Al lado de MMM, Rey Sinning, quien al final invitó a la celebración de los diez años de la Tertulia Samaria el próximo 24 de junio, cuando, allí en la Unidad Integral de Servicios Centro Histórico de Cajamag, calle 15 # 1C-40 de Santa Marta, se hará un brindis con tinto, y evocó aquel lluvioso 24 de junio de 2015 y la presencia de 35 asistentes que escucharon al especializado en la historia del Gran Caribe Antonino Vidal Ortega. Se inauguró La Tertulia para luego institucionalizarse: ya lleva 10 años.
Rey Sinning también invitó al conversatorio sobre su obra Historia del Carnaval de Santa Marta-Fugaz esplendor de una fiesta aristocrática y popular —el libro que presentó en la reciente FILBo—, acto que tendrá lugar en la librería ‘Café de Pombo’, carrera 2 #23 – 12 de la samaria, con llamado especial a quienes hayan leído la obra, en aras de sacar adelante un interesante debate, con sabor a carnestolendas.
Luto por Kepa Amuchástegui: otro
grande que parte hacia la Eternidad

El telón cayó anoche para siempre. Kepa Amuchástegui, actor bogotano de trayectoria luminosa en teatro y televisión, falleció el 27 de mayo a las 11:11 p. m., según informó su familia a través de su cuenta oficial de Instagram.
Fue actor, libretista y director y, además, fundador del teatro La Mama, una expresión artística de la cual era furibnudo enamorado.
La despedida de Kepa fue descrita por su familia como serena y llena de paz, un adiós digno del hombre que dedicó su vida a habitar los escenarios con hondura y elegancia. Kepa no solo interpretó personajes: los encarnó con una entrega que marcó generaciones de espectadores y colegas.
La velación se realizará este miércoles 28 de mayo, en La Candelaria Sala de Velaciones. Los detalles del homenaje póstumo aún están por confirmarse.
Kepa: ¡otro grande que parte hacia la Eternidad!, pero nos deja su voz profunda, su mirada sabia, y una estela de arte que sigue viva en la memoria colectiva.

