Son clamores

Son clamores

Desde la devoción dolida de Alfonso Noguera Aarón hasta los versos libres de José Orellano, dos miradas convergen: ¡Santa Mártir! y Desesperanza se llama ese color, son clamores del alma.

Imagen de portada: Esta esquina poética es un rincón para sentir, leer y compartir un poema con reflexión de Alfonso Noguera Aarón y solo versos, con algunas precisiones, del director de El Muelle Caribe.

POEMA

Del libro:
Canto del mar
Autor:
Alfonso Noguera Aarón
Creación:
Octubre de 2003

¡Ay, mi madre patria Santa Marta!
bello idilio que Dios me dio por cuna,
nido tibio de sublimes añoranzas,
hoy en lágrimas te canto mi amargura;
¡Santa Marta, mártir eres de los siglos!
y si ayer fueron los piratas, bucaneros,
grande pena son tus mismos hijos,
tus depredadores y cínicos raponeros;
¡Santa Marta, mártir eres de tus hijos!
y del intruso impío que te esquilma,
es tu regazo materno convertido
en una pocilga de cloacas y letrinas.

¡Oh, Santa Marta, mi patria idolatrada!
dulce madre entre montes y los mares,
de vívida floresta en nieves coronada,
hoy solo eres un despojo del ultraje;
esclava carbonera con grillos de canallas,
desgarrada entre carroñeros y rapaces;
carcoma malherida de babillas y pirañas,
lapidada por fuegos de pérfidos, malvados;
corroída por jauría de hienas, ratas, alimañas,
guarida de abyectos, espurios y lacayos,
hordas de parias en tu quebranto se recalan,
lar de irredentos, cretinos y de enanos!

¡Santa Marta, mártir eres de tus hijos!
truhanes, tahúres barajadores de ignominias,
relamidos buitres de recatos investidos,
sátiros campeones del saqueo y la mentira;
¡Ay, Santa Marta, adolorida patria mía!
entre perrunas rebatiñas disputada,
mártir eres de los entecos que no miran
mas allá de la vil piltrafa…
¡Que ante Dios, sin remedio se degrada!.

Reflexiones: Si, esta es mi tierra natal, la patria que quizás elegí antes de nacer para evolucionar en mi periplo terrenal, y gracias te doy, Dios mío, por tanta belleza y el amor de los míos y de mi gente. Pero también me diste el discernimiento para ventilar el bien y el mal y decidir mis preferencias y mis desengaños. Por la historia he comprendido que mi Santa Marta desde el mismo momento en que fue colonizada por los españoles, ha sufrido toda clase de saqueos, crímenes y mentiras que la han postrado en la inopia y el marasmo público, por causa de esas almas livianas que solo velan por sus mezquinos intereses personales. Ladrones y fuleros que solo ante Dios serán juzgados, porque impunemente han derrochado la riqueza extraída y el poder usurpado durante siglos.

Si, ahi siguen los mismos piratas y carroñeros enquistados en los sagrados recintos de mi patria, disfrazados de honorables y de honrados, cuando en verdad desangran, delinquen y mienten a tutiplén, como si Dios no existiera ni les viera el alma carcomida por sus mismas abyecciones rastreras de ambición y egoísmo. Tan solo han cambiado de nombres y de advenedizas alcurnias que se turnan en el tiempo y se disputan los retobos del erario público y de los bienes comunes, en elecciones siempre espúreas y truculentas, en ferias de latrocinios y contubernios plasmados en tu historia.

!Ay, mi madre patria Santa Marta, mártir eres de los siglos…!

Por José Orellano

Precisión: Lo que garrapateo no son poemas, no… Son solo hileras de versos, una sarta de líneas y más líneas, sin apego a las normas académicas de la poética: tanto la dramática como la lírica, la épica o la bucólica, ¡qué se yo…! Lo mío —sí, lo mío—, son versos, solo versos… Y lo asumo, ahí sí: son versos libres, solo versos…

El sol no le brilla.
Tirado sobre gélido césped,
deja vagar pensamientos:
sobre los pliegues artificiosos de su alma,
cae pertinaz llovizna de gotas de desesperanza…

El ulular de una sirena
quebranta su reflexivo silencio:
imaginaba cosas,
les ponia alas,
creaba instantes,
quizá mundos nuevos,
lo hacía con ansias…

Asume plena consciencia:
¡se acerca una ambulancia!

Se levanta,
cual minucia ante el mundo entero:
ve llegar la unidad de socorro
y envuelto en sábanas blancas,
se hace su pasajero:
pensando en el Morro
—sabrá Dios por qué diablos—
¡sale a su encuentro con La Parca!

Bogotá D. C., diciembre de 2022.