Una evocación periodística rescata la sorprendente premonición de Rafael Escalona sobre Abelardo De la Espriella, mientras El Muelle Caribe comparte las reacciones, elogios, críticas y debates que despiertan sus publicaciones.

A modo de presentación

Por José Orellano
Me escribe Álvaro Barceló Thomas y —enviándome un link— me dice que “Me pareció interesante el articulo por la actualidad política y la premonición de Escalona con respecto a Abelardo. Mira la posibilidad —si puedes— de publicarlo en tu página.
Era el martes 21 de julio de 2026.
—Gracias… trataré de hacerle una adaptación —le contesté—. Es de El Pilón. Pero bien.
Cliqué el link https://elpilon.com.co/general/conferencia-de-escalona-y-versos-para-abelardo-de-la-espriella-en-paris-2001 y leí al poeta José Atuesta Mindiola: “Conferencia de Escalona y versos para Abelardo de la Espriella en París (2001)”, se titula su artículo.
Decidimos, entonces, no correr —El Muelle Caribe no es noticioso, no es inmediatez— y desarrollar, con su avena y su pitillo, la adaptación prometida.
HACE 25 AÑOS
¡Cuando Escalona le vaticinó
el destino al Presidente electo!

Por Evo Matrix
Hay episodios que el tiempo guarda como simples anécdotas hasta que la historia decide despertarlos.
Eso ocurrió con unos versos improvisados por Rafael Escalona en una noche de verano parisina, hace veinticinco años. Entonces fueron recibidos como una travesura poética del compositor más universal del vallenato. Hoy, tras la elección de Abelardo De la Espriella como presidente de Colombia, aquellas estrofas adquieren una resonancia que inevitablemente invita a volver sobre ellas.

La historia ha sido rescatada por el intelectual vallenato José Atuesta Mindiola en un artículo publicado el 19 de julio de 2026 en El Pilón, reconstruido a partir de testimonios de quienes integraron la delegación artística colombiana que viajó a Francia en julio de 2001.
Aquella visita tenía un propósito cultural de enorme significado. Rafael Escalona ofrecía en París la conferencia musical “Gabriel García Márquez, Escalona y el vallenato”, acompañado por Iván Villazón, el rey vallenato Saúl Lallemand y un grupo de destacados músicos, invitados por la representación diplomática colombiana en Francia. Era la primera vez que el vallenato ocupaba un escenario de semejante relevancia en la capital francesa.
Terminada la conferencia, la delegación hizo lo que mejor sabe hacer el Caribe cuando viaja: convertir cualquier esquina en una parranda.
Los Campos Elíseos fueron testigos de aquella celebración espontánea. Cerca del Arco del Triunfo, entre acordeones, guitarras y algunos tragos de Old Parr, surgió uno de esos momentos que solo la tradición oral consigue preservar.
El joven abogado Abelardo De la Espriella —entonces gerente de la editora musical Valdupari Music— compartía la velada con los artistas cuando Escalona pidió que interpretaran suavemente la melodía de “La casa en el aire”.
Entonces comenzó a cantar. Y no improvisaba únicamente una serenata. Parecía escribir un destino.

Abelardo De La Espriella,
quiero que tengas presente,
brillarás como una estrella
en tu patria para siempre.
Más adelante llegaron otros versos aún más sorprendentes:
Tú serás el dirigente
de macondiana nación,
gobernando pa’tu gente
con justicia y con razón.
Y cerró con una bendición que hoy estremece por su carga simbólica:
Si yo no lo alcanzo a ver,
Abelardo desde el cielo
bendiciones por doquier
y sea Dios guiando tus sueños.

Escalona había de fallecer siete años después. Y así, el maestro nacido en Patillal nunca podría comprobar si aquella inspiración de parranda terminaría convirtiéndose en realidad.
Pero el episodio adquiere una dimensión aún mayor cuando se recuerda el contexto en que nació.
Horas antes de aquella parranda, el compositor había pronunciado en el Barrio Latino de París uno de los discursos más memorables sobre la identidad cultural colombiana.
Lejos de cualquier solemnidad académica, comenzó confesando sentirse intimidado por hablar ante europeos desde su sencillo lenguaje vallenato.

