Valledupar despierta temprano la magia navideña con el “Once Upon a Christmas Parade”: luces, comparsas y fantasía que La Sierra International School regalará a la ciudad este 28 de noviembre.

Valledupar, donde la Navidad
—gracias a Christmas Parade—
se despierta antes de tiempo

Por Evo Matrix
En Valledupar, la Navidad parece llegar antes, como si al bajar por la carrera Novena uno pudiera escuchar los pasos furtivos de un duende o el aleteo tenue de un ángel despistado.
Y sucede que este jueves 13 de noviembre, mientras el sol se rehusaba a morir, la ciudad de los Santos Reyes recibió una bocanada de diciembre anticipado: La Sierra International School abrió sus puertas para revelar, en rueda de prensa, un adelanto de lo que será su ya emblemático Christmas Parade.
A esa hora mágica en que Valledupar es un suspiro cálido y la Sierra Nevada parece un gigante dormido, el colegio convocó a periodistas, para detallar apenas una migaja —una adelgazada hebra de luz— del espectáculo que se desplegará el viernes 28 de noviembre próximo.

“Es un regalo que año tras año los estudiantes le hacen a la comunidad vallenata”, dijo la directora de la institución Laura Horbal, con esa serenidad que solo tienen quienes cargan sobre sus hombros la certeza de algo hermoso. “Por eso, cada vez es más el público que asiste para apreciar a los bailarines que danzan al compás de cada baile que representan. Los niños irán bailando con atuendos iluminados y alusivos a la navidad, cuya creación está en manos de diseñadores vallenatos, permitiendo además la dinamización de la economía y la generación de empleos”.
Y tiene razón: el “Once Upon a Christmas Parade” no será un simple desfile. Será un acto de fe, un ritual de comunidad, una celebración donde los niños y jóvenes encarnan el espíritu de la Navidad con más convicción que cualquier villancico.
En el interior del colegio, 600 estudiantes —que parecen 600 corazones latiendo al mismo compás— vienen ensayando desde hace meses coreografías que recorren mundos imaginarios: desde la fantasía medieval hasta la ternura franciscana del pesebre. Son muchachos que han aprendido a bailar no solo con los pies, sino con la mirada. Porque en esta escuela, las comparsas se sienten más vivas que los propios árboles de Navidad que comienzan a inundar la ciudad cuando noviembre empieza a bostezar.

Cada año, el desfile tiene un hilo conductor, un hechizo que lo enmarca. Este 2025 la palabra mágica es una que todos conocemos desde la infancia: “Érase una vez”. Ese portón literario que abría los libros que nos leían cuando apenas entendíamos el mundo. Con ese conjuro se activan las comparsas: princesas sin coronas rígidas, reyes con pasos de baile afilados, hadas que no necesitan alas porque les basta la sonrisa para flotar. Superhéroes, duendes, ángeles y personajes clásicos de Navidad —Papá Noel, el pesebre, la estrella que guía, los niños pastores— conviven sin jerarquías en un universo que solo la imaginación de niñas, niños y aolescentes pueden sostener sin que se desmorone.
Los vestuarios son una explosión contenida de texturas, capas que se ondulan como ríos, y las carrozas —un detalle que honra a la institución— están hechas con materiales reciclables. Nada de icopor. Nada de basura eterna. Solo creatividad, elementos vueltos a utilizar, transformados en castillos, lámparas y portales mágicos. Cada año se rediseñan, se reinventan, porque celebrar la Navidad es también un compromiso con el planeta.
Y es que este evento no solo enciende emociones: mueve la economía local. Los coreógrafos afinan sueños, los modistas trabajan jornadas extensas para vestir la ilusión, los restaurantes bordean la ruta de la carrera novena esperando a las dos mil almas que este año —según estimaciones del colegio— asistirán entre público y participantes. El 28, será un Valle de Upar respirando cultura desde su ADN, desde ese deseo innato de convertir cualquier espacio en fiesta.
El recorrido —un tramo vital del sector comercial de la capital del Cesar— se convertirá en una cinta de colores, música y fantasía. Estudiantes, docentes y padres ajustan los últimos detalles como quien pule una joya que ha tardado meses en tallarse. En cada ensayo, los estudiantes de La Sierra International School afinan la cadencia de sus pasos y los jóvenes pulen los gestos que representarán historias que conocen desde el regazo: cuentos que alguna vez los durmieron, tradiciones que los despertaron a la magia.

Este año, mientras el calor de fines de noviembre se desliza por las paredes como un gato manso, todo está listo para que Valledupar viva, el día 28 del mes once, su propio cuento navideño. Un cuento donde el arte se mezcla con la inocencia y la espontaneidad, donde los estudiantes —esos narradores en movimiento— contarán sin palabras un relato tejido con luz.
Once Upon a Christmas Parade no será simplemente el inicio anticipado de la Navidad vallenata, será la prueba de que aún existen lugares donde la magia se preserva, donde el “érase una vez” no pertenece al pasado, sino al ahora.
Y aunque nadie lo diga en voz alta, todos lo sentimos: este desfile movido por La Sierra International School, es un recordatorio de que, en medio del ruido del mundo, siempre habrá un niño —aunque adolescente— bailando para que la esperanza no se nos muera.

