Viajar, saborear

Viajar, saborear

Turismo: viajar, saborear, rencontrarse. Entre la Semana de Receso y el arte de las tapas mexicanas, Evo Matrix retrata un país que mueve su espíritu por aeropuertos y paisajes compartidos.

Imagen de portada: Ilustraciones para el contenido de ‘Turísticas con estilo’, en el estilo de Evo Matrix-El Muelle Caribe, con estiba libre.

Cada octubre, el país se sacude del tedio escolar y, con la alegría de miles de niños, se llena de movimiento.

El décimo mes de año despunta con la Semana de Receso, ese paréntesis en el calendario que —definido por Álvaro Uribe durante su mandato de ocho años— nació para oxigenar a los estudiantes y terminó convirtiéndose en una de las temporadas más vitales para el turismo nacional.

No es solo un descanso académico, sino un respiro colectivo, una puesta en marcha de motores familiares, un país que se pliega en mapas y carreteras.

Del 4 al 16 de octubre —según proyecciones de la Asociación Colombiana de Agencias de Viajes y Turismo-Anato, más de 777 mil viajeros circularán entre entradas y salidas del país. La cifra representa un crecimiento del 6% frente al mismo periodo de 2024, lo que significa que la industria turística sigue respirando un aire de recuperación y entusiasmo.

Los principales aeropuertos —El Dorado de Bogotá, José María Córdova de Medellín y Rafael Núñez de Cartagena— se convierten en auténticos termómetros de movilidad. En sus salas, las familias cargan mochilas, ilusiones y selfies en espera. Los anuncios de vuelo se confunden con el aroma del tinto y los niños, liberados por una semana, gritan que la vida sabe mejor cuando no hay clases.

El morral escolsar se cambia por el morral de viajera.

La presidenta ejecutiva de Anato Paula Cortés Calle lo resume con precisión gremial y emoción humana: “Esperamos una mayor demanda tanto en destinos nacionales como internacionales. Las agencias de viajes han venido preparando su oferta para responder a las nuevas necesidades de las familias colombianas”. En otras palabras: el turismo ya no se mide solo en reservas, sino en experiencias.

En el mapa del deseo, los destinos nacionales mantienen su brillo. Cartagena, Santa Marta y San Andrés se reparten el reinado del sol y el mar; el Eje Cafetero ofrece su paisaje de neblina, guadua y aroma tostado; Medellín y Bogotá proponen cultura, gastronomía y conciertos. Son rutas distintas de un mismo impulso: el de reencontrarse con lo propio.

En el otro extremo, el sueño internacional: Estados Unidos, España, México, Panamá, República Dominicana y Ecuador son las coordenadas del despegue exterior. Pero también llegan visitantes desde esos mismos países, cerrando el círculo virtuoso de una Colombia que, poco a poco, deja de ser solo exportadora de viajeros para consolidarse como destino receptor.

Paula Cortés Calle.

El turismo, motor silencioso de la economía, se reactiva con fuerza en esta semana que vale por dos. Las agencias venden, los hoteles llenan, las carreteras hierven, los aeropuertos laten. Y en cada trayecto hay una historia mínima: la familia que viaja por primera vez a San Andrés, la pareja que regresa al pueblo donde se enamoró, el joven que busca aire en la montaña antes del cierre del año.

Quizá la magia de la Semana de Receso esté en eso, en su poder de mover no solo cuerpos, sino emociones. De recordarnos que viajar, incluso dentro del propio país, es una forma de volver a mirarlo con ojos nuevos.

Y mientras el calendario avanza, Colombia —entre maletas y paisajes— confirma su condición de territorio viajero.

El arte de las tapas: los deliciosos
bocados que cuentan historias

Son las tapas.

En Querétaro-México, donde el vino se mezcla con el aire de los pueblos mágicos y las cocinas huelen a herencia mestiza, se bajó el telón del Tercer Concurso Nacional de Pinchos y Tapas México y del Segundo Concurso de Tapas de las Américas. Fue más que una clausura: una fiesta de sabores en miniatura, de esas donde cada bocado es un relato condensado.

