Del filósofo Alonso Ramírez-Campo, llamado urgente a repensar la educación, resistir el dominio tecnológico del capital y rearmar utopías: municiones pedagógicas para salvaguardar la crítica, lo bello y lo posible.

Municiones pedagógicas
con el gatillo de la utopía
Alonso Ramírez Campo

La lechuza de Minerva ya no alza el vuelo al atardecer, ahora tenemos al águila tempranera, que no es lucida, pero es sagaz, no avizora nuevos territorios, pero nos aconseja ser parcos y eficientes, no ama el discurso y las formas, pero nos pide ser realistas y exitosos. Es la hora del triunfo de la acción instrumental, del trabajo, de la producción económica, del rendimiento, de la eficacia. Elegimos el reinado de las cosas a la soberanía del deseo; el consumismo a la libertad; el trabajo a la creación; el éxito a la gratificación; la ganancia al disfrute, la posesión a la lucidez; el rendimiento al ocio creativo; lo útil a lo lúdico; lo productivo a lo bello; la economía al arte; lo positivo a lo negativo; creer a pensar; hacer a soñar; la ganancia a la vida; lo seguro a lo incierto; lo útil al goce.

No existe una horma común para las utopías: estas son variadas y disímiles, complejas y simples. Algunas tienen una extraordinaria fortuna, dejan una estela de lucidez, de realizaciones: la utopía de la libertad política que emprendieron los burgueses que se iniciaban a comienzos de la modernidad-capitalista, la utopía de educación para todos. También existen utopías que se han abierto paso secretamente y han alcanzado un grado notable de realización: la del juego infantil como aprendizaje de la vida industrial y la liberación de las pasiones, ambas de Fourier, otras han sido poco comprendidas como la humanización del super hombre de Nietzsche.
Ahora aparece el ambientalismo como una utopía de emergencia, de cara a la inminencia de la extinción de la vida planetaria a causa de un modelo económico depredador contra la naturaleza y el hombre mismo disparado por el gatillo del capital que prefiere que se acabe el mundo y no el capitalismo. Todas las revoluciones a la que hemos asistido en la historia de la humanidad son eslabones concatenados que produjeron distintos paradigmas; la revolución industrial por ejemplo no hubiera sido posible sin los viajes exploratorios alrededor del mundo que hicieron los navegantes de las potencias europeas XV al XVIII y sin la revolución científica de los siglos XVI al XVIII.

Como bien afirma Diana Uribe “La última revolución que hemos vivido, y seguimos viviendo, es la digital. Sus dinámicas y logros, como las de sus predecesoras, tampoco son nuevas: forman parte de un largo proceso en el cual se entretejen las transformaciones de las revoluciones que hemos visto”(1) .
En cierto modo, las revoluciones son continuación de ordenes que otras revoluciones inauguraron, pero también son rompimiento de muchas estructuras que determinan las formas de organizarnos en sociedad.
A diferencia de otras revoluciones, la digital no es exclusivamente política, es ante todo cultural, y para rastrear sus orígenes habría que visibilizar el hilo que da con su origen. La mencionada autora afirma: “Comienza con nuestra primera revolución, la Neolítica. Recordemos que las matemáticas fueron el principio de la escritura, una herramienta para procesar información en sociedades que se hacían cada vez mas complejas y numerosas debido a la explosión demográfica que implicó la agricultura. El computador no es sino la herramienta que permitió asumir los retos de la siguiente gran explosión demográfica de la humanidad producto de la Revolución Industrial. A su vez, los ejes de la tecnología son la matemática, pues los computadores se basan en códigos binarios y la química, ya que el principio detrás de los procesadores y chips son las reacciones químicas. Es decir, esta revolución es parte del proceso que se inicio con la Revolución de las Matemáticas y un desarrollo tecnológico basado en el lenguaje científico que creo la revolución del mismo nombre; es también inseparable del mundo que surgió de la Revolución Industrial: solo en sociedades masificadas se vuelve fundamental procesar cantidades descomunales de información”.(2)

En este sentido, la Revolución Digital es un proceso de siglos, puesto que seguimos en el mundo de la matemática y de la química, y es también revolucionario —para bien o para mal, según el caso—, porque rompió las dinámicas de entender y organizar la vida en la sociedad actual. De todas maneras, la Revolución Digital está transformando las sociedades y la vida cotidiana de cada persona.
Para comprender la magnitud de este cambio volvamos a Diana Uribe quien hace una descripción detallada del sistema anterior, que apareció con la Revolución Industrial. “Hay varias estructuras fundamentales que aparecieron con la Revolución Industrial: las instituciones, las empresas y la administración como la conocemos, y los medios de comunicación para las sociedades de masas producto de la urbanización.