“No sé cómo hacerme entender”, decía, mientras reivindicaba el valor universal de una cultura nacida entre el mar Caribe, los ríos, los valles y la Sierra Nevada.
Con el humor que siempre lo caracterizó, culpó en broma a los europeos por no hablar español y recordó las dificultades que también enfrentó Gabriel García Márquez cuando escribía en París rodeado de idiomas extraños.
“… la culpa no es mía, yo creo que más bien es de ustedes los europeos, de los franceses, de los ingleses o de quienes aquí sólo hablen su lenguaje nativo alemán o italiano, suizo, ruso, inglés u otro idioma viviendo tan cerca de España…”, dijo Escalona y así se lee en la reproducción literal de su discurso hecho por la revista Caribe “Panorama cultural”, otro soporte para la presente adaptación.
Desde su charla, Escalona condujo al auditorio hacia una reflexión mucho más profunda.
Explicó que el vallenato era, en realidad —verdd irrebatible—, el encuentro de tres mundos: la guacharaca indígena, la caja africana y el acordeón europeo.
Tres voces distintas que terminaron contando una misma historia colombiana.

Escalona también evocó su amistad con Gabriel García Márquez, recordando cómo ambos comenzaron siendo muchachos que intentaban comprender el Caribe y convertirlo en literatura o en canción, con pinceladas de literatura.
Mientras uno escribía novelas, el otro componía historias cantadas. Ambos, decía, hablaban del mismo Macondo.
El compositor incluso leyó un antiguo texto del propio García Márquez en el que el Nobel reconocía el enorme aporte literario de Escalona al vallenato tradicional, destacando que había logrado incorporar sensibilidad narrativa sin desvirtuar la autenticidad popular del género.
Vista desde el presente, aquella jornada parisina parece reunir dos legados:
Por un lado, la defensa apasionada de una identidad cultural capaz de dialogar con el mundo.
Por el otro, una escena íntima en la que el más grande compositor del vallenato dejó flotando unos versos que hoy muchos leen como una intuición extraordinaria: una premonición.
No hay manera de saber si Escalona creyó realmente en aquella profecía o simplemente jugaba con la imaginación poética que siempre acompañó sus parrandas.

Lo cierto es que la historia terminó encargándose de devolverle actualidad.
Porque un cuarto de siglo después, el joven abogado que escuchó aquellos versos bajo el cielo de París terminó llegando a la Presidencia de la República. De la cual tomará posesión, donde fuere, el próximo 7 de agosto.
Y entonces la vieja serenata dejó de parecer únicamente una inspiración de madrugada para convertirse en una de esas historias donde la realidad termina caminando al mismo ritmo de la poesía, como si Macondo hubiera decidido escribir, una vez más, un inesperado capítulo de la historia colombiana.
Soportes para una adaptación: https://elpilon.com.co/general/conferencia-de-escalona-y-versos-para-abelardo-de-la-espriella-en-paris-2001 y https://panoramacultural.com.co/musica-y-folclor/2490/gabriel-garcia-marquez-escalona-y-el-vallenato-asi-sucedio

MENSAJES: No dejan de llegar
No dejan de llegar mensajes… Algunos con argumentos; otros —uno solito—, con descalificaciones… Así son las redes sociales: un escenario donde conviven la crítica razonada y el insulto… Ambas expresiones, mientras respeten la ley, forman parte del derecho a opinar… Así se abuse de tal derecho.

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Oscar Camilo Serpa Reyes: Mi estimado periodista: ante todo, agradecerte por tu sincera y acuciosa mirada conceptual a mis asonancias poéticas. Sé que no fueron por adornar un ágape de poetas en mutuo elogio bajo efectos de la mandrágora*.
Por conocer tu forma y manera de decir lo que piensas, me sorprenden los hallazgos definidos en tus escritos, no sabía de ellos. No pensé que aguantaras el interés de mantenerte y aún en el cansancio de tu sueño proseguir en su lectura de unas asonancias llena de historias de mis padres, bien “larguísimas”, como bien lo expresas, que lograron cautivar tu atención aún en tu vigilia. Esperaba un ladrillazo, pero recibe un maná y eso ya es suficiente. Si eso lo logré contigo, espero 🙏 que igual ocurra en los potenciales lectores de futuro.
*En literatura, mandrágora suele simbolizar el hechizo, el delirio, la embriaguez de la imaginación o un estado de exaltación.


