En esta edición, ÁREA ROSA celebra a las mujeres colombianas que hacen historia, mientras ‘Apuntes del director’ pone a Junior frente al reto de Nacional con James Rodríguez. “Todo bien”.

Otros momentos de
la mujer colombiana

Hay momentos que no necesitan demasiadas explicaciones. Se sienten. Se celebran. Se guardan en la memoria. Y este fin de semana Colombia tuvo varios de esos momentos en los que las mujeres volvieron a decir, con hechos y sin pedir permiso, que también están escribiendo páginas importantes de la historia nacional.
Las peladas de la Selección Colombia Femenina Sub-20 acaban de regalarnos uno de ellos. En Polonia, en la Copa Mundial Femenina Sub-20 de la FIFA 2026, consiguieron la medalla de bronce después de empatar 1-1 con Italia y ganar la definición desde el punto penal por 4-3. Es la primera vez que una Selección Colombia Femenina Sub-20 sube al podio mundialista y supera el cuarto lugar alcanzado en 2010.

Y allí aparece un nombre que ya merece lugar propio en la memoria futbolera colombiana: Luisa Agudelo.
La arquera fue figura. Aguantó el partido, respondió cuando Italia apretó y, llegada la hora de los nervios, se convirtió en esa mujer que uno quisiera tener al lado cuando las cosas se ponen difíciles. En la tanda definitiva, Agudelo detuvo dos cobros italianos y Colombia aseguró el bronce.
Pero ojo: no fue solamente Luisa.
Fue el grupo. Fueron las muchachas de Carlos Paniagua. Fue la capacidad de levantarse después de recibir un golpe, empatar y sostenerse hasta los penales. Fue también una demostración de carácter femenino, de esas que no necesitan discursos grandilocuentes porque se explican solas sobre la cancha.
Y mientras las peladas nos ponían a brincar de alegría, otra mujer colombiana recibía una responsabilidad de enorme tamaño: Beatriz Eugenia Vélez Vengoechea, designada nueva presidenta de Colpensiones.
Dos escenarios diferentes. Una misma circunstancia: mujeres ocupando espacios donde se toman decisiones, se asumen responsabilidades y se responde ante millones de colombianos.

Vélez llega a Colpensiones con una amplia experiencia profesional y directiva y una formación relacionada con la Seguridad Social y el Derecho Laboral. Su llegada ocurre después de la salida de Carlos René Montoya Muñoz, quien dejó la dirección tras la solicitud de renuncia hecha por el presidente Abelardo De la Espriella.
Ahora le corresponde enfrentar una agenda nada pequeña: proteger los recursos de los afiliados, garantizar el pago oportuno de las pensiones, mejorar la atención a quienes han trabajado toda una vida y revisar la gestión de la entidad. El presidente también le pidió denunciar ante las autoridades las eventuales irregularidades que encuentre.
Y aquí aparece otra voz femenina para subrayar el momento. La ministra de Trabajo, Natalia López, destacó el liderazgo de las mujeres en el sector trabajo y planteó como misión común la protección de los pensionados, el cuidado de sus recursos y la lucha contra la corrupción.

Me gusta detenerme en esa coincidencia.
Porque durante demasiado tiempo se habló de la mujer colombiana como si su presencia en los grandes escenarios fuera una excepción, una conquista extraordinaria o una especie de permiso concedido por otros.
Ya no.
Las muchachas de la Sub-20 no llegaron a pedir permiso para entrar al podio: jugaron, resistieron y ganaron. Luisa Agudelo no pidió permiso para ponerse los guantes y convertirse en protagonista de una tarde mundialista. Y Beatriz Vélez no llega a Colpensiones para ocupar simplemente una silla: llega a administrar una entidad fundamental para la vida de millones de colombianos.
Son momentos distintos, sí. Pero tienen algo en común: mujeres colombianas haciendo su tarea, asumiendo responsabilidades y dejando huella.
Y entonces, ¿qué quieren que les diga? Que aquí hay material para celebrar, pero también para pensar.
Porque las historias de estas mujeres son distintas. Unas juegan fútbol y acaban de subir al podio mundial; otra recibe la responsabilidad de conducir una institución que administra el futuro pensional de millones de colombianos. No están haciendo lo mismo, pero sí están demostrando algo parecido: que la capacidad no tiene género.

Las peladas de Paniagua ya dejaron una medalla de bronce y una página para la historia. Luisa Agudelo puso las manos donde había que ponerlas y, en la hora brava, respondió como responden las grandes arqueras: con carácter, concentración y coraje.
Y ahora Beatriz Vélez recibe las llaves de Colpensiones. Allí la celebración tiene que dar paso al trabajo: administrar bien, cuidar los recursos de los afiliados, garantizar respuestas y asumir una responsabilidad que no admite improvisaciones.
Ahí está, precisamente, la gracia de estos otros momentos de la mujer colombiana: unas nos hacen gritar un gol; otra tendrá que responder por decisiones que afectan la vida de millones. En ambos casos, toca reconocer el espacio ganado y esperar resultados.
Así que, señores, vayan haciendo espacio.
Porque las mujeres colombianas no están llegando apenas a la fiesta. Ya están en la cancha, están en el podio, están dirigiendo instituciones y están asumiendo responsabilidades de esas que pesan.
Y desde este rinconcito de ÁREA ROSA, una lo dice sin tanta solemnidad, con alegría caribeña y un poquito de malicia: ¡ojo, que las mujeres vienen jugando en serio!
Y cuando una mujer colombiana se propone algo, mi llave… mejor déjenla jugar.