Por un lado, el tiempo de la humanidad se empezó a definir a partir del establecido por las fábricas que, junto con el ferrocarril, inauguración la necesidad de estandarizar la vida humana alrededor de estas nuevas invenciones… Es a partir de los horarios de trenes como el reloj se vuelve un elemento indispensable para las sociedades modernas y como el tiempo del mundo se unifica, ya no de acuerdo con los ciclos del sol, sino con el meridiano de Greenwich. Las nuevas instituciones de los incipientes Estado-nación articularon el resto de actividades, como la escuela, las oficinas, las empresas y las instituciones públicas, en torno a los horarios de las fábricas, y las demás empresas emularon su división del trabajo”.(3)
Desde entonces, lo que se instauró en las sociedades modernas fue el tiempo para correr a trabajar, y el día se dividió entre la jornada laboral y el tiempo del descanso para recobrar fuerza y volver a lo mismo: gastarse 8 horas en el mejor de los casos laborando, cruzando ciudades en diagonal en medios de transporte de ida y venida al sitio de trabajo que duran horas para ganarse el mínimo con carita feliz como lo demanda cierta literatura de auto ayuda que nos aconseja que querer es poder. ¡Tan lindos!
Todos estos cambios surgieron paulatinamente, se introdujeron en la vida de las personas aparentemente para siempre y colocaron en el centro gravitacional el trabajo, una dimensión creada por el capitalismo.

Y la escuela se hizo necesaria para organizar la tropa de reserva. Nació a la sombra de las fábricas, con la organización y el tiempo de la jornada fabril, con sus rituales de uniformidad y disciplina al punto de creer que es la única manera de organización para su quehacer pedagógico, sin darse cuenta que este orden de la Revolución Industrial fue creado hace apenas dos siglos y hoy está agrietándose.
Aunque este sistema aún se mantiene, se tambalea y poco a poco esta siendo dinamitado por la Revolución Digital, que ya no se limita a inventar computadores, sino a la creación de redes que permitieron la invención de la Word wide web.
La red ha creado un mundo virtual donde por primera vez tenemos un acceso a un volumen de información que no podríamos abarcar en una vida entera. Hoy una persona de cualquier parte del mundo con el solo hecho de leer un periódico entero de manera virtual, logra toda la información que tuvo una persona del siglo XVII en toda su vida.
“Hoy la red ha tenido un impacto similar al que en su momento tuvo la imprenta, ya que masificó el acceso al conocimiento, puso en jaque a las instituciones que se encargaban de difundir y mantener la tradición escrita, como los escribas, y transformó los hábitos de las personas de manera paulatina”. (4).
De cara a esta realidad, la escuela titubea, da señales de vida de cuando en vez, como el ahogao al que se le ve solo el sombrero, encerrándose cada vez más entre sus estrechos muros, metiendo la cabeza en la arena como el avestruz para ausentarse de la realidad.
Es cierto que uno cuando percibe amenazas de un enemigo al que no conoce muy bien para combatirlo, mejor se encierra para saber su estrategia y para construir las municiones y organizar la tropa, pero encerrarse solo para resistir la caída es un error.

Hoy leer, escribir, conversar —como afirma Francisco Albarello— pasa por el ecosistema de pantallas que configura una cultura transmedia donde más allá del texto físico y lineal estilo cartesiano que adoraba nuestra generación, no son del gusto de unos alumnos que viven en una especie de zaping conectándose y desconectándose a toda hora del audífono al celular.
Conciliar estos dos estilos es fundamental para los sistemas educativos. A nuestro enemigo hay que volverlo nuestro amigo, nuestro aliado. Si dejamos suelta la tecnología para que se apodere de la totalidad de la vida cotidiana, seremos zombis al servicio del capital.
Al tiempo, tenemos otro reto descomunal que amenaza con llevarnos a la extinción planetaria y que de alguna manera le incumbe al sistema educativo y al sistema escolar, aunque sus principales responsables hacen parte de la elite mundial del capital y consiste en ayudar a generar una revolución que está por hacerse antes que sea demasiado tarde: La Revolución Ambiental.
Las utopías han muerto, no sabemos por cuanto tiempo, pero pueden renacer en cualquier momento. Mientras la esperamos, lo más pertinente es crear las municiones y organizar la tropa para alzar el vuelo.
Referencias
1. Diana Uribe. Revolución Digital.pag,371.
2.Idem .373.
3.Idem.374
4.Idem. pag,375
Créditos por imágenes y fotografías: https://mx.pinterest.com/ – https://mx.pinterest.com/ – https://www.hpsconsultores.com/la-revolucion-digital/ – https://www.radionacional.co/ – https://ffyl.uncuyo.edu.ar/