Las tapas —herencia hispánica transformada por las manos latinoamericanas— son un lenguaje universal. En ellas caben el ingenio del chef, la memoria del fogón y el diálogo entre culturas. No se trata solo de porciones pequeñas, sino de mundos servidos en un solo plato. Y Querétaro, con su creciente prestigio gastronómico, se convirtió en el punto de encuentro de esas historias comestibles.

La secretaria de Turismo, Adriana Vega Vázquez Mellado, encabezó la ceremonia final, subrayando que estos concursos no solo exaltan el talento culinario, sino también el alma turística del estado. “Al sentarnos a la mesa —dijo— compartimos historias, sueños y futuro”.

El escenario vibró con nombres y aplausos. En el podio continental: el uruguayo Juan Carlos Brant, tercero; el estadounidense Pedro José Calvo, segundo; y la canadiense Erica Karbelnik, gran ganadora, quienes viajarán a Valladolid, España, para representar a América en el Mundial de Tapas.

Los ganadores viajarán a Valladolid, España, para representar a América en el Mundial de Tapas.

Por México, el oro nacional fue para Caleb Ventura, del Café París (Hidalgo), seguido por Juan Manuel Galván, de La Doña (San Miguel de Allende), y Miguel Ángel Calderón, de Italik (Tulum). Ventura llevará el sabor mexicano —ese que mezcla picor y ternura— al mismo certamen mundial.

Querétaro consolida así su lugar en el mapa gastronómico. Cada tapa servida en sus mesas turísticas es también una postal del país: un guiño al pasado indígena, un toque español y una chispa de modernidad.

Porque en el arte de las tapas, lo pequeño no es insignificante: es el tamaño justo del placer.

Un pais en movimiento se
sacude el polvo de las aulas

Ha llegado octubre y Colombia se sacude el polvo de las aulas. La Semana de Receso escolar —ese respiro que mezcla familia, carretera y maletas con prisa— vuelve a prender motores en todo el país. Entre el 4 y el 16 de octubre, se calcula que unos 777 mil viajeros moverán la brújula del turismo nacional e internacional.

Hacia los Estados Unidos apuntan muchas de las maletas de viajeros colombianos en Semana de Receso.

Los aeropuertos, que ya huelen a mezcla de café y ansiedad, serán testigos del desfile aéreo: El Dorado de Bogotá concentrará el 61% del flujo; José María Córdova, en Medellín, un 17%; y Rafael Núñez, en Cartagena, un 7%. El país se alista para un movimiento 6% mayor al del año pasado, lo que confirma que el turismo colombiano respira optimismo.

“Esperamos una mayor demanda tanto en destinos nacionales como internacionales”, señaló Paula Cortés Calle, quien destacó el papel de las agencias de viajes que han adaptado sus ofertas a los nuevos deseos de las familias. Porque ahora los viajeros no solo buscan escapar: buscan vivir.

Los destinos de salida más frecuentes ya suenan en las pantallas: Estados Unidos, España, México, Panamá, República Dominicana y Ecuador, mientras que los extranjeros llegarán desde EE. UU., México, Ecuador, Perú y Chile. Un ir y venir de culturas que nutre el corazón de la industria turística.

Dentro del país, las brújulas apuntan hacia Cartagena, Santa Marta, San Andrés, el Eje Cafetero, Medellín y Bogotá. Sol, playa, naturaleza, cultura y bienestar: los cinco sabores del viaje colombiano.

El reto, como recordó Cortés Calle, es sostener la conectividad y diversificar la experiencia. Porque viajar —al final— no es solo desplazarse, sino reconocerse en otro paisaje.
Y la Semana de Receso, más que un descanso, es un ensayo del país que queremos ser: activo, diverso y en permanente movimiento.