Historia con fervor

Historia con fervor

En el marco de los 500 años de fundada Santa Marta, dos jornadas culturales revelaron las múltiples almas de la ciudad: historia, espiritualidad, memoria indígena y modernidad dialogaron con fervor.

Imagen de portada: El anfitrión Edgar Rey Sinning y una parte de los invitados —indígenas serranos— durante una de las charlas del reconocido historiador moderno.

Santa Marta celebra su alma: diálogos
sobre memoria, espiritualidad y territorio

Por Evo Matrix

Santa Marta, ciudad de mestizajes, herencias cruzadas y siglos de historia, comienza a sentir el pulso vibrante de sus 500 años, con reflexiones profundas sobre su identidad.

Durante los días jueves 17 y viernes 18 de julio, en tres escenarios simbólicos —la librería Macondo, la Librería-Libros Santa Marta y el centro comercial Buenavista— se llevaron a cabo diálogos intensos que convocaron la memoria colectiva, la espiritualidad, la interculturalidad y las raíces de la ciudad más antigua de Colombia.

Bajo el título ‘Santa Marta: sus espacios de celebración de lo profano y lo religioso’, el sociólogo magdalenense y doctor en Historia de América Latina Edgar Rey Sinning, ofreció una disertación apasionada sobre los escenarios fundacionales que han tejido el espíritu festivo y ceremonial de la capital del Magdalena.

Edgar Rey Sinning y un grupo de asistentes a sus tertulias.

El evento, desarrollado en Macondo Librería & Café-Librería-Libros Santa Marta, reveló cómo las plazas e iglesias de la ciudad fueron, desde la Colonia, epicentros tanto de lo sagrado como de lo mundano o lo profano.

“Traté de demostrar cómo Santa Marta —al igual que muchas ciudades del mundo— ha tenido, históricamente, unos espacios asociados justamente a las iglesias o a las catedrales: plazas que se convirtieron en el espacio apropiado para la celebración religiosa, la celebración militar inclusive, pero también para el disfrute, para lo profano”, dice el también investigador, docente, columnista y escritor.

Rey Sinning —autor del libro de carácter histórico del momento en el Caribe: Historia del Carnaval de Santa Marta – Fugaz esplendor de una fiesta aristocrática y popular—, sostuvo que la Plaza Mayor, después Plaza de la Constitución y hoy Parque Bolívar; la plaza San Francisco de la iglesia del mismo nombre, y la Catedral Basílica Menor, han sido los grandes escenarios del alma samaria. En ellos, se entrelazaban las ceremonias religiosas, los actos militares, las festividades populares e incluso corridas de toros organizadas para un solo día a modo de corralejas. Eventos que convocaban tanto al poder como al pueblo. “Estos espacios fueron testigos de exaltaciones reales, de sepelios simbólico de los monarcas y del duelo oficial impuesto por la Corona Española”, relató Rey Sinning, describiendo con detalles cómo la ciudad se vestía de luto por orden real y los samarios debían rendir honores y pésames a las figuras del trono como como Felipe V, Carlos III, Carlos IV, Fernando VI, etc.

Antes de llamarse parque de Bolívar, el sitio era denomindo Plaza Mayor y, después, Plaza de la Constitución. Escenario de celebraciones tanto de lo profano como de lo religioso.

“Se hacía el sepelio y en torno a ellos, el gobernador y las autoridades decretaban 3 o 4 días de duelo: la gente vestía de negro, las élites visitaban al gobernador o a la familia del gobernador y le daban el pésame por la muerte de un rey o del hijo del rey. Cuando sucedían esos momentos de exaltación se desfilaba con el pendón real por las principales calles de la ciudad. Una obligación que había que cumplir por esa orden impartida por la corona española”, agrega Rey Sinning.

Más allá de la arquitectura y la historia oficial, la conversación exploró la transformación de estos espacios como escenario de una cultura en constante reinvención. Los relatos compartidos mostraron a Santa Marta como un cuerpo vivo, donde las manifestaciones populares siempre han tensionado las fronteras entre el rito católico, lo religioso, y la celebración popular.

La jornada del viernes llevó la conversación a otro plano: el del diálogo intercultural. En el centro comercial Buenavista, el evento, a modo de ‘Memoria histórica’, reunió a Rey Sinning con Ángel Torres, arhuaco y profesional en negocios internacionales de la Universidad del Magdalena. En un escenario moderno, símbolo del consumo contemporáneo, se produjo una conversación profundamente simbólica sobre los sentidos del tiempo, la memoria y el territorio.

Allí se abordaron visiones contrapuestas y, a la vez, complementarias: la mirada académica de un historiador moderno y la cosmovisión de los pueblos originarios de la Sierra Nevada. Torres compartió la percepción que los pueblos indígenas tienen sobre los 500 años de fundación de Santa Marta, una historia que para ellos no comenzó en 1525, sino mucho antes, en la conexión sagrada con la Madre Tierra.

José, del pueblo Kogi, en ‘Amorigen’, en diversos sitios comerciales de Bogotá, entre ellos el CC Santafe. Imagen tomada de: https://www.valoraanalitik.com/

El público escuchó con atención cómo, pese a los embates de la modernidad, los “hermanos mayores” —como se autodenominan los pueblos Arhuaco, Kogi, Wiway y Kankuamo— han sabido adaptarse a los nuevos entornos sin renunciar a su identidad. Un ejemplo elocuente se vive en Bogotá, en el Centro Comercial Santafé —y en otros sitios comerciales de la capital del país—: los pueblos indígenas, hay representación Wayuu, administran ‘Amorigen’, una tienda o cafetería moderna donde, con presencialidad de la vestimenta ancestral, se expenden infusiones, repostería y opciones saladas de la cocina ancestral y café cultivado en la Sierra, licor y chocolatinas de cacao, piezas de arte y panela —todo simbolizando el territorio de los mama—, bajo principios de respeto a la naturaleza y la salud.

Rey, entrevistado.

Este gesto —que a primera vista puede parecer una contradicción— revela, en cambio, una potente estrategia de reapropiación cultural. “Estar en un centro comercial no significa perder la esencia, sino sembrarla en otros espacios”, dice José, de la etnia Kogi, amigo de El Muelle Caribe y uno de los integrantes del grupo que administra el negocio aborigen: la Sierra Nevada en el altiplano bogotano. Esta referencia debe resonar con fuerza lejos del Buenavista samario, recordando que la historia también se cuenta desde los márgenes, desde quienes han resistido silenciosamente durante siglos.

Así, entre la historia oficial y la memoria viva, entre las plazas coloniales y los corredores comerciales, Santa Marta dinamiza la carrera en su recta final hacia el festejo oficial del medio milenio de existencia —se cumple el viernes 29 de julio— con una conversación abierta y necesaria. Una conversación que no sólo honra el pasado de ‘La perla de América’, sino que abraza la diversidad de voces que hoy la habitan y la sueñan.